El presidente del Centro Internacional de Arbitraje de Madrid (CIAM) y del Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR), José María Alonso, defiende con rotundidad la capacidad de España para convertirse en un centro de arbitraje internacional competitivo, tanto bajo el sistema de derecho continental como el anglosajón.
Para Alonso, la capital española reúne todas las condiciones necesarias para atraer arbitrajes internacionales, independientemente del derecho aplicable. «Las partes pueden determinar cuál es el derecho aplicable a su controversia y por tanto pueden determinar que como ‘common law’ sean las normas jurídicas que se apliquen», explica el jurista, uno de los árbitros españoles más internacionales y reconocidos, quién recuerda que el «common law» tiene una posición muy relevante en áreas como los seguros marítimos y las finanzas.
Y subraya con todo convencimiento: «Podemos hacer arbitrajes en ‘common law’ y ‘civil law’ muy eficaces».
La propuesta de valor de Madrid trasciende lo puramente jurídico. Un punto de vista con el que coincide Josep Gálvez, «barrister» en Londres, abogado español y árbitro internacional, con el que Alonso mantuvo ayer una reunión para intercambiar puntos de vista y opiniones.
Gálvez considera que la apuesta de CIAM-CIAR es «no solamente valiente, sino que se enmarca en lo que es la actualidad y en las vanguardias de otras instituciones» como las de Singapur, Hong Kong o Londres.
Alonso pone el foco en las ventajas logísticas y económicas: «Cuando el arbitraje se habla de costes se piensa solo en lo que cuestan los abogados o lo que cuesta a los árbitros, pero la gente tiene que viajar, tiene que comer en restaurantes, tiene que hacer transportes».
En este sentido, destaca que Madrid, sede central de CIAM-CIAR, es «la ciudad con mayores conexiones con América de Europa con diferencia».
Esta institución iberoamericana resuelve conflictos entre empresas, estados y entidades mediante el arbitraje internacional, la mejor alternativa a los tribunales ordinarios, en español, portugués, inglés y francés.
Rompiendo estereotipos en el arbitraje internacional
El presidente de CIAM-CIAR critica abiertamente la tendencia automática de recurrir a plazas tradicionalmente dominantes como Londres o Nueva York. «Tenemos que salir de todos los estereotipos: ‘tengo un arbitraje, ¿Me tengo que ir necesariamente a Londres o a Nueva York?’. Pues no, señor. No tiene usted que hacerlo. Tiene Madrid», afirma con contundencia.
Su argumento se basa en la flexibilidad inherente del arbitraje: «El arbitraje se puede hacer a la carta. Cada uno se hace ‘el traje’ como le da la gana. En derecho civil, en ‘common law’, en ‘civil law’, en el marco legal que las partes decidan y en el lenguaje y en la ciudad que escojan. CIAM-CIAR puede adaptarse a ello con toda facilidad».
Esta filosofía permite, según Alonso, que una empresa española que firma con una compañía norteamericana pueda aceptar la aplicación del derecho de Nueva York, pero llevar el arbitraje en Madrid, ya sea en español o en inglés.
La calidad de los profesionales iberoamericanos
Uno de los mensajes más firmes del jurista se dirige a combatir el complejo de inferioridad respecto a los profesionales anglosajones. «Tenemos que romper ese complejo de que los anglosajones son mejores abogados o árbitros que nosotros. No es verdad«, sentencia Alonso, quien respalda esta afirmación con su experiencia de «casi 50 años de ejercicio profesional» en firmas y arbitrajes de primer nivel.
El presidente de CIAM-CIAR critica especialmente la mentalidad cerrada de algunos sistemas legales: «Ellos son muy cerrados en su sistema. No parece que exista el resto del mundo. Los demás parece que tenemos que aprender lo suyo y ellos no».
Sin embargo, reconoce la dificultad de encontrar abogados anglosajones verdaderamente versados en ambos sistemas: «Abogados de ‘civil law’ que sepan ‘common law’ hay muy, muy pocos. Nosotros tenemos profesionales del nivel internacional más alto».
El respaldo internacional: la visión de Josep Gálvez
Gálvez, por su parte, destaca la importancia estratégica de ofrecer servicios «más allá de su propio derecho interno» para ser competitivos con «las instituciones punteras».
Su análisis refuerza la idea de que el idioma español representa un activo fundamental: «El español no solamente es un activo, sino que también reconduce a una situación que es de partes que conocen perfectamente, utilizan perfectamente la lengua española, que puede utilizar un derecho como el ‘common law'».
El «barrister» español subraya la necesidad de «romper esos esquemas de que la ‘common law’ tenga que hacerse sobre la base de un derecho inglés exclusivamente y también en lengua inglesa».
A su juicio el arbitraje en español bajo ‘common law’ es perfectamente viable y representa lo que «el mercado está buscando».

Oportunidades en el escenario global
Alonso identifica oportunidades específicas en el creciente flujo de inversiones entre China y América Latina. «China es un importantísimo inversor en América Latina», explica, y esto genera conflictos sobre la elección del derecho aplicable.
En estos casos, Madrid puede presentarse como una «tercera vía»: «¿Quiere usted ‘common law’. Se la ponemos nosotros. Y Madrid como sede de la Corte de Arbitraje».
La ecuación que propone Alonso es simple pero poderosa: «Cuesta la mitad. Sale perfecto». Con casos reales en cartera donde partes europeas e inglesas ya están utilizando ‘common law’ en arbitrajes desarrollados en Madrid, el presidente de CIAM-CIAR presenta una alternativa real y competitiva para el arbitraje internacional.
Esta visión busca posicionar a Madrid no solo como un centro natural para disputas iberoamericanas, sino como una opción viable y ventajosa para cualquier tipo de arbitraje internacional. Y concluye: «Que sea una institución de origen iberoamericano, no implica no tengamos una visión absolutamente global y que nos adaptemos a las necesidades que se requieran y a un precio muy competitivo en relación a los competidores anglosajones».