Es sabido que diciembre es el mes de las crisis: las largas vacaciones de verano suelen ser catalizadores de las crisis latentes, que han quedado soterradas a lo largo del curso. Los despachos especializados tenemos largas listas de peticiones de cita, con la pregunta recurrente que da título a este artículo.
Es el momento en el que surgen la grandes dudas: ¿Qué hago para empezar? ¿Puedo divorciarme si mi pareja no quiere? ¿Qué ocurre con mis hijos, con la vivienda o con el dinero? ¿Necesito un abogado?
Hemos preparado un decálogo de cuestiones que pueden ayudar.
Primer paso: solicitar asesoramiento especializado en Derecho de Familia.
Tomar la decisión de separarse o divorciarse no es sencillo. Sin embargo, una vez que se ha tomado esta decisión en el ámbito personal, iniciar el proceso con la información y el respaldo jurídico adecuados puede marcar una gran diferencia.
Es importante destacar que, en España, el divorcio puede ser solicitado de manera unilateral, lo que significa que no es necesario contar con el consentimiento del otro cónyuge.
Desde la reforma de 2005, no se requiere alegar una causa específica para solicitar el divorcio; por lo tanto, situaciones como la infidelidad o problemas emocionales no son relevantes en términos legales.
La única condición es que deben haber transcurrido al menos tres meses desde la celebración del matrimonio, salvo en casos excepcionales que permitan acortar este plazo por razones urgentes.
A partir de abril de 2024, con la entrada en vigor de la Ley 5/2023 de Eficiencia Procesal, se ha establecido un nuevo requisito previo a la presentación de la demanda: acudir a un mecanismo adecuado de solución de controversias (MASC).
Esto significa que, antes de iniciar un proceso judicial, será necesario demostrar que se ha intentado alcanzar un acuerdo.
En cualquier tipo de procedimiento, ya sea de mutuo acuerdo o contencioso, es obligatorio contar con la asistencia de un abogado y un procurador. En los divorcios de mutuo acuerdo, ambas partes pueden optar por compartir los mismos profesionales, lo que puede ayudar a reducir costos y agilizar los trámites.
Antes de tomar cualquier decisión, es recomendable consultar con un despacho especializado en Derecho de Familia que pueda ofrecer orientación sobre las implicaciones jurídicas, económicas y personales del proceso.
Segundo paso: recopilar y proteger la documentación personal y económica.
Una vez tomada la decisión y solicitado el asesoramiento profesional, resulta fundamental reunir la documentación necesaria para evaluar correctamente el contexto familiar y económico.
Asimismo, conviene proteger nuestra información y documentos confidenciales, especialmente en los casos en los que aún se comparte vivienda. Cambiar contraseñas, hacer copias seguras y evitar la exposición de datos sensibles es esencial.
Entre la documentación que habitualmente se requiere se encuentra el libro de familia, necesario para solicitar certificados de matrimonio y nacimiento; escrituras de propiedad y capitulaciones matrimoniales si las hubiera; declaraciones de IRPF, IVA o Patrimonio de los dos últimos ejercicios; nóminas o justificantes de ingresos; así como documentación relativa a los gastos ordinarios y extraordinarios de los hijos menores.
Es muy útil disponer de extractos bancarios o resúmenes económicos que permitan tener una visión clara de la situación patrimonial y del nivel de vida familiar.
Cuanto más completa y ordenada sea esta información desde el inicio, más eficaz podrá ser la primera reunión y más preciso el planteamiento jurídico inicial.
Tercer paso: valorar el tipo de procedimiento – mutuo acuerdo o contencioso -.
Existen dos vías para iniciar un divorcio o separación: el procedimiento de mutuo acuerdo o el contencioso. Desde un punto de vista técnico y humano, alcanzar un acuerdo siempre será más beneficioso.
Desde mi experiencia, aunque en un primer momento parezca inviable o que estamos renunciando a demasiado, un acuerdo siempre es la mejor solución. Además, es un procedimiento más rápido, menos costoso y mucho menos desgastante emocionalmente, tanto para los adultos como para los menores.
Por ello, uno de los aspectos que suele analizarse en la primera consulta es si se ha intentado dialogar con el otro progenitor, qué puntos están en disputa y si existe margen para una posible negociación.
En caso de que no exista entendimiento, se deberá acudir a la vía contenciosa, para lo cual ya será obligatorio haber cumplido el requisito previo de acudir a un MASC, tal como exige la nueva regulación anteriormente mencionada.
Incluso en los procedimientos contenciosos, el trabajo previo de preparación documental y estratégica resulta clave. Negociar desde una posición informada, conociendo las pretensiones de la otra parte y anticipando las cuestiones centrales del conflicto, permite diseñar una defensa más sólida y eficaz.
En todo caso, cualquier medida que se adopte en relación con los hijos menores, ya sea en el marco de un convenio de mutuo acuerdo o a través de resolución judicial, debe estar presidida por el principio del interés superior del menor, que actúa como eje rector del Derecho de Familia.
Este principio obliga a garantizar la protección, estabilidad y desarrollo integral de los hijos en cualquier decisión que les afecte.
En conclusión, el divorcio no es solo un trámite legal: es un proceso vital que puede marcar tu futuro personal, familiar y económico. Por eso, es fundamental dar cada paso con asesoramiento profesional especializado, serenidad y visión a largo plazo.