Ni el autismo es una enfermedad, ni tiene cura ni las embarazadas corren riesgo por tomar paracetamol en fase de gestación. Así de contundente ha desmentido la Conferencia de Autismo España las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien propuso una serie de medidas para reducir el aumento de la tasa de niños con autismo en su país.
La Administración estadounidense ha sugerido limitar el consumo de paracetamol en mujeres embarazadas argumentado que el medicamento podría estar relacionado con que el feto desarrolle autismo.
Además, Trump –que no es médico ni está doctorado en medicina– instó a los progenitores de hijos con esta condición a que les suministren leucovorina, una forma activa de ácido fólico que se utiliza para tratamientos oncológicos, como supuesto remedio para reducir los síntomas del autismo.
Estas manifestaciones han sacudido el panorama internacional. La Confederación de Autismo España ha calificado como irresponsables y peligrosas estas palabras que alimentan mitos, prejuicios y estereotipos basados en ideas desactualizadas de personas con esta condición neurológica.
Un discurso simplista y sin evidencia científica
«Su discurso simplista reduce el autismo a una enfermedad que necesita cura. Es un retorno a la concepción deficitaria y estigmatizante del autismo como algo que necesita reparación o remedio, cuando desde hace ya muchos años el enfoque es otro totalmente opuesto: las personas autistas necesitan son apoyos y acomodaciones para tener una buena calidad de vida y ejercer sus derechos como ciudadanas», coinciden Damià Martinez-Cardos y María Verde, técnico de Derechos y psicóloga de la organización.
Desde la asociación recuerdan que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a una de cada 100 personas, y no una enfermedad que pueda ser ‘curada’ o ‘prevenida’ con medicamentos: «Estas palabras suponen una vulneración del propio concepto de ‘autismo’. Ya que lo enfoca como una enfermedad cuando realmente no lo es. Además, no hay una cura, eso es una falacia», añade Verde.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha contradicho al presidente: no existen evidencias científicas sobre una posible relación entre el consumo de paracetamol en el periodo del embarazo y el autismo.
«Recomendar o limitar el uso de fármacos de manera generalizada es una práctica negligente», comenta Martínez-Cardos. «Al vincular el uso de un medicamento tan común como el paracetamol con el autismo se genera una carga injusta y un sentimiento de culpa infundado en las madres en particular y en las familias en general», añade el técnico de Derecho
Por ello, muchos expertos han salido al paso de Trump y han tildado sus declaraciones como ‘pseudocientíficas’.
La Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, pisoteado
Desde la asociación escalan la gravedad de las declaraciones y consideran que deterioran la confianza en la comunidad científica y médica al contradecirse con los discursos que se vienen dando desde estas instituciones de forma oficial.
Además, alertan sobre la vulneración grave y múltiple de los derechos fundamentales de las personas con autismo y sus familias. En esta línea también se posicionan desde la organización. «La Convención de la ONU sobre Derechos de las Personas con Discapacidad(CDPD) obliga a los Estados a combatir la estigmatización, mitos o ideas erróneas sobre la discapacidad, recogido en el artículo 8 CDPD, toma de conciencia, y a garantizar el acceso a información verídica y libre de prejuicios»
«Asimismo, de los Artículos 4, 8 y 25 se puede entender que los poderes públicos están obligados a asegurar políticas de salud basadas en la evidencia científica», añade el técnico
Sin embargo, destacan desde la asociación que Estados Unidos nunca llegó a ratificarlo, por lo que carece de fuerza vinculante en el país.
Una llamada a la calma para las familias
Con estas declaraciones, el presidente Trump puede haber generado confusión y desconcierto a las familias con personas con autismo: «Prometerles una ‘cura’ infunde en ellas esperanzas inciertas que incluso pueden llevarles a asumir riesgos como no vacunar a sus hijos o exponerles a intervenciones sin respaldo científico», expone Martínez-Cardos.
Un peligro para la salud mental de familias, quienes se han situado en el foco mediático de la forma que menos deseaban. Desde Autismo España, animan a no caer en falacias: «La ciencia lleva décadas trabajando en beneficio de las personas autistas, investigando en genética, en factores causales, en intervenciones eficaces y en apoyos de calidad. Por eso es importante no dejarse llevar por mensajes engañosos que prometen curas milagrosas sin base científica», aporta Verde.
Unas palabras de Trump que han sido rechazadas con firmeza a lo largo y ancho del globo terráqueo al considerarse ajenas a la realidad del autismo.