Fue inevitable, escuchando a Jorge Valdano y a Santiago Segurola, la evocación de la escena del bar en la película «El secreto de sus ojos», de Juan José Campanella. Cuando el personaje de Pablo Sandoval –interpretado por un magistral Guillermo Francella–, le explica a un «virginal», en lo deportivo, Benjamín Espósito –al que da vida Ricardo Darín–, funcionario recién retirado de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires que investiga un asesinato, lo que es la pasión por el fútbol.
Una pasión que siente el criminal al que está persiguiendo. La clave para llegar a él.
¿Y qué es la pasión?
«La pasión es eso –le dice Sandoval—: no se puede cambiar. Podés cambiar de todo. De mujer, de casa, de familia, de Dios…, pero no podés cambiar de pasión». La escena es histórica.
La pasión —esa fuerza invisible que alimenta tanto al arte como al deporte— fue, precisamente, la gran protagonista de la presentación del nuevo libro de Enrique Arnaldo, magistrado del Tribunal Constitucional, y un apasionado por el deporte, titulado «El deporte en la literatura».
Un volumen que tiende puentes entre la literatura y el juego, entre la reflexión y la emoción.
El acto tuvo lugar en el auditorio de la Fundación Mutua Madrileña, en un ambiente de expectación y lleno absoluto, con buena parte del Tribunal Constitucinal –con su presidente– ocupando butacas, lo mismo que del Tribunal Supremo y las principales personalidades de la judicatura y de la abogacía. Sobre el estrado, flanqueando a Arnaldo, los dos nombres imprescindibles en la cultura deportiva española: Jorge Valdano y Santiago Segurola.
Desde los primeros compases del evento, la pasión se respiraba en cada intervención. David Cebrián, director de Espasa, destacó que el libro de Arnaldo no solo recorre siglos de pensamiento, sino que constituye “una carta de amor al deporte y a la literatura”.
Y no podía haber mejores intérpretes para esa unión que Valdano y Segurola, dos figuras que, desde ámbitos distintos, han contribuido a que el deporte ocupe un lugar legítimo dentro del discurso cultural.
El deporte como espejo de la condición humana
Santiago Segurola, con la lucidez y la serenidad que caracterizan su palabra, abrió el diálogo con una reflexión sobre la mirada intelectual hacia el deporte. Recordó que durante décadas, los escritores y pensadores españoles tendieron a considerar el deporte como una disciplina menor, una forma de entretenimiento sin profundidad estética o moral.
“Siempre me ha sorprendido la gente que dice que el deporte no le interesa”, señaló el periodista. “Dice mucho de un país, de su sociedad, de sus pasiones y de cada uno de nosotros”.
Segurola reivindicó la capacidad del deporte para narrar la condición humana, con todas sus grandezas, debilidades y contradicciones. Habló del fútbol como un territorio donde se condensan las emociones más primarias y las más elevadas, y donde el humor, la belleza y la tragedia conviven en igualdad de condiciones.

En su intervención, celebró el esfuerzo de Arnaldo por rastrear la presencia del deporte en la literatura universal, desde la Grecia clásica hasta nuestros días: “Este libro rescata el deporte como una fuente enorme de fuerza literaria”, afirmó. «Es, también, un ejercicio de erudición».
Con su estilo pausado, el periodista subrayó también la importancia de los autores que, a lo largo de los siglos, han dignificado la mirada sobre el juego. Para Segurola, cada página del libro “muestra que no hay resquicio en el deporte que no merezca la mirada de la literatura”, y que el relato deportivo puede ser tan profundo, poético o revelador como cualquier otro género narrativo.
Valdano: del balón a la palabra
Jorge Valdano, campeón del mundo con Argentina en 1986 y referente del pensamiento futbolístico contemporáneo, aportó una visión complementaria. Con su habitual elegancia verbal, reflexionó sobre su relación con los intelectuales y cómo, durante años, sintió que el fútbol era mirado “con recelo” por el mundo de la cultura.
“Durante muchísimo tiempo vi a los intelectuales casi como enemigos”, confesó. “No sé en qué momento dejaron de saludar al deporte, pero lo cierto es que nos dejaron solos con el problema”.
Valdano relató su propio descubrimiento de la literatura como refugio y como segunda pasión, una pasión que, con el tiempo, se convirtió también en una forma de vida. “Llegué a España hace 50 años y, en mis primeras tardes en Vitoria, la lectura me salvó de la soledad. De la misma manera que de niño perseguía una pelota, empecé a perseguir palabras. Esa búsqueda de belleza, de sentido, es la misma”.

El exfutbolista, exentrenador y comentarista deportivo trazó un paralelismo entre el juego y la escritura, dos territorios que, según él, comparten estructura, tensión y propósito: “Cuando uno juega un partido están todos los elementos que hay en la literatura: hay héroes, hay trama, hay incertidumbre y hay desenlace. La única diferencia es que en el fútbol no hay párrafo que corregir”.
Para Valdano, el fútbol sin la palabra “es muy poca cosa”, porque solo la palabra permite fijar, interpretar y compartir la emoción. Por eso elogió la labor de Enrique Arnaldo, capaz de transformar un ejercicio de erudición en una lectura viva y apasionada: “La inteligencia artificial puede recopilar datos, pero nunca podrá interpretarlos con la sensibilidad y la inteligencia con que lo ha hecho Enrique”, subrayó.
Un puente entre emoción y pensamiento
El propio Enrique Arnaldo, jurista y magistrado del Tribunal Constitucional, agradeció la presencia de los ponentes y explicó que su libro es, ante todo, un viaje por los vínculos entre la emoción del deporte y la profundidad de la literatura.
A través de más de 400 páginas, el autor explora cómo los grandes escritores —de Homero a Galeano, de Platón a Villoro— han encontrado en la competencia, la belleza y el sacrificio deportivo una metáfora de la existencia.
Su obra, publicada por Espasa, se construye como una invitación a perderse en una extensa bibliografía de más de 500 autores, demostrando que el deporte no solo se juega, sino que también se piensa, se narra y se sueña.

Cuando la pasión se convierte en cultura
La presentación concluyó con un tono de complicidad entre los tres protagonistas, que representan diferentes miradas de una misma pasión. Valdano desde la vivencia, Segurola desde la palabra, Arnaldo desde el pensamiento.
Todos coincidieron en que el deporte y la literatura, lejos de ser mundos opuestos, comparten un mismo pulso: el deseo de trascender, de entender al ser humano a través del esfuerzo, la belleza y la emoción.
“Entre jugar al fútbol y escribir hay mucho más en común de lo que parece”, dijo Valdano. Y quizá esa frase resume el espíritu de la obra y de la velada: el deporte como relato, la literatura como juego, y ambos como expresiones de una misma fuerza —la pasión— que da sentido a todo lo demás.