En una sociedad cada vez más abierta a hablar de salud mental, sexualidad o diversidad, sigue habiendo un tema que parece intocable: la insolvencia económica. En España, miles de personas arrastran deudas inasumibles durante años sin buscar soluciones legales como la Ley de la Segunda Oportunidad. ¿El motivo? La vergüenza, el miedo al juicio social y la falsa creencia de que el fracaso financiero es sinónimo de fracaso personal.
En septiembre de 2020 entró en vigor el Texto Refundido de la Ley Concursal, mientras que el 26 de septiembre de 2022 lo hacía la correspondiente reforma. Esta ley es clave para que particulares y empresarios puedan cancelar sus deudas si cumplen con los requisitos establecidos. De hecho, como se puede comprobar en el blog de Bergadà Abogados, muchas personas han podido empezar de cero gracias a esta norma.
Sin embargo, también son muchas -muchísimas- las que, aun cumpliendo con los requisitos, tardan años en dar el paso, el cual cabe recordar que no es una opción, sino una obligación. Asimismo, cabe decir que algunas lo hacen cuando ya han perdido su vivienda, su salud o su estabilidad familiar. Y el común denominador de todas ellas es que dan el paso que deberían de haber dado hacía años cuando ya están totalmente ahogadas por las deudas.
Cuando el silencio es una carga más
En Bergadà Abogados, boutique legal especializada en Derecho concursal y en la Ley de la Segunda Oportunidad, lo vemos cada día. Muchos clientes contactan con nosotros después de haber vivido un largo calvario: años sin poder dormir, esquivando llamadas de las entidades bancarias y las empresas de recobro de deudas, bloqueando números de teléfono, soportando la presión constante de los acreedores y un largo etcétera que convierte sus vidas, y el día a día, en una auténtica pesadilla.
Y todo ello sin hablarlo con nadie. «Ni mi familia lo sabe», “mis amigos tampoco lo saben y no quiero que se enteren” o “tan sólo lo sabe mi pareja” son algunas de las frases que suelen transmitir. Ese es, quizás, uno de los mayores enemigos de quienes están en situación de sobreendeudamiento: el estigma.
Porque sí, aunque parezca mentira, aún hoy en España hay quien asocia la insolvencia con la irresponsabilidad o con haber «vivido por encima de sus posibilidades». Pero desde aquí queremos decirles claro y alto que están muy equivocados.
Todos podemos caer
Una crisis sanitaria como la pandemia, un divorcio conflictivo, un negocio que no despega, una enfermedad inesperada, una adicción… Las razones por las que una persona se ve atrapada en una espiral de deudas suelen tener más que ver con circunstancias externas que con decisiones erróneas.
Muchas de las personas que acuden a Bergadà Abogados habían sido emprendedores valientes, personas que decidieron apostar por un proyecto propio y que inicialmente estaba bien planteado, pero que, por diversos factores, no funcionó.
En países como Estados Unidos o Reino Unido, fracasar en un negocio no sólo no está mal visto, sino que forma parte del aprendizaje. Allí, quienes han cerrado empresas suelen ser más valorados por haber tenido el coraje de intentarlo. En España, sin embargo, el “emprendedor fracasado” sigue siendo estigmatizado, señalado, incluso culpabilizado. Y eso tiene un coste emocional, social y económico. Es más, la culpa pesa, y mucho.
El impacto emocional del endeudamiento es profundo. Hay clientes que nos confiesan que han perdido el apetito, que sufren ataques de ansiedad, que han dejado de salir de casa o que ya no se relacionan con otras personas. Algunos incluso han considerado acabar con su vida. Y todo por no saber que existía una salida legal a su situación. Por eso, desde el primer momento, intentamos que entiendan una cosa: no están solos.
La Ley de la Segunda Oportunidad no es un privilegio ni un truco. Es un mecanismo legal pensado para proteger a los deudores de buena fe que, pese a sus esfuerzos, no pueden afrontar sus obligaciones. Acogerse a ella no es rendirse, es recuperar el control de su estabilidad financiera.
El valor de contar lo bueno
Por eso creemos que divulgar los casos de éxito es esencial. Porque cuando una persona escucha o lee que, a alguien de su localidad o provincia, su edad o su profesión se le ha perdonado una deuda, independientemente de la cantidad exonerada, empieza a ver una luz.
Cuando se informa de que otra persona en situación similar ha logrado cancelar sus deudas y volver a empezar, comprende que también puede conseguirlo.
Es así como se rompe el silencio. Es así como el miedo deja paso a la acción. Desde nuestro Departamento de Comunicación impulsamos con fuerza la publicación de notas de prensa, artículos y entrevistas que visibilicen estas historias.
No por vanidad, sino porque es necesario. Porque todavía hay quienes creen que la Ley de la Segunda Oportunidad es un mito. Aún quedan muchas personas atrapadas en un bucle de culpa, miedo y desinformación.
En otras palabras: hay que dar a conocer dicha ley para que todas aquellas personas que, a día de hoy, no la conocen sepan que pueden quitarse de encima esa pesada mochila cargada de deudas.
Romper el estigma, ganar libertad
La insolvencia no define a una persona. Las deudas no son una condena perpetua. Y acogerse a la Ley de la Segunda Oportunidad no es sinónimo de fracaso, sino de valentía. Cada vez más personas lo están entendiendo. Pero queda camino por recorrer. Por este motivo, constantemente estamos animando a la gente a informarse y consultar.
Y, sobre todo, se ha de tener claro que nadie que se encuentra en una situación de insolvencia ha de sentirse culpable por lo que ha vivido debido a una serie de adversidades.
En un mundo cada vez más imprevisible, cualquiera puede acabar en una situación límite. Lo que marca la diferencia es cómo se actúa ante ello. Porque, en definitiva, todos merecemos una Segunda Oportunidad.