Opinión | La exoneración de las deudas no termina con el auto: Hay que hacerla valer

Entrevista | Marta Bergadà: La ley de Segunda Oportunidad es la gran desconocida; permite saldar deudas y resurgir como el Ave Fénix
Marta Bergadà, especialista en Derecho concursal y en la Ley de la Segunda Oportunidad, socia fundadora de Bergadà Abogados, expilca en su columna que no basta con conseguir una resolución favorable, sino que hay que hacer que tenga efectos reales en la vida del cliente. Foto: MB.

5 / 07 / 2026 05:38

Conseguir la exoneración del pasivo insatisfecho es, para muchas personas, el momento más esperado de todo el procedimiento de la Ley de la Segunda Oportunidad.

El motivo es muy sencillo de comprender: Después de meses, incluso años, de angustia económica, llamadas telefónicas, reclamaciones y bloqueo emocional, por fin llega la resolución judicial que permite empezar de nuevo.

No obstante, hay algo que pocas veces se explica con suficiente claridad: Obtener el auto de exoneración no siempre significa que el problema desaparezca automáticamente.

De hecho, hay que tener en cuenta que una cosa es conseguir la cancelación de las deudas y otra muy distinta es asegurarse de que esa cancelación se refleje realmente en la práctica.

Y ahí es donde muchas veces empieza el verdadero trabajo jurídico.

En este sentido, la Ley Concursal, en su artículo 492 ter, establece expresamente que los acreedores afectados por la exoneración deben comunicarla a los sistemas de información crediticia donde previamente hubieran informado de la deuda.

Es decir, si una persona estaba incluida en un fichero de morosos por una deuda que posteriormente queda exonerada, esa información debe actualizarse.

Asimismo, también cabe señalar que el propio artículo añade que el deudor puede dirigirse directamente a esos sistemas para solicitar la actualización de sus datos.

Parece sencillo. Pero en la práctica no siempre ocurre así. Y el problema es evidente: Hay personas que, pese a haber obtenido judicialmente la cancelación de sus deudas, continúan apareciendo en registros de morosidad meses después.

Eso puede afectar a algo tan básico como alquilar una vivienda, financiar un vehículo o, simplemente, recuperar una mínima normalidad financiera.

Muchas veces no existe mala fe. Simplemente ocurre que el acreedor no ha tenido conocimiento efectivo de la exoneración o nadie le ha remitido formalmente la resolución. Por este motivo, desde un punto de vista jurídico, el procedimiento no debería darse por terminado el día en que se dicta el auto de exoneración. 

Un paso más allá

El trabajo bien hecho exige ir un paso más allá. Es decir, hay que comunicar la resolución a los acreedores, comprobar que las bajas en ficheros de solvencia se realizan correctamente y asegurarse de que la exoneración despliega todos sus efectos reales. 

Porque la segunda oportunidad no consiste únicamente en cancelar deudas sobre el papel. Consiste en permitir que la persona pueda rehacer su vida de verdad.

En muchas ocasiones, el cliente piensa que con recibir el auto todo ha terminado. Y es comprensible, ya que, después de tanto desgaste emocional, cualquiera querría cerrar esa etapa cuanto antes. Pero, precisamente, ahí es donde el acompañamiento jurídico cobra más importancia.

Hay que insistir en que un procedimiento puede estar jurídicamente ganado y, aun así, dejar problemas pendientes si nadie se ocupa de ejecutar correctamente las consecuencias de esa exoneración.

Por este motivo, en Bergadà Abogados siempre defendemos la misma idea: No basta con conseguir una resolución favorable; hay que hacer que se cumpla y que tenga efectos reales en la vida del cliente. Por ello, entendemos que nuestro trabajo no termina cuando llega el auto, sino que finaliza cuando la persona puede volver a vivir tranquila, sin arrastrar incidencias, bloqueos o “flecos” que nunca deberían haber quedado abiertos.

La seguridad jurídica también consiste en eso: En cerrar el círculo. Y en una materia tan sensible como la Ley de la Segunda Oportunidad, los detalles importan mucho más de lo que parece.

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