Resulta evidente, público y notorio, que a ningún ser humano se le debe exigir ser héroe ni mártir.
Por ello, cuando socialmente en el mundo actual se analizan determinados comportamientos, resulta justo y necesario no olvidar la sabia doctrina de la “proporcionalidad”.
El milagro social humano y necesario nace, vive y se multiplica, cuando diosas y dioses de carne, corazón, piel y sentimiento no carecen de conciencia.
La conciencia, como ciencia humanitaria del corazón, delata la buena o mala fe en comportamientos de mujeres y hombres, si actúan con animus necandi, con ánimo de gestar daño, sangre o dolor.
Defiendo la presunción de inocencia, denunciando socialmente la ilegitimidad de los juicios paralelos que se emiten en determinados medios de comunicación, donde analistas y “analistos” dictan técnicos y científicos dictámenes, olvidando el delito de intrusismo profesional.
Respeto profundo y pleno a la Administración de Justicia, a la integral independencia de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, así como profundo y pleno respeto a la libertad de expresión, no a la libertad en difamación.
Como jurista, proclamo con necesaria reiteración que España, país de países, goza de las más y mejores Administraciones de Justicia del mundo, con talento, equidad y magistrales resoluciones judiciales. ¡Excelentes magistradas y excelentes magistrados, son capaces de hacer Justicia con leyes mejorables, como queda acreditado en sabios, justos y humanizados fallos judiciales!
Politizar la Justicia resultaría presunta intromisión ilegítima, con vulneración de la independencia judicial en todo Estado Social y Democrático de Derecho.
Con supremo respeto y necesaria reflexión social, considero que no deben existir sentencias conservadoras ni sentencias progresistas, ya que el eficaz avance en la Justicia reside en ser camino y meta de verdad. ¡Ni presuntas derechas ni presuntas izquierdas, derechos y libertades amparan la Justicia, como talento, humanidad y legalidad!
Sin respeto, sin libertad y sin verdad, despotricar nocivamente sobre sentencias y fallos judiciales siempre resultará injusto, ilícito y degradante.
Bien conozco que el cruel atrevimiento de la ignorancia, en determinados supuestos, logra que lejos de encontrar la verdad y la realidad fáctica se sufra el esperpento caótico de las versiones, con actitudes versionarias y versionados conceptos, que no solo sangran la presunción de inocencia, sino que hacen derramar la tétrica “presunción de indecencia”.
Defender la democracia resultaría inviable no asumiendo, amando y respetando a mujeres universales como la Libertad, la Verdad y la Ley.