Con supremo respeto y necesaria reflexión social, resulta grave, injusto e indignante que se establezcan institucionalmente distinción entre guerras legítimas y guerras ilegítimas.
¡Matar a un ser humano ni ha sido ni es, ni será nunca legítimo, resultando siempre criminal!
Garantizar, proteger el derecho humano a la vida, el derecho humano a morir y vivir con dignidad es destruido criminalmente por las guerras de sangre, matando corazones, derechos, libertades, hogares, economías, razones, ilusiones y futuro.
Poner corazón en la razón debe lograr un mundo más verdad, más justo, más libre, más solidario y humanizado.
La realidad mundial está colmada de instituciones públicas, organismos públicos internacionales, nacionales, autonómicos, locales, comarcales, municipales. con numerosos cargos y cargas públicos.
Resulta evidente que instituciones públicas ricas y organismos ricos, gestando pueblos pobres, muy pobres, delatan fracaso, fracaso y fracaso ya que no han sido ni son capaces de garantizar en los seres humanos el derecho a la vida, el derecho al bienestar social, económico y asistencial, el derecho a la libertad económica, el derecho a vivir y a morir con dignidad en millones de mujeres, hombres, menores, jóvenes, ancianas y ancianos en la Tierra.
Una sociedad mundial que no garantice el derecho humano a la ancianidad sangrará el presente, haciendo morir el futuro. Lo que hoy es como es, se debe a lo que ayer fue como fue, por ello, borrar, tergiversar, ocultar el pasado, jamás logrará aniquilar la verdad en la vida e historia de la Humanidad, ya que las grandes verdades como los grandes amores resultan inmortales.
La palabra, gran mujer, poniendo verdad, libertad, humanidad, corazón y concordia, constituye base fundamental para lograr evitar toda guerra de sangre.
¡Las guerras jamás se ganarán matando, sino gestando alcanzar garantía en derechos y libertades en favor de la Humanidad, evitando asesinar el Derecho Humano a la Paz!
A todas luces, resulta necesario invocar desde la evidencia y desde la libertad de la verdad de todo cuanto acontece en la actualidad que determinados grupos políticos, determinados partidos políticos, se han convertido en empresas, repartidoras de cargos, prebendas y poltronas, cuando la obligada función de todo grupo o partido político debe estar basada en cumplir la función social de servir a los pueblos, a sus mujeres, a sus hombres, a sus menores, a sus jóvenes, a sus ancianas y a sus ancianos.
El «pacta sunt servanda» debe ser cumplido
El «pacta sunt servanda», los programas de cada grupo político cuando se presentan a las elecciones para ser votados por el pueblo, deben ser cumplidos, ya que “los pactos son para cumplirse”, resultando justo, legítimo y necesario que se tipifique penalmente como delito grave contra la Humanidad, el nocivo incumplimiento de todo aquello que prometieron, una vez ganadas las elecciones electorales y gobiernan. ¡
Vulnerar el «pacta sunt servanda», no cumpliendo negligentemente lo pactado, abogo porque sea tipificado penalmente como delito grave contra la Humanidad en todo Estado Social y Democrático de Derecho!
El Derecho Humano a la vida es vulnerado si no se garantiza el Derecho Humano a la Paz, resultando necesario que lograr una vida y muerte con dignidad lleven aparejado garantizar el derecho humano a la libertad económica, dentro del conjunto de libertades de todo ser humano.
¡La indefensión económica, la pobreza, sangra toda dignidad en el corazón social, biológico, asistencial y jurídico de la Humanidad!
La igualdad en la pobreza siempre resultará fracaso, ya que se debe alcanzar igualdad en la riqueza en los seres humanos, garantizando seguridad, eficacia con talento institucional, asegurando igualdad de oportunidades, garantía y protección en la diversidad, sin gestar guerras económicas, guerras por el poder ni guerras de sexo, sumando talento y solidaridad, protegiendo y tutelando integralmente a los seres humanos más débiles, dependientes o vulnerables.
Siento decepción, desencanto y tristeza como jurista, como ser humano, cuando escucho en determinados medios de comunicación que se van a “enviar armamentos de paz” a las guerras de sangre que se están sufriendo en el mundo, ya que las armas de matar deben ser suplantadas íntegramente por talento institucional de las diplomacias, de tan costosas y cuantiosas instituciones públicas nacionales e internacionales, haciendo nacer desde la concordia acuerdos sanatorios capaces de obtener con garantía, eficacia y rigor el Derecho Humano a la Paz.
Desde la libertad de mi corazón como jurista enamorado de la vida, la libertad y la palabra, siento fracaso cuando las guerras de sangre continúan viviendo.