Con supremo respeto y necesaria reflexión social considero que vivir sin defender la libertad, la verdad y la lealtad integral, sin ejercer el necesario honor de “ser humano”, constituiría vegetar en involución universal.
Respetando todas las religiones e ideologías sociales, políticas, económicas, ambientales y culturales, la evidencia delata que determinados fanatismos gestan guerras de sangre, destruyendo corazones y razones, sentenciando versiones frente a la libertad de la verdad de lo que acontece en la Tierra.
La oscuridad impide la luz, como la falsedad asesina la verdad, necesaria Mujer Universal, para que los seres humanos eviten ser empujados al tétrico abismo de la indefensión, la inseguridad y la indigencia.
Como jurista, como ser humano, defiendo la reinserción de los vivos, la resurrección de los vivos en aras de lograr que ningún ser humano sea privado del derecho a poder volver a empezar.
La resurrección de los vivos resulta necesaria, lícita, justa y apremiante en la sociedad mundial actual, donde se discrimina gravemente, estableciendo guerras legítimas y guerras ilegítimas. ¡Matar, sangrar, herir, dañar a un ser humano jamás ha sido, es ni será legítimo, siempre constituirá criminalidad!
Entre la Tierra y el Firmamento se encuentra la verdad, la libertad y el derecho humano a vivir y morir con dignidad, sin dictaduras, sin sistemas que opriman la libertad individual, la intimidad, la privacidad, el derecho a lograr que el talento, la pasión y la libertad constituyan trilogía vivencial de progreso, evolución y avance en libertades sociales, personales, económicas, culturales y ambientales en el corazón multidimensional de la Humanidad.
La conciencia, como doctrina humanitaria en el corazón social, vivencial, económico, ambiental y cultural, jamás debe ser sangrada, vulnerada ni dañada.
Sin conciencia, la vida en los seres humanos carecería de verdad, de justicia, de equidad, gestando deterioro integral en la necesaria resurrección de los vivos, sin demagogias, sin utopías, sin sofismas.
Padecemos un mundo embalsamado por exceso de Instituciones y Organismos Públicos, exceso de cargas y cargos públicos, “aforramientos”, poltronas y prebendas. ¡Instituciones Públicas y Organismos Públicos ricos y ricas, con pueblos pobres, mujeres, hombres, menores, jóvenes, ancianas y ancianos, pobres e indigentes, delatarían fracaso, fracaso y fracaso! ¡Las Instituciones Político-Públicas deben cumplir, conforme a Derecho, con la función social y el deber integral, sirviendo a los pueblos, garantizando sus derechos, sus libertades y sus necesidades!
Defiendo el “Pacta Sunt Servanda”, el cumplimiento de los pactos, el cumplimiento de los programados y comprometidos programas electorales, evitando que, una vez obtenido el triunfo en las elecciones políticas populares, sean incumplidos, como fraude electoral que debería ser tipificado penalmente como Delito Internacional.
Establecer legalmente como Delito Internacional el incumplimiento del Pacta Sunt Servanda gestaría seguridad jurídica, garantía electoral, justicia social, legitimidad y respeto a la voluntad popular en todo Estado Social y Democrático de Derecho.
Defiendo que las elecciones políticas sean siempre ganadas por el pueblo, por los seres humanos, ya que el gran éxito de los Poderes Públicos reside en el eficaz cumplimiento de la función social, la función-deber, sirviendo a los pueblos, cumpliendo todo lo prometido en el Pacta Sunt Servanda con rigor, respeto y legítima legalidad.
¡Que la Tierra que pisamos no termine siendo refugio de cenizas, deslealtades, indigencia y mortandad, gestando raíces de libertades, humanidad y reinserción en los vivos con conciencia, corazón y verdad!