María ha sido una exitosa directiva. Tiene 52 años. Hasta hace dos años, trabajaba en una reconocida escuela de negocios en la que llevaba ya 10 años. Antes había ejercido como directora de RRHH. Con casi 27 años de experiencia, de pronto se encontró en el paro. Durante los primeros meses estuvo convencida de que con ese pasado profesional y su red de contactos en poco tiempo estaría trabajando de nuevo.
Ahora, tras casi dos años en paro, ha comprendido que la edad no está siendo un plus, sino un problema.
Pedro es economista y ha trabajado en un departamento financiero durante toda su vida. Una reestructuración le colocó en el paro y, desde ese estado, hace casi tres años que dedica sus días a buscar trabajo. Ya ha pasado una depresión y ha cumplido 60 soñando con que un día alguien le llame y le ofrezca un trabajo sin considerarle excesivamente preparado.
El exceso de cualificación le ha condenado a no hacer nada.
Estos son solo dos ejemplos de los miles de casos similares de españoles que son víctimas del edadismo laboral. Este problema se traduce en prácticas que excluyen a las personas mayores del acceso al empleo, la formación continua o la promoción profesional. En España, el 57,4% de los parados tiene más de 45 años, según datos del Ministerio de Trabajo. Una cifra que debería ponernos en alerta, pues estos parados necesitan ingresar un sueldo.
Lo contrario significa engrosar la lista de personas que requieren ayuda pública para vivir.
Recordemos que la Ley 15/2022 integral para la igualdad de trato y la no discriminación prohíbe, adicionalmente a la discriminación por el nacimiento, la raza, el sexo, la religión u opinión, la discriminación por cualquier otra circunstancia personal o social, pero su aplicación práctica aún es limitada. La discriminación por la edad en relación con el empleo no solo vulnera principios de igualdad, sino que representa una pérdida para las organizaciones y para la economía.
Un rayo de esperanza para los parados más sénior
En los últimos años algunos expertos señalan que se está produciendo un cambio de tendencia. Las salidas masivas que están protagonizando los baby boomers que alcanzan la edad de jubilación y la dificultad que están encontrando empresas de los sectores público y privado para renovar sus plantillas, o la toma de conciencia de que los profesionales de más edad pueden aportar no solo más experiencia y conocimiento a las organizaciones, sino también y, sobre todo, mayor fidelidad y menor rotación.
Además, cada vez más empresas han comprendido una realidad incuestionable: la sociedad envejece a marchas forzadas y requiere de profesionales capaces de comprender mejor las necesidades de un mercado donde los mayores tienen mucho que decir. ¿Y quiénes mejor para comprenderlo que sus propios protagonistas?
Finalmente, la inclusión de indicadores relacionados con el edadismo en sus informes de sostenibilidad está ayudando a promover un cambio de actitud en las empresas hacia la contratación de personas mayores.
Cada vez más empresas miden la diversidad generacional, incluyendo la edad como factor relevante en la equidad laboral. Esta inclusión permite visibilizar el problema y comprometerse públicamente con su solución.
Por otra parte, la tecnología puede ayudar a combatir el edadismo: software de control y supervisión que analiza patrones en despidos mediante big data, sistemas de selección que ocultan datos personales como edad o género y otras soluciones que promueven procesos más justos y objetivos. Estas tecnologías permiten detectar sesgos, corregir prácticas discriminatorias y fomentar una cultura organizacional más equitativa.
Conclusión
Los mayores enfrentan obstáculos como la jubilación forzosa, despidos colectivos y falta de acceso a formación. Pero en una sociedad cada vez más envejecida y donde es más que posible que un porcentaje importante de los adultos mayores necesiten trabajar para cubrir sus gastos esenciales, es urgente la reflexión sobre cómo podemos construir entornos laborales inclusivos, donde la edad no sea un obstáculo sino un valor añadido. Las políticas de gestión del talento deben incorporar una perspectiva generacional más justa y eficiente.
María Jesús González Espejo, fundadora del Insituto Smart Ageing, reflexiona en esta columna sobre cómo personas mayores se enfrentan al edadismo laboral, un problema que limita su acceso al empleo pese a su experiencia, aunque comienzan a surgir señales de cambio y mayor inclusión.