Este artículo inaugura una serie dedicada a explorar el edadismo desde distintas perspectivas. En este primero comienzo haciendo una introducción general al concepto y su impacto en la economía y la sociedad y en los siguientes analizaremos de forma individualizada las distintas manifestaciones de este fenómeno cada vez más frecuente.
“Edadismo”: un término moderno para un fenómeno “viejo”
El término “edadismo” es uno de los que se ha incorporado más recientemente al diccionario de la Real Academia Española (RAE). Lo hizo en su actualización 23.6 del año 2022.
Su inclusión fue impulsada por la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados (UDP), que llevaba años denunciando la discriminación sistemática padecida por las personas mayores en España.
La palabra proviene del inglés ageism, acuñada por el gerontólogo estadounidense Robert Butler en 1969 para describir los estereotipos, prejuicios y prácticas discriminatorias dirigidas contra las personas mayores.
Desde entonces, el concepto ha evolucionado para abarcar no solo actitudes individuales, sino también estructuras sociales, políticas y económicas que perpetúan la exclusión por edad.
El uso de este término en el ámbito legal es también relativamente reciente. Por ejemplo, el Defensor del Pueblo reconoció por primera vez el edadismo como una forma de discriminación en el informe anual de 2024.
Este reconocimiento marca un hito en la visibilización de un problema que, hasta ahora, había permanecido en un segundo plano frente a otras formas de discriminación más reconocidas, como el racismo o el sexismo.
Un fenómeno polifacético y estructural
El edadismo se manifiesta de forma transversal en numerosos ámbitos de la vida cotidiana. Por ejemplo, en el empleo, se traduce en dificultades para acceder a puestos de trabajo, en la jubilación anticipada forzosa, en la falta de oportunidades de formación continua y en el menor apoyo al emprendimiento senior.
En el sistema sanitario, puede implicar diagnósticos tardíos, tratamientos menos agresivos o una atención paternalista. En el ámbito financiero, se observa en la dificultad para acceder a créditos o seguros. Y en el entorno digital, en la exclusión por falta de competencias o accesibilidad.
Según la ONG HelpAge España, las personas mayores enfrentan barreras sociales, culturales, económicas y administrativas que limitan el ejercicio de sus derechos. Estas barreras no solo afectan su autonomía, sino que perpetúan una imagen de la vejez como etapa de declive, dependencia y pasividad.
El lenguaje cotidiano también contribuye a esta construcción negativa. Expresiones como “ya no está para eso” o denominar a los mayores como “los abuelos” de forma homogénea, refuerzan estereotipos que invisibilizan la diversidad y riqueza de las trayectorias vitales en la vejez.
El coste del edadismo en una sociedad longeva
España es uno de los países más envejecidos de Europa y del mundo. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2050 habrá más de 14 millones de personas mayores de 65 años, lo que representará cerca del 30% de la población total. Este cambio demográfico plantea desafíos importantes, pero también oportunidades si se gestiona con inteligencia y justicia.
Ignorar el talento, la experiencia y la capacidad de contribución de las personas mayores no solo es injusto: es ineficiente. El edadismo limita el aprovechamiento de recursos humanos valiosos, reduce la cohesión social y perpetúa modelos económicos y culturales obsoletos.
Además, el edadismo tiene un impacto directo en la salud física y mental de quienes lo sufren. Varios estudios han demostrado que la discriminación por edad está asociada con mayores niveles de depresión, ansiedad, aislamiento social y menor esperanza de vida. Por el contrario, la inclusión social, la participación del mayor en la vida social y económica, mitiga estas enfermedades y favorece una mejor longevidad.
Conclusión
El edadismo es un fenómeno complejo, silencioso y profundamente arraigado en nuestras sociedades. Reconocerlo es el primer paso para erradicarlo. En una España que envejece, necesitamos construir una nueva narrativa sobre la vejez: una que reconozca la diversidad, la dignidad y el valor de las personas mayores.
Con este artículo inauguramos una serie que abordará el edadismo desde cinco ángulos clave: finanzas, lenguaje, tecnología, empleo, emprendimiento y medios de comunicación.
Cada entrega ofrecerá una mirada crítica y constructiva sobre cómo se manifiesta el edadismo en estos ámbitos, qué consecuencias tiene y qué estrategias pueden adoptarse para combatirlo. El objetivo es contribuir a la construcción de una cultura más inclusiva y respetuosa con todas las edades, especialmente en el contexto profesional y jurídico, donde los prejuicios generacionales pueden tener consecuencias estructurales.
María Jesús González-Espejo es fundadora del Instituto de Smart Ageing y autora de “El arte de envejecer sabiamente”.