Opinión | No pagar cuotas de autónomos no es mala fe: Es insolvencia y así debe entenderse

Entrevista | Marta Bergadà: La ley de Segunda Oportunidad es la gran desconocida; permite saldar deudas y resurgir como el Ave Fénix

7 / 02 / 2026 05:40

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En Bergadà Abogados recibimos cada día a personas que llegan con una preocupación común: Haber dejado de pagar las cuotas de autónomo y temer que eso les cierre la puerta a la Segunda Oportunidad.

Nos cuentan que creen haber hecho algo “mal”, que la Seguridad Social los acusará de mala fe o que ese periodo de impago será visto como una conducta negligente. Y lo primero que hacemos siempre es desmontar ese miedo: Dejar de pagar las cuotas no te convierte en culpable. Te convierte en insolvente.

Y la ley está hecha, precisamente, para ayudar a quien cae en insolvencia.

Tres años de cuotas impagadas

El caso que analizamos hoy refleja perfectamente esta realidad. El deudor había acumulado una deuda de 20.057,05 € en cuotas de autónomos del RETA generadas entre junio de 2018 y noviembre de 2021, más algún mes adicional posterior.

Es decir, más de tres años de cuotas impagadas durante una etapa marcada por la crisis económica y la pandemia. Y aun así, la Administración insistía en que ese impago prolongado demostraba mala fe.

Sin embargo, la sentencia 574/2025 de la Audiencia Provincial de Bizkaia expresa justo lo contrario. El tribunal analiza el contexto, el periodo de crisis, los motivos reales del impago y la situación global del deudor, y concluye una idea que compartimos plenamente y que debería guiar la interpretación en todos los juzgados del país: “La falta de cotización es habitual en situaciones de insolvencia y no supone una actitud negligente (…), puesto que puede presumirse que se intentó mantener la actividad, aunque no se abonaran las cotizaciones, como medio para tratar de superar su situación y obtener recursos para la subsistencia personal”.

Nos parece difícil explicar mejor lo que miles de autónomos vivieron durante aquellos años. Muchos siguieron trabajando, aunque no podían pagar.

No porque quisieran beneficio alguno, sino porque cerrar la actividad significaba perderlo todo: El negocio, los clientes, los ingresos necesarios para mantener mínimamente a la familia.

Y en esa situación límite, la cuota mensual de autónomo se convertía en un gasto imposible de asumir.

No es temeridad, es supervivencia

La Seguridad Social alegaba que el deudor debería haber solicitado la baja en el RETA o haber actuado antes para evitar la acumulación de deuda. Pero quienes estamos a pie de calle sabemos que esa decisión no es tan simple.

Cuando un autónomo está hundiéndose, no siempre tiene margen para elegir el momento exacto en que debe cerrar. Muchas veces, aguantar un mes más significa probar suerte para ver si entra un cliente, si se firma un contrato, si se consigue salvar la temporada.

Y eso no es temeridad: Es supervivencia.

La resolución, además, recuerda un principio esencial de la Ley de la Segunda Oportunidad: La buena fe se presume, y sólo una negligencia grave -debidamente acreditada- permite negarla. No basta con señalar que hay deuda. No basta con decir que se tardó en darse de baja.

No basta con intuir una mala gestión. La mala fe no se presupone, se demuestra. Y en estos impagos de cuotas, cuando la persona estaba sometida a una situación económica extrema, no hay rastro de conducta dolosa.

El propio texto recoge un fragmento que solemos repetir en nuestros asesoramientos, porque resume la esencia de esta ley: “La norma debe aplicarse de forma favorable a la exoneración, ya que su objetivo es permitir que el deudor pueda reincorporarse con éxito a la actividad económica y evitar que quede atrapado en situaciones de economía sumergida”.

Las cuotas dejaron de pagarse porque no había dinero

Es exactamente así. Cuando se deniega la exoneración basándose en criterios que no contemplan la realidad social, lo que se consigue es lo contrario de lo que persigue la ley: Empujar a personas ya vulnerables hacia la exclusión, hacia el trabajo irregular, hacia una vida sin posibilidad de rehacerse.

En Bergadà Abogados llevamos años defendiendo que la insolvencia no puede convertirse en un reproche moral. Miles de autónomos sufrieron una caída de ingresos brutal durante la pandemia y los años posteriores. Muchos intentaron salir adelante como pudieron.

Las cuotas dejaron de pagarse porque ya no había dinero. Y eso, para cualquier mente razonable, no es mala fe.

Por eso este tipo de resoluciones son tan importantes. Porque ponen el foco donde debe estar: En la causa de la deuda, no en la deuda en sí. Porque devuelven humanidad y justicia a la aplicación de la Segunda Oportunidad.

Y porque recuerdan que este mecanismo no se creó para castigar, sino para permitir que quien ha caído pueda levantarse.

En definitiva: Sí, se pueden deber cuotas de autónomo durante años y seguir siendo un deudor de buena fe. La clave está en la realidad económica que vivió esa persona y en la ausencia de negligencia grave. Y mientras esa sea la situación, y en la inmensa mayoría de casos lo es, la exoneración debe concederse.

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