Vamos a examinar de forma sucinta qué significa el Papa para la Iglesia, para recordar su importantísimo papel espiritual en la misma y como Jefe del Estado del Vaticano.
Misión del Papa
La misión del Papa o Romano Pontífice es ante todo espiritual.
Según recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, Jesucristo hizo del apóstol Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente a él, la piedra de su Iglesia.
Con arreglo a ello, el Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, «es el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles».
El Papa, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad.
Al Papa le compete la infalibilidad por razón de función, de modo que sus decisiones «ex catedra» son irreformables por sí mismas, no en virtud de una siguiente confirmación por la Iglesia.
En la Iglesia Católica, «el Colegio episcopal no tiene ninguna autoridad sino se le considera junto con el Papa, sucesor de Pedro, como Cabeza del mismo».
Como consecuencia de ello, al Papa compete una potestad inmediata y ordinaria de jurisdicción sobre la Iglesia entera.
El primado del Papa, sede romana, es designado por el Concilio Vaticano I como Sede Apostólica.
Este primado, recordaba el cardenal Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI, realiza la misión específica de la Iglesia, es decir, la tarea de llevar a Dios a los hombres y los hombres a Dios.
El objetivo de la Iglesia es predicar el Evangelio, siendo el Papa, como decía San Gregorio Magno, «el siervo de los siervos», siguiendo los mandatos de Cristo.
En definitiva, el Papa es el supremo gobernante espiritual de la Iglesia.
La Santa Sede
Se suele identificar con el conjunto de organismos a través de los cuales el Romano Pontífice «suele despachar los asuntos de la Iglesia Universal».
Se le reconoce la condición de sujeto de Derecho Internacional, soberanía temporal que el Papa ejerce a través del instrumental Estado de la Ciudad del Vaticano, cuyas características fundamentales pasamos a examinar.
El Estado del Vaticano
Es un estado independiente desde 1929, en que Italia y la Santa Sede firmaron el tratado de Letrán, por el que el Estado italiano reconoció a la Santa Sede la jurisdicción y soberanía sobre el territorio del Vaticano, con una superficie de 0,44 kilómetros cuadrados en plena ciudad de Roma.
La finalidad del Estado del Vaticano
Dice el Tratado que es «asegurar a la Santa Sede una absoluta y visible independencia y garantizarle una soberanía indiscutible en el campo internacional».
Se consagra así una finalidad apolítica, en contraste con los demás estados, realizándose una íntima compenetración entre servir a lo espiritual su verdadero fin y lo meramente material de carácter instrumental.
La soberanía del Vaticano es asumida por el Papa, que normalmente se ejerce mediante delegación en los diversos órganos que integran la Santa Sede.
La representación internacional corresponde también al Papa, que tiene derecho de concluir tratados y establecer relaciones diplomáticas en plano de igualdad con otros estados soberanos.
De hecho, el Estado Vaticano está reconocido y tiene relaciones diplomáticas con otros 184 estados.
Exclusión de la guerra
Importante característica. El Estado Vaticano, como consecuencia de la finalidad espiritual que le es propia, es desde su origen, según establece el tratado de Letrán, neutral de manera absoluta y perpetua, sin posibilidad de declarar la guerra o participar en ella, salvo el derecho de defensa ante una posible agresión.
Característica análoga a la práctica de Suiza, país que aporta en exclusiva a los miembros de la policía del Vaticano, la llamada Guardia Suiza.
Visita del Papa
Así pues, el Papa visita España, como cualquier otro país, en su doble condición inseparable, de ser de un lado el Sumo Pontífice, jefe espiritual supremo de la Iglesia Católica, y de otro en la de jefe de un Estado soberano, el Estado Vaticano.