Las mujeres llevan décadas ganando presencia en el mercado laboral. Pero cuando se trata de mandar, de verdad, de sentarse en los consejos de administración y tomar las decisiones que mueven el dinero y el poder, siguen siendo minoría. Una minoría que no mejora.
El informe «El rol de la mujer en la empresa española», presentado ayer por el Colegio de Registradores, lo certifica con datos extraídos directamente del Registro Mercantil: la participación media de las mujeres en los órganos de administración de las empresas españolas ronda el 20%.
Exactamente la mitad del mínimo —el 40%— que exige la Ley Orgánica de representación paritaria, aprobada en agosto de 2024.
«La mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero sigue sin participar en las posiciones de liderazgo», afirmó Marta Gómez Llorens, directora de Vivienda y Responsabilidad Social Corporativa del Colegio de Registradores, durante la presentación del informe.
Y añadió, con una precisión que evita la palabra maldita: «No utilizaría el término fracaso, pero sí lejanía a la intención, a la búsqueda de la paridad».
Cuanto más grande la empresa, menos mujeres arriba
Los datos revelan una paradoja inquietante: a mayor tamaño de la empresa, menor presencia femenina en los puestos de decisión.
El informe parte de un dato estructural: el 66% del empleo total en España —hombres y mujeres— corresponde a las pymes.
Las microempresas, aquellas con entre uno y diez trabajadores, concentran el 38,7% del empleo global, y al sumar las pequeñas empresas —hasta 50 trabajadores— se alcanza el 49% del total.
Solo hay 3.732 grandes empresas en España, el 0,4% del parque empresarial, aunque acumulan el 43,6% del empleo.
En las microempresas, la cuota femenina en órganos de administración alcanza el 26,8%. En las medianas y grandes, cae y se estanca en torno al 21%, muy lejos del umbral del 40% que establece la Ley Orgánica de representación paritaria y equilibrada de agosto de 2024.
El dato más llamativo: el 67,99% de las sociedades de responsabilidad limitada —que representan aproximadamente el 95% del tejido empresarial español— no cuenta con ninguna mujer en su órgano de administración.
En las sociedades anónimas, ese porcentaje baja al 58%, aunque Gómez Llorens ofreció una explicación estructural: «La Sociedad Limitada responde a proyectos empresariales de menor dimensión, por lo que sus órganos de administración suelen ser más reducidos. Podemos encontrar más órganos unipersonales, y por ello limitamos la dificultad de incorporar a su composición más mujeres».
El 67,99% de las sociedades de responsabilidad limitada —que representan aproximadamente el 95% del tejido empresarial español— no cuenta con ninguna mujer en su órgano de administración.
La explicación tiene que ver con la estructura interna. En los órganos de dirección unipersonal —un solo administrador—, la diferencia es brutal: 25% de presencia femenina en microempresas frente a apenas un 10% en las grandes.
En los órganos colegiados, la brecha se suaviza (29% frente a 23%), porque el mayor número de miembros eleva matemáticamente las probabilidades de que una mujer tenga asiento.
El emprendimiento actúa, de hecho, como válvula de escape. Las sociedades limitadas —el vehículo habitual de las pequeñas empresas— registran un 19,1% de participación exclusiva femenina en la administración. Las sociedades anónimas, las grandes corporaciones, apenas llegan al 14,3%.

El problema no es de formación
¿Por qué ocurre esto si las mujeres están en el mercado laboral en números similares a los hombres? Gómez Llorens tuvo una respuesta directa: «Porque renunciamos. No es por formación, sino porque la mujer renuncia».
El informe señala a los estereotipos de género y la falta de conciliación como las verdaderas barreras.
Sobre la mujer pesa lo que la directora llama «el halo de responsabilidad familiar»: una mayor carga en los cuidados del hogar y de la familia que funciona como «una mochila que pesa mucho y dificulta intervenir en estas posiciones de liderazgo».
Una limitación que, subraya, «no es una cuestión del hombre, es una cuestión de educación de la mujer que quizás tenemos que superar».
Más normas, no. Más cultura, sí
La solución no está, según el informe, en endurecer la ley ni en multar a las empresas que no cumplan las cuotas.
«La regulación con la Ley Orgánica de 2024 es correcta, es suficiente. La carencia viene más desde un punto de vista social que legislativo», señaló Gómez Llorens, que se mostró abiertamente contraria a la vía sancionadora: «Nunca puede solucionar el problema».
El diagnóstico se redondea con una marcada segregación sectorial.
La participación femenina en el empleo alcanza cifras dispares según el sector.
La hostelería registra un 53,3% de mujeres trabajadoras; las actividades sanitarias y servicios sociales llegan al 75%; y la educación se sitúa en torno al 68%.
En el extremo opuesto, la construcción apenas alcanza el 13,4% de presencia femenina, y las industrias extractivas se mueven en cifras similares.
«Hay sectores como las industrias extractivas y la construcción que están enormemente masculinizados con un 85%», subrayó Gómez Llorens.
Los números dicen lo mismo que llevan diciendo desde hace años. La ley ya está escrita.
Lo que falta, concluye el informe, es un cambio que ningún boletín oficial puede decretar.