La movilidad internacional de trabajadores ha dejado de ser una cuestión puntual para convertirse en un eje estratégico para empresas y despachos.
Así quedó patente en una nueva edición de Foro Confilegal, donde analizamos junto a Celia Pascual (Meliá), Albert Mestres (Toda&Nel-lo) y Jordi Roca (Adlanter), los retos, errores y oportunidades de un fenómeno en plena expansión.
El talento como activo más valioso de la empresa
Desde el lado de la empresa, Celia Pascual Sanz, International Labor Senior Advisor en Meliá Hotels International, puso el foco en el verdadero núcleo del problema: la gestión del talento.
“Cuando la empresa decide mover a alguien es porque representa sus valores y entiende el negocio”, explicó, subrayando que la movilidad internacional no es solo una cuestión operativa, sino una herramienta directa de gestión del talento.
Pascual defendió la necesidad de abordar estos procesos con una planificación rigurosa desde el inicio.
Para ello, identificó cuatro variables clave: el tiempo del desplazamiento, la nacionalidad del trabajador, las funciones y el marco entre país de origen y destino.
A partir de ahí, entran en juego tres dimensiones técnicas: migratoria, de Seguridad Social y fiscalidad, que deben analizarse de forma conjunta.
“El error más común es intentar analizar todo esto de forma aislada”, advirtió.
Pero más allá del análisis técnico, la directiva insistió en dos elementos que las empresas valoran especialmente en sus asesores: transparencia y realismo.
Pascual subrayó la necesidad de contar con una hoja de ruta clara y tiempos realistas, ya que cuando esto falla genera una gran frustración en las organizaciones.
Del asesoramiento fiscal a la coordinación global
Desde la perspectiva del despacho, Albert Mestres, socio de derecho tributario en Toda & Nel-lo, explicó cómo la movilidad internacional se ha convertido en una oportunidad estratégica para las firmas legales.
En línea con el análisis previo, advirtió de un error habitual: centrarse solo en el país de destino y descuidar las obligaciones en origen, lo que puede generar problemas a largo plazo si no se planifica correctamente.
Su experiencia demuestra que incorporar este servicio no solo amplía la oferta, sino que refuerza la relación con el cliente. “Permite un ‘upselling’ y ‘crossselling’, además de ofrecer una visión integrada muy valorada por el cliente”, explicó.
Para Mestres, el papel del asesor consiste en coordinar, verificar y dar coherencia jurídica a la información de las distintas jurisdicciones. Además, puso el foco en el factor humano: “Aunque la empresa pague, el cliente final es la persona física”.
El despacho que no da solución, pierde al cliente
La tercera perspectiva la aportó Jordi Roca, director de Talento y Movilidad en Adlanter, quien fue directo al señalar el principal riesgo para los despachos: quedarse fuera del servicio.
“Si no eres capaz de ofrecer una solución, el cliente entra en modo búsqueda”, advirtió, en referencia a un contexto en el que la internacionalización de las empresas españolas no deja de crecer.
Roca destacó que la movilidad internacional exige un enfoque multidisciplinar que combine distintas áreas del derecho y diferentes jurisdicciones. Por ello, defendió modelos de colaboración en los que especialistas externos trabajan junto al despacho, sin sustituirlo.
Roca afirmó que el cliente necesita un asesor de confianza que le acompañe en todo el proceso, también en su actividad internacional.
Además, puso el acento en un problema recurrente: la falta de planificación. “Cuando te acuerdas del visado en el aeropuerto, ya vas tarde”, resumió.
Más complejidad, más demanda y menos margen de error
El debate dejó una conclusión clara: la movilidad internacional crece en volumen y en complejidad, impulsada por la internacionalización de las empresas, el teletrabajo y nuevos perfiles como los nómadas digitales.
En este contexto, los errores ya no son solo técnicos, sino estratégicos. Como advirtieron los ponentes, actuar sin planificación o limitar el análisis a una sola jurisdicción puede derivar en sanciones, costes imprevistos o problemas para el trabajador.
Para los despachos, el mensaje es directo: no ofrecer respuesta ante estas necesidades puede llevar al cliente a buscar alternativas.
Para las empresas, la exigencia pasa por contar con asesores capaces de coordinar soluciones completas.
Porque, en un entorno global, la movilidad internacional ya no termina en la frontera y el asesoramiento tampoco debería hacerlo.