El 16 de abril de 1991, Margarita Robles (León, 1956) fue nombrada presidenta de la Audiencia Provincial de Barcelona, convirtiéndose en algo que nunca había ocurrido antes en España: la primera mujer en desempeñar ese cargo.
Tenía 34 años. Una responsabilidad que ejerció hasta 1993.
Once años antes, en 1980, Robles había ingresado en la carrera judicial, con 25 años, con el número uno de su promoción, la 27.ª, siendo la primera mujer en España en obtener dicha posición.
Una promoción que, por cierto, no era cualquiera: entre sus compañeros estaban Manuela Carmena, Consuelo Madrigal, María Eugenia Alegret, Francisco Vieira, Baltasar Garzón, Lorenzo del Río y Antonio Vercher, entre otros.
Una carrera construida sobre primeras veces
La trayectoria de Robles en la judicatura es, en buena medida, un catálogo de barreras derribadas.
Accedió a la Audiencia Provincial de Barcelona en 1981, siendo la primera mujer que llegó a un órgano colegiado en España.
Un órgano colegiado es, simplemente, un tribunal formado por varios jueces en lugar de uno solo, considerado entonces un escalón de mayor rango y responsabilidad. Que ninguna mujer hubiera llegado antes dice mucho sobre cómo era la justicia española de entonces.
El techo de cristal en la toga
El concepto de techo de cristal describe esa barrera invisible que, sin estar escrita en ninguna ley, impide a las mujeres alcanzar los puestos más altos de cualquier institución. En la judicatura española de los años ochenta y noventa esa barrera era especialmente sólida.
No porque las mujeres no estuvieran preparadas —Robles lo demostró llegando primera de su promoción—, sino porque los mecanismos de selección, los criterios de ascenso y la cultura interna de las instituciones respondían a un modelo construido durante décadas por y para hombres.
Que una jueza de 34 años presidiera la Audiencia Provincial de la segunda ciudad del país no fue un accidente ni un gesto simbólico.
Fue el resultado de una trayectoria impecable que el sistema, en ese momento, no pudo ignorar.
Después fue magistrada de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional desde 1996 a 2004; en 2004 fue nombrada magistrada de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo.
Hasta 2008, en que fue nombrada vocal del Consejo General del Poder Judicial, puesto que ejerció hasta 2013.
Un legado que va más allá de los cargos
Robles llevó su experiencia a la política, primero como secretaria de Estado de Interior con Felipe González, en 1993, y décadas más tarde como diputada por el PSOE y ministra de Defensa en el Gobierno de Pedro Sánchez, cargo que ocupa desde 2018.
Pero su huella en la historia de la justicia española quedó grabada mucho antes, en ese abril de 1991 en que una mujer se sentó por primera vez en la presidencia de una audiencia provincial.
Treinta y cinco años después, conviene recordarlo: no fue un titular más. Fue un punto de inflexión.
A 1 de enero de 2026, las mujeres representan mayoría en la carrera judicial española: hay 3.243 juezas y magistradas en activo, lo que supone aproximadamente el 58,9% del total de integrantes de la judicatura en el Poder Judicial.
En los últimos años la presencia femenina ha ido creciendo: en 2024 se situaba alrededor del 57,2% del total de jueces y magistrados.
Un cambio en el que Margarita Robles fue pionera.