El asesinato del sacristán de la Iglesia de La Palma, en Algeciras, ocurrida en Enero de 2023, se encuentra en la actualidad pendiente de la admisión de preparación de recurso de casación ante el Tribunal Supremo, al no considerar la Sala que juzgó a Yassine Kanjaa, se trataba de un delito con carácter de terrorista, pese a haber producido temor y terror en cierta parte de la población algecireña, al tiempo que una grave alteración de la paz pública.
Junto a la víctima, el fallecido D. Diego Valencia Pérez y su familia, que se hallan faltos de consuelo, hay que registrar víctimas importantes, si bien de carácter colateral: El Padre Rubén Vargas Candón, y dos señoras –Dª Narcisa y Dª Josefa-, que se hallaban presentes en el patio de la Iglesia cuando se produjo la agresión mortal al Sr. Valencia.
El Padre Rubén y las dos señoras, sufrieron desde entonces unas secuelas de carácter psíquico, toda vez que, el recordar hallarse junto al asesino, esgrimiendo una katana, con la que amenazaba a los presentes, y el consiguiente riesgo de ser agredidos, les está suponiendo bastante el poder superar ese momento.
Ver una agresión de ese calibre a una persona buena y que colaboraba en la Iglesia –Diego-, y al propio tiempo verse con la posibilidad de correr la misma suerte, en el caso de los tres restantes, dejó un impacto que solo sus mentes podrían describir.
El Padre Rubén y las dos señoras, testificaron en el juicio en la Audiencia Nacional, exponiendo cuanto vieron y padecieron en aquel momento y días sucesivos, no pudiendo hacer nada por evitar cuanto sucedió, pudiendo oír al mismo tiempo gritos hacia la religión católica y con la idea de asesinar a fieles cristianos.
Así como cabe esperar que el Tribunal Supremo, considere el hecho como un crimen cometido por un yihadista y con carácter de terrorismo, las dos señoras y el Padre Rubén, merecen un reconocimiento por parte de alguna Institución, ya sea estatal, autonómica o local.
Estuvieron cercano a quien dio muerte de forma brutal al sacristán de la Iglesia Diego Valencia, y sufrieron tanto la violencia vivida como las amenazas de ser igualmente asesinados en el mismo lugar.
Ello formaría parte de la Justicia restaurativa a estas personas, que aunque no pertenecientes al ámbito familiar del fallecido, sí padecieron daños psíquicos, siendo justo el poder reparar el daño causado.