Ábalos acusa a su expareja Jésica de haber declarado «coaccionada» en el caso Koldo y niega haber pernoctado en el piso de Plaza de España ni haber intervenido en su contratación en empresas públicas. Foto. TS.

Ábalos en el banquillo: «Este es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara»

4 / 05 / 2026 14:10

Actualizado el 04 / 05 / 2026 14:11

José Luis Ábalos llegó al Tribunal Supremo dispuesto a pelear. Y lo hizo.

En una mañana de declaraciones que alternaron el descaro con el victimismo, el exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE, despachó el caso Koldo con una frase tan contundente como reveladora de su estrategia defensiva: «Este es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara».

No hay allí la voz de alguien que busca explicarse. Hay la voz de alguien que ya ha decidido que no necesita hacerlo.

El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, que lleva semanas construyendo un caso sobre enchufes, pagos y favores cruzados, le esperaba con preguntas incómodas.

Sobre Jésica. Sobre los pisos. Sobre los sueldos en empresas públicas.

Ábalos respondió a todo. Pero no respondió como un hombre acorralado. Respondió como alguien que ha elegido su relato y piensa sostenerlo hasta el final.

El apartamento que nunca pisó —según él

El piso de la Torre de Madrid, en Plaza de España, está en el centro de la acusación de cohecho. Anticorrupción sostiene que fue un regalo encubierto. Ábalos lo niega de plano.

«Nunca pernocté en ese apartamento. El que no tuvo llaves nunca fui yo, el que no estuvo una noche fui yo». La negación es triple, enfática, casi ritual. A veces comía con ella, reconoció. Y se volvía al ministerio.

¿Quién pagaba entonces? El fiscal quiso saberlo. La respuesta del exministro señala a Luis Alberto Escolano, empresario del entorno de Aldama.

El motivo: su «relación directa» con Koldo García, exasesor de Ábalos, a quien Escolano facilitaba gestiones empresariales. La explicación es laberíntica. No necesariamente falsa. Pero laberíntica.

Jésica, el ghosting y una ruptura que todavía duele

Ábalos definió su relación con Jésica Rodríguez como «extramarital». Sin eufemismos. Con esa franqueza que en los juzgados a veces resulta más desconcertante que la mentira.

Habló de una ruptura abrupta. Habló de que aprendió el concepto de ghosting cuando ella desapareció de su vida. «Toda esta intimidad reventada», dijo. «Soy carne de meme. Duele porque tuve una relación sentimental de verdad».

Fue el momento más humano de la mañana. Y también, paradójicamente, el más estratégico.

Porque enseguida vino la acusación velada. Jésica declaró en el Supremo que nunca fue a trabajar a Ineco ni a Tragsatec —empresas públicas donde supuestamente la colocaron—, que ella eligió el apartamento de Plaza de España y que no conocía a Aldama.

Tres afirmaciones que reforzaron la tesis acusatoria sobre malversación y cohecho. Y ninguna de las tres, según Ábalos, se corresponde con la verdad.

«Jésica dijo que no iba a trabajar sin que nadie le preguntara eso. Lo dijo de motu proprio. Y que no conocía al señor Aldama, cuando la conocí por él. Era una persona a la que quise. No encuentro motivo alguno para que diga que no conocía al señor Aldama».

Su conclusión: la coaccionaron. «Ella no dice eso si no se la coacciona. Ella no se inculpa si antes no se le ha dicho ‘di esto, que no te pasa nada'».

Es una acusación gravísima. Lanzada sin pruebas. En medio de un juicio en el que él es el acusado.

Koldo García sonríe. Aldama también

Mientras Ábalos desgranaba su versión, Koldo García observaba desde su asiento. Tranquilo. Aldama también. El que otrora fuera el hombre fuerte del ministerio y el empresario que supuestamente lo corrompió compartían sala y, al parecer, también cierta ecuanimidad ante el espectáculo.

El fiscal jefe Anticorrupción continúa el interrogatorio.

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