El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes ha anunciado que presentará una demanda civil ante los tribunales de Madrid por vulneración del derecho al honor contra Víctor de Aldama, el empresario que en febrero pasado dijo aseguró ante las cámaras de televisión que el titular del departamento intentó pagarle para que se callara.
Félix Bolaños pide 70.000 euros en concepto de daños y perjuicios, más intereses y costas.
Y algo más: que Aldama cese de inmediato en esas declaraciones, que se retracte públicamente y que, en caso de condena, publique el fallo en su cuenta de X.
El origen de todo se remonta al 4 de febrero de 2026. Ese día, Aldama compareció en Telemadrid y afirmó que Bolaños había contactado con su entorno para ofrecerle dinero a cambio de silencio.
La reacción del ministro fue inmediata y taxativa: lo negó en rotundo, anunció que acudiría a los tribunales y descartó haber mantenido relación personal alguna con él.
Pero no presentó la demanda entonces.
La explicación es procesal, y también táctica. Bolaños esperó a que Aldama declarara ante el Tribunal Supremo. Quería saber si volvía a repetir las acusaciones, si las ampliaba, si añadía matices nuevos.
Una vez completado ese trámite, el cuadro fáctico quedó cerrado: la demanda pudo construirse con todo el material disponible, sin dejar flancos abiertos.
El momento en que Bolaños activa la vía civil no es casual. El caso Koldo sigue generando derivadas judiciales y las acusaciones contra el ministro han adquirido una visibilidad que, según él mismo sostiene, forma parte de una campaña de difamación política y mediática.
La demanda es, en ese contexto, algo más que una acción legal: es una respuesta pública a través de los cauces que el ordenamiento jurídico pone a disposición de quien considera que su honor ha sido dañado de forma sistemática.
La cuestión que ahora queda en manos del juez es si las palabras de Aldama cruzaron la línea que separa el ejercicio de la libertad de expresión de la intromisión ilegítima en el derecho al honor. En esa línea, que no siempre es nítida, se dirimen este tipo de batallas.