Las acciones de Moderna se han disparado ayer cerca de un 14% en Wall Street después de que la compañía biotecnológica anunciara el inicio de trabajos preliminares para desarrollar una vacuna dirigida contra el hantavirus, en un contexto marcado por la creciente atención internacional al brote detectado a bordo del buque MV Hondius y por el aumento de la vigilancia epidemiológica sobre enfermedades zoonóticas emergentes.
El movimiento del mercado devolvió temporalmente a la farmacéutica estadounidense al centro del foco inversor.
La compañía, que experimentó un crecimiento extraordinario durante la pandemia gracias a su vacuna contra la COVID-19 basada en tecnología de ARN mensajero, busca ahora ampliar su cartera de productos frente a patógenos considerados de alto potencial epidémico.
La reacción bursátil refleja cómo los mercados siguen extremadamente sensibles a cualquier anuncio relacionado con biotecnología y enfermedades infecciosas.
En cuestión de horas, Moderna pasó de cotizar en terreno plano a liderar las subidas del Nasdaq, impulsada por un renovado interés especulativo y por las expectativas de que nuevas alertas epidemiológicas puedan reactivar inversiones en el sector farmacéutico especializado en vacunas.
Según explicó la empresa en una comunicación dirigida a inversores y analistas, los trabajos se encuentran todavía en una fase temprana de investigación y evaluación científica.
El objetivo inicial pasa por estudiar la viabilidad de aplicar plataformas de ARN mensajero al desarrollo de inmunización frente a distintas variantes del hantavirus, un grupo de virus transmitidos principalmente por roedores y capaces de provocar cuadros respiratorios y hemorrágicos de elevada gravedad.
Con el MV Hondius en el centro de la atención mundial
El anuncio se produce en plena atención mediática sobre el caso del MV Hondius, el buque polar afectado por un brote que ha obligado a activar protocolos sanitarios internacionales y ha reabierto el debate sobre la preparación de los sistemas sanitarios ante amenazas infecciosas emergentes.
Aunque las autoridades sanitarias insisten en que el riesgo de transmisión generalizada sigue siendo bajo, el episodio ha vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad global frente a enfermedades poco frecuentes pero potencialmente letales.
En el ámbito financiero, el mercado interpretó el movimiento de Moderna como una señal de reactivación de su pipeline de vacunas, en un momento especialmente sensible para la compañía.
Tras el desplome de la demanda mundial de vacunas contra la COVID-19, la biotecnológica ha sufrido una fuerte corrección bursátil durante los últimos ejercicios y se encuentra inmersa en una estrategia de diversificación hacia nuevas áreas terapéuticas y enfermedades infecciosas.
Analistas del sector consideran que el interés inversor no responde únicamente al potencial comercial inmediato del proyecto —todavía incierto—, sino también al valor estratégico de consolidar nuevas aplicaciones para la tecnología de ARN mensajero.
El mercado premia, sobre todo, la expectativa de que plataformas desarrolladas durante la pandemia puedan reutilizarse rápidamente frente a futuras amenazas sanitarias.
Hasta la fecha no existe una vacuna ampliamente autorizada y distribuida contra el hantavirus para uso general en los principales mercados occidentales, pese a que determinadas variantes del virus presentan tasas de mortalidad significativas.
Los expertos recuerdan además que los brotes suelen aparecer de forma localizada y esporádica, lo que históricamente ha dificultado el desarrollo comercial de tratamientos específicos.