Mientras España mira al centro, en el sur hombres y mujeres de la Guardia Civil sostienen, frente al narco y la indiferencia, una de las primeras líneas de defensa de la democracia, viene a decir en esta columna Miguel del Castillo del Olmo, magistrado de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Cádiz, coportavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria en Andalucía y escritor. Imagen: Generada digitalmente.

13 / 05 / 2026 05:44

No son los primeros.

Probablemente tampoco serán los últimos.

Ya lo venimos advirtiendo, y advirtiendo de ello venimos.

Pero existe una abrupta cordillera de invisible roca maciza que no permite el tránsito y la llegada del mensaje al centro de España.

Está pasando en el sur.

Junto al mar, frente al océano, continúa una batalla incesante y en minoría por preservar la seguridad del país.

La seguridad, que no hay que confundir con represión violenta, es un presupuesto esencial para el sano y decente ejercicio de los derechos fundamentales, los cuales, más allá del debate filosófico, y desde una perspectiva práctica,  lamentablemente, no existen por naturaleza, sino que se obtienen y conservan merced a la fortaleza en el sostén de los principios de una comunidad.

Para garantizar que se puedan disfrutar, que podamos decir que pertenecemos al primer mundo, y así diferenciarnos de tantos y tan crecientes estados basura o totalitarios, les invito a permanecer de pie junto a las orillas de Andalucía y mirar al frente, parados, lo más cerca posible del agua, hasta casi oler sus olas, a cuya sal se anidan cada  vez más restos de sangre derramada.

Y ahora, cierren sus ojos.

El olor que se instalara en sus mentes procederá, también, de la sangre derramada policías, guardias civiles y agentes de aduanas destinados en las costas del sur.

Perfectamente consciente soy, a la vez, sin mutar el gesto, de vivir en uno de los mejores lugares del mundo, y del peligro que aquí acecha, en un territorio cuya belleza, alegría y profundidad son tan fuente de atracción  para el Bien como para el Mal.

Ese peligro me atraviesa el alma, en este instante, cuando pienso en que mis compañeros guardias civiles y de otras fuerzas y cuerpos  de seguridad se dejan sus vidas a decenas de millas de Huelva, Cadíz, Málaga, Granada o Almería.

Ser juez y callar ante esto es ser cómplice. Desde la Justicia sabemos reconocer que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son de las mejores del mundo.

Miguel del Castillo homenajea en esta columna a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que hacen frente a las redes de narcotráfico en el sur. Imagen: Generada digitalmente.

Trabajan sin cesar, a veces abandonan pronto sus destinos aquí por la sordera que gobernantes de tantas épocas han  padecido, acaso sin darse cuenta, o quizás por percibirnos felices a pesar de todo.

Así que, por favor, desde los lejanos centros, hagan desaparecer tan feroz y secular indiferencia, conozcan con interés superior y de verdad otro de tantos tesoros de España, sepan conservarlo mejor, refuercen en su conciencia lo frágil que es la democracia y el estado del bienestar, y nutran de la mejor manera la protección de nuestros  derechos aquí, en el sur.

Apoyen, todos los políticos, por favor, sin debates pueriles, una actuación común para reforzarnos policialmente, y de paso, a la Justicia.

Porque aquí siempre se querrán empadronar los demonios que todo destruyen, que son ese colectivo de seres humanos, minoritario mas sin escrúpulos, que introduce cruel y lentamente, de forma directa o indirecta, en las mentes de niños y niñas vulnerables, las sustancias estupefacientes que destrozarán sus vidas adultas, y las esperanzas de buena parte de la sociedad.

No  olviden, tampoco, que la droga es fuente ilegal del masivo lucro, entre yates y mansiones, de  oscuras serpientes que tragan a la vez que escupen venenos desde bocas esculpidas y pieles bronceadas que cualquiera puede confundir con signos de éxito personal y humanidad justamente próspera.

Inviertan mucho más en Seguridad. Y de paso, repito, en Justicia. No discriminen más, en tantos sentidos, a esta Andalucía cada vez más próspera y atractiva, pero también más amenazada.

Este es un mensaje de alerta. Y de admiración.

Viva la Guardia Civil. DEP.

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