El TJUE, en su sentencia de casación, confirma que Google abusó de su posición dominante. Foto: Confilegal.

El TJUE confirma la multa de 4.125 millones de euros a Google por Android y avala que abusó de su posición dominante

2 / 07 / 2026 14:08

Actualizado el 02 / 07 / 2026 14:09

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha cerrado este jueves uno de los capítulos más largos —y estratégicos— de la batalla regulatoria contra las grandes tecnológicas. Y lo ha hecho sin matices sustanciales en su sentencia de casación: Google abusó de su posición dominante con Android y la multa de 4.125 millones de euros se mantiene prácticamente intacta.

La Sala Segunda del TJUE –compuesta por los jueces Koen Lenaert (belga), presidente; Fredrik Schalin (sueco); Miroslav Gavalec (checo); y Zoltán Csehi (húngaro)– ha desestimado el recurso interpuesto por Google y su matriz, Alphabet, avalando en lo esencial tanto la decisión de la Comisión Europea de 2018 como la posterior sentencia del Tribunal General de 2022.

El mensaje es claro: el núcleo de la conducta anticompetitiva no se mueve un milímetro.

Lo que Luxemburgo confirma no es solo una sanción, sino una forma de operar. Durante años, Google convirtió Android —formalmente un sistema de código abierto— en una pieza clave para blindar su negocio más lucrativo: el buscador.

Lo hizo a través de arquitectura contractual, no de código. Y ahí es donde el Derecho de la competencia ha terminado por entrar.

El esquema era tan eficaz como difícil de esquivar. Los fabricantes que querían acceder a Google Play —puerta de entrada indispensable al mercado— debían aceptar condiciones muy concretas: preinstalar Google Search y, más adelante, también Chrome.

En la práctica, eso significaba que cualquier alternativa quedaba relegada a un plano residual. El TJUE lo valida: esas cláusulas no eran neutras, eran estructuralmente excluyentes.

El tribunal también respalda otro de los pilares del expediente: los acuerdos antifragmentación. Bajo estos contratos, Google impedía a los fabricantes comercializar dispositivos con versiones alternativas de Android si querían mantener acceso al ecosistema de la compañía.

Traducido al mercado: se cerraba la puerta a posibles alternativas a Android capaces de competir. Para Luxemburgo, el efecto es inequívoco: menos innovación, menos presión competitiva y más consolidación del dominio existente.

No todo ha sido derrota

No todo ha sido una derrota absoluta para Google. Se mantiene la anulación parcial relativa a determinados acuerdos de reparto de ingresos (los conocidos portfolio-based RSAs).

En ese punto, ya el Tribunal General consideró insuficiente la prueba de efectos excluyentes mediante el test del competidor igualmente eficiente.

El TJUE no corrige esa lectura. Pero tampoco le concede mayor recorrido: esa pieza no altera el cuadro global, ni rompe la idea de infracción única y continuada.

Uno de los aspectos más relevantes del fallo está en cómo el Tribunal aborda el análisis jurídico. Google defendía que las restricciones debían examinarse de forma aislada.

Luxemburgo responde en sentido contrario: en mercados digitales complejos, el análisis exige una visión de conjunto. Es la interacción entre cláusulas —y su efecto acumulativo— lo que revela la verdadera dimensión del abuso.

Trece años y una doctrina reforzada

El caso, iniciado en 2013 tras varias denuncias del sector, culmina así trece años después con una doctrina reforzada.

La Comisión había impuesto inicialmente una multa récord de 4.342 millones en 2018; el Tribunal General la ajustó a 4.125 millones en 2022; y ahora el TJUE la consolida definitivamente.

Más allá de la cifra, la sentencia consolida un principio que marcará los próximos años: una empresa dominante no puede diseñar su ecosistema contractual de forma que la competencia quede neutralizada antes siquiera de producirse.

Ni mediante incentivos, ni mediante condiciones técnicas, ni —como en este caso— mediante una combinación de ambas.

El fallo no solo cierra un litigio. Fija estándar. Y lo hace en un terreno —el de las plataformas digitales— donde cada cláusula puede tener efectos sistémicos.

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