In Memorian de Herminio Losada González: Recuperemos el concepto de servidor público

Alberto Palomar Olmeda recuerda en este in memoriam a Herminio Losada González –sobre estas líneas– letrado del Tribunal Constitucional, fallecido el sábado, cuya trayectoria estuvo marcada por una profunda vocación de servicio al Estado.

24 / 08 / 2026 00:12

Actualizado el 24 / 08 / 2026 00:16

Escribir estas líneas es, sin duda, uno de los momentos más complicados en el marco de una relación personal tan intensa como la que me une con Herminio Losada, fallecido en el día de ayer tras una larga trayectoria en la vida pública en diferentes niveles.

La ruptura brusca y demasiado rápida de esta relación no debe, sin embargo, impedirnos ver lo esencial que ahora quiero transmitir. Vamos a lo positivo.

Herminio Losada será recordado durante mucho tiempo como un servidor público. Sin calificativos. Ahora que tendemos a exagerar y a calificar todo, creo que lo mejor es, por el contrario, simplificar los calificativos y quedarnos con las esencias.

Una profunda vocación de servicio al Estado

Servir al Estado es, sobre todo, una profunda vocación. Ya sea en la Seguridad Social, en la AGE, en el Tribunal de Cuentas o, sobre todo, en el Tribunal Constitucional. Todos ellos son servicios al Estado, servicios a los ciudadanos y servicios en los que las personas dan lo mejor de sí mismas por el servicio público.

Conocí a Herminio Losada en los años ochenta. Primero, como alumno de Derecho Administrativo y, luego, como persona a la que mínimamente ayudé a convertirse en letrado de la Administración de la Seguridad Social.

Mi relación personal la reservo ahora para el público en general, pero publico mi sentimiento profesional y lo hago con unas palabras que guardo en mi memoria como teñidas de sentimiento.

Las que el maestro Jaime Guasp dedicó al, también, maestro Alonso Olea como dedicatoria de uno de sus últimos libros y que rezaba: «A quien primero fue mi discípulo y ahora es mi maestro».

La dedicatoria me la exhibió personalmente D. Manuel Alonso Olea y representa lo más sensato que puedo decir en este momento. Yo también considero que el tiempo trastocó las líneas esenciales de nuestra relación profesional y puso a cada uno en su sitio.

Lo que más me ha impresionado en estos días es el sentimiento de muchos compañeros sobre el papel institucional de Herminio Losada en el Tribunal Constitucional.

De alguna forma, podemos decir que la memoria histórica se pierde únicamente a favor de la artificial y esta es, precisamente, una situación que introduce grandes dudas en la evolución de los intérpretes de las normas y en el funcionamiento real de las instituciones.

Es probable que el oficio, la reflexión y el conocimiento se trastoquen en la capacidad de entrenamiento de máquinas o programas. El resultado final de esto está por ver y, sobre todo, nos aleja de lo que ahora quiero resaltar.

El valor de una entrega desinteresada

Realmente, es difícil encontrar personas que hayan hecho de su vocación de servicio el lema de vida. Servir al Estado es preocuparse por él, por sus necesidades, por sus vicisitudes y por el interés general. Para que esto sea de verdad y auténtico, tiene que ser desinteresado y como sin darle importancia.

Esta es la virtud de aquella entrega.

Nos hemos acostumbrado a que los empleados públicos hayan sido devaluados en la percepción social, hayan sido reconducidos a posiciones partidistas y hayan sido alejados del estatus de objetividad, imparcialidad, servicio al interés general y neutralidad.

Es precisamente en el momento en que todo es más perceptible cuando resulta más impresionante la figura de una persona que trató de superar todos los anteriores obstáculos solo con las esencias del servicio público. Servir y trabajar por el Estado es, en algunos casos, lo que más nos puede representar en el plano de los valores.

Siempre se dice que los empleados públicos tienen su puesto asegurado, pero, si somos sinceros, personas con la enorme preparación, capacidad de trabajo y de entrega que demostró laboralmente Herminio Losada no tendrían nunca, en el mundo del Derecho, ninguna preocupación por la fijeza de su situación laboral.

Es, precisamente, por esto, por lo que supone la voluntariedad del esfuerzo y la convicción de hacerlo, por lo que realmente cobra valor.

Herminio Losada deja tras de sí una ingente obra publicada. Rememorando la frase bíblica: «Por tus obras te conocerán».

Su obra, alguna compartida conmigo, es realmente importante, hasta el punto de que juntos sacamos a la luz dos ediciones del Tratado de Derecho Administrativo de Fernando Garrido Falla, a quien ambos reconocimos como el tutor de nuestras vidas académicas y profesionales.

Esta contribución fue, igualmente, un marco de esfuerzo y generosidad porque realmente él había compartido los últimos años de D. Fernando y, sobre todo, su visión constitucional, que, en gran medida, estaba muy aminorada —en favor de la administrativa— desde aquella lejana ya posición de letrado de la Comisión Constitucional en la elaboración de la Constitución española.

Haber compartido esta posición —junto a muchas otras— demuestra que la curiosidad, la inquietud, el sentido del deber y el de aproximar el Derecho a los interesados con una visión crítica y rigurosa son elementos que califican una forma de ver la vida.

El Tribunal Constitucional pierde a un enorme servidor público

Es necesario indicar, además, que la condición de servidor público se puede ejercer con buen humor, con sentido de la relatividad y con mesura en los propios planteamientos. Esta forma de ver la vida te sitúa en un terreno que acaba percibiéndose como la marea en el marco de la vida del mar.

No es la ola rompedora; es el trabajo diario, el acierto y las ganas de ayudar lo que calificó la posición de Herminio Losada en la vida pública y, específicamente, en el Tribunal Constitucional.

Vimos muchas renovaciones, vimos muchas personas nuevas, cargos, órganos y cambios de todo tipo, pero, al final, nadie pudo regatear la alabanza a quien no tiene más pretensión que la de ser útil, que la de trabajar, conocer y, en una palabra, servir.

He pensado mucho en el enfoque de estas palabras y creo, sinceramente, que la mejor idea que puedo transmitir en este momento es la de que el Tribunal Constitucional y, por ende, España han perdido un enorme servidor público. Como decía, es innecesario indicar que ejemplar, magnífico o cualquier otro calificativo.

Servir a España y al Estado no merece calificativos cuando quien lo hace cumple literalmente con su labor y con su compromiso. De esto no queda duda, como tampoco del enorme vacío que este tipo de personas dejan en las instituciones y en la vida de quienes las hemos conocido y tratado.

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