El magistrado de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, Celso Rodríguez Padrón, ha reivindicado la independencia y la imparcialidad de los jueces como valores esenciales del Estado de derecho y ha defendido que deben preservarse «al margen de intereses partidistas o cálculos electorales».
Rodríguez Padrón ha hecho hoy esta reflexión durante su intervención en el encuentro «Ética, sociedad y derecho», que ha comenzado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander, impulsado por la Fundación Fernando Pombo, junto con la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, la Fundación Mutualidad y el despacho Gómez-Acebo & Pombo.
El magistrado participó en la segunda sesión del encuentro, dedicada a la relación entre ética y justicia y moderada por Carlos Saiz Díaz, socio del Área de Penal de Gómez-Acebo & Pombo.
Su intervención se centró en la proyección de la ética sobre el poder judicial y en su importancia para la calidad democrática.
Rodríguez Padrón situó en el centro de esa reflexión la función constitucional de los jueces y su sometimiento exclusivo a la ley.
«La tutela de los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos sin más norte ni obediencia que el imperio de la ley constituye uno de los rasgos que singularizan al poder judicial dentro de la arquitectura constitucional del Estado», afirmó.
Una declaración con la que vinculó directamente la función judicial con la protección de los derechos de los ciudadanos y con uno de los principios fundamentales sobre los que descansa el Estado de derecho: que el juez resuelva conforme a la ley, sin someterse a otros condicionamientos.
El magistrado del Supremo fue más allá al enumerar los principios que, a su juicio, integran la dimensión ética del ejercicio jurisdiccional.
«La independencia, la imparcialidad, la igualdad real, el Estado de derecho y la propia idea de justicia conforman», señaló, «un ámbito ético, un espacio de responsabilidad y compromiso constitucional».
Ese compromiso adquiere una especial relevancia cuando se proyecta sobre la relación entre Justicia y política. Rodríguez Padrón defendió que esos valores deben ser preservados por los jueces «al margen de intereses partidistas o cálculos electorales».
Una afirmación que coloca la independencia judicial no sólo en el terreno de las garantías constitucionales, sino también en el de la responsabilidad ética individual de quienes tienen encomendada la función de juzgar.
Rodríguez Padrón concluyó reivindicando la defensa de la rectitud y de la justicia como un compromiso eminentemente ético y como una responsabilidad que los jueces deben ejercer diariamente con «orgullo» y «vocación de servicio».
PENDÁS: LA DEMOCRACIA DEBE RESPONDER AL POPULISMO CON SOLUCIONES
La reflexión sobre el papel de los jueces formó parte de una jornada más amplia en la que juristas, filósofos y académicos analizaron la relación entre ética, ciudadanía, instituciones y democracia.
La conferencia inaugural corrió a cargo de Benigno Pendás, presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, bajo el título «La lucha por la Constitución: perspectivas éticas, sociales y jurídicas».
Pendás defendió que «la democracia constitucional debe hacer frente al populismo ofreciendo soluciones eficaces y no conflictos partidistas».
También reclamó que «la ética debe presidir los comportamientos sociales y económicos», algo que vinculó expresamente con la defensa del mérito y la lucha contra la corrupción.
El presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas abordó igualmente el impacto de la inteligencia artificial en el mundo jurídico: «La IA es un gran instrumento para el Derecho, pero no puede sustituir al ser humano».
Y lo resumió con una frase: «Nosotros somos libres; las máquinas, no».
CORTINA: «TOMARSE LA ÉTICA EN SERIO»
Tras la conferencia inaugural se celebró una mesa redonda sobre ciudadanía, valores e instituciones, moderada por Juan Santamaría Pastor, catedrático emérito de Derecho Administrativo, académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y patrono de la Fundación Fernando Pombo.
Participaron las filósofas Victoria Camps y Adela Cortina y el sociólogo Emilio Lamo de Espinosa. Francisco J. Laporta, que no pudo asistir presencialmente, trasladó sus reflexiones mediante un artículo entregado a los asistentes.
Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política, llamó a «tomarse la ética en serio» en una sociedad en la que, según explicó, «la gente no argumenta, intercambia información».
Cortina incidió en la necesidad de disponer de una ética común incluso dentro de sociedades caracterizadas por el pluralismo. Su planteamiento parte de que ninguna sociedad puede construirse y mantenerse sin unos principios y valores compartidos.
También diferenció entre «lo justo» y «lo bueno». Lo justo, explicó, pertenece al terreno de la exigencia y proporciona el marco imprescindible para hacer posible la convivencia.
Frente a la polarización y la ausencia de argumentación, reivindicó el diálogo y el entendimiento como instrumentos para encontrar esos espacios comunes sobre los que se construye una sociedad democrática.
«Son felices los que trabajan por la paz», concluyó.
CAMPS ADVIERTE DE LA «DESMORALIZACIÓN» SOCIAL
Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política y exconsejera de Estado, centró parte de su intervención en las consecuencias del neoliberalismo y en la responsabilidad individual respecto del bien común.
A su juicio, esta evolución ha puesto de manifiesto «la escasa fortaleza moral de un sujeto que debería ejercer la libertad no sólo en beneficio propio sino con vistas a un bien común».
Camps llamó también la atención sobre un estado de «desmoralización» capaz de generar descontento y desorientación.
Frente a ello, defendió la construcción de «subjetividades valientes y comprometidas con un progreso no sólo técnico y material, sino auténticamente humano».
LAMO DE ESPINOSA: INSTITUCIONES CAPACES DE CANALIZAR EL CONFLICTO
Emilio Lamo de Espinosa, catedrático emérito de Sociología, expresidente del Real Instituto Elcano y académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, puso el acento en la figura del ciudadano, que calificó como una de las grandes innovaciones de la historia occidental.
Lamo relacionó además tres elementos fundamentales de las sociedades contemporáneas: democracia, mercado y ciencia.
Son, explicó, «tres ámbitos que comparten una misma lógica: asumir que nadie posee el monopolio de la verdad y convertir el conflicto en una fuente de aprendizaje colectivo».
«La fortaleza de Occidente no reside en haber eliminado los desacuerdos, sino en haber creado instituciones capaces de canalizarlos y corregirse a sí mismas», afirmó.
LAPORTA ALERTA DEL DETERIORO INSTITUCIONAL
Francisco J. Laporta, por su parte, advirtió en el artículo remitido a los participantes sobre las consecuencias del deterioro progresivo de las instituciones y del aumento de la desconfianza en las sociedades democráticas.
«Cuando se debilitan la veracidad, la autoridad o la fiabilidad de quienes desempeñan responsabilidades públicas, se erosiona también la legitimidad de las instituciones jurídicas y políticas», señaló.
Las distintas intervenciones confluyeron así en una preocupación común: la necesidad de fortalecer los vínculos de confianza sobre los que descansa la convivencia democrática y preservar unas instituciones capaces de garantizar la libertad, el pluralismo y la cohesión social.
El debate sobre la dimensión ética de la Justicia tendrá continuidad el 11 de septiembre con la intervención de Antonio del Moral García, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que analizará la ética en la función judicial y completará el bloque dedicado al papel de los jueces en el Estado de derecho.