Conté una vez. Dos veces. Tres veces. En el salón de actos del Hospital Carlos III, en Madrid, había más de 30 cámaras de televisión instaladas esperando a Teresa Romero.
La auxiliar de Enfermería que había vencido al ébola sin duda era la ganadora de todas las ruedas de prensa convocadas a lo largo de 2014 hasta ese 5 de noviembre.
Y después, también.
Los periodistas ocupábamos todos los sillones y los fotógrafos se movían en enjambres, peleándose por hacer la mejor instantánea.
Ese era, sin duda, el caso del año.
Pensé en la “mente legal” detrás de todo aquello.
José María Garzón, socio director de Garzón Abogados. Lo había conocido 16 años atrás, cuando yo era director de Tribunal Televisión, el primer canal de televisión de Europa dirigido al mundo de la Justicia y “sus satélites”. Se distribuía a través de la desaparecida Vía Digital.
Estábamos a punto de comenzar “Foro Abierto”, el programa de debate que yo dirigía y presentaba cuando entró en el plató. Garzón gastaba la misma figura que había visto en alguna sala de autopsias: analítico, perspicaz y buen profesional.
Conocía bien su, hasta entonces, corta trayectoria.
Había tenido su “bautizo de sangre” en la primera división de los casos penales en 1997, ejerciendo la acusación particular en nombre de Fernando García y Fernando Gómez, dos de los padres de Myriam, Toñi y Desiree, las tres niñas asesinadas en el pueblo valenciano de Alcásser.
En aquel tiempo yo estaba leyendo “El héroe de las mil caras”, el libro de Joseph Campbell sobre el que George Lucas basaría después sus películas de “La guerra de las galaxias”.
No sé porqué, pensé en él como en un mítico joven héroe que iniciaba su aventura personal, que ya había superado el primer umbral y que estaba próximo a hacer frente a las grandes pruebas que tendría que afrontar en su carrera.
Una especie de Lucas Skywalker, Indiana Jones, capitán Trueno, Tintín, príncipe Valiente o Frodo Bolsón.
No me equivoqué. El tiempo me ha dado la razón.
Hoy, más de tres lustros después, dirige la acción judicial más mediática del año, representando a Teresa Romero. Lo que ya ha supuesto el cese de Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, por ofender a la auxiliar.
“SELF MADE MAN”, HOMBRE HECHO A SÍ MISMO
En Estados Unidos dirían de él que es un “self made man”, un hombre que se ha hecho a sí mismo. Nació en una familia humilde cuya situación económica le obligó a ponerse a trabajar a los 18 años recién cumplidos. Hizo una oposición a funcionario, que sacó con muchos codos, y luego cursó dos carreras al mismo tiempo: la de Derecho y la de Graduado Social.
“Trabajaba por la mañana y cuando salía me iba a la Facultad de Derecho, de 4 a 8, y a la otra, de 7 a 10. ¿Dormir? Dormía poco”, admite. “Pero las saqué”.
De aquel maratón obtuvo no sólo sus títulos sino también la costumbre de levantarse a las 5:30 en su casa de Pozuelo.
El mundo de la Administración se le quedó pequeño al descubrir que lo que más le atraía en el mundo era el ejercicio del derecho. Dio el salto sin pensarlo.
Después de aquel primer encuentro en el plató de Tribunal Televisión, el joven letrado hizo frente a nuevos “dragones” en casos que hicieron historia como acusación particular como el de “Rocío Wanninkhof”, representando a Alicia Hornos, en el juicio contra Dolores Vázquez, el de “Sonia Carabantes”, la joven asesinada por el británico Anthony King, el de “Sandra Palo”, la madrileña que fue violada y asesinada por un grupo de jóvenes, el de “Dolores Martín del Pozo”, que encargó el asesinato de su marido a un sicario, el de “Nanysex”, por abusos sexuales a menores, el del «asesino de la baraja» -con dos acusaciones particulares- y a la soldado Dolores Quiñoa, la militar que acusó a un superior de haberla violado.
También ha sido el acusador en varios casos de la banda de los Latin Kings y en el del alcalde de Las Rozas, acusado de prevaricación por su gestión al frente de la Alcaldía de Guadarrama.
Y ha ejercido la dirección letrada en la impugnación de las elecciones internas del Real Madrid Club de Fútbol y, recientemente, de Podemos Madrid.
Garzón, además, ha representado los intereses de numerosos personajes de relevancia, como Albano, contra Tele 5, Antonio David Flores contra Rocío Carrasco o Ernesto Neyra.
En este “tren que es la vida”, Garzón –nada que ver con el famoso juez- ha representado con éxito también a periodistas y medios de comunicación en sus cuitas ante la justicia.
Lo que me imaginé que sería José María Garzón en aquel entonces se ha superado con creces.
No tiene un bufete con 200 personas y oficinas en París, Londres, Nueva York, Sao Paulo, Buenos Aires y Mexico D.C.
Tras realizar su camino, vencer todos los obstáculos, vencer al Leviatán y regresar con “el elixir”, “la espada mágica” o “el santo grial”, Garzón regresó “transformado” -como establecen los cánones relatados por Campbell-; ha renunciado a ello.
Su objetivo en la vida no consiste en convertirse en “megamillonario” sino ser uno de los mejores en su oficio. Quiere ser el mejor. Y disfrutar con ello.
A Garzón le gusta el trato personal con los clientes. Esa es una de las marcas de su moderno bufete, situado en la madrileña calle Ayala.
Fue decorado por Concha, su esposa, que también es uno de los socios de Garzón Abogados, junto con Jesús, su hermano, a los que adora.
El “lugar del héroe” es claro y diáfano. Allí hasta los trámites en apariencia complicados son fáciles. La “cancerbera” Soraya se ocupa de que tanto los nuevos clientes como los habituales se sientan como en casa.
“¿Si soy feliz?”, se sorprende ante la pregunta. “Si la felicidad consiste en disfrutar con lo que hago, con saber que mi familia y los míos están cuidados, entonces sí, me considero un hombre razonablemente feliz”.
Un hombre razonablemente feliz que se muere por el desafío que representa cada nuevo caso. Por hacerle frente. Por doblegarlo. Por vencerlo. Una vez más. Otro día más.