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El coronel Montesinos convirtió a España en pionera en la transformación de las cárceles en el siglo XIX

El coronel Manuel Montesinos hizo que España fuera pionera en Europa en la implementación de un sistema penitenciario basado en la reinserción social; sobre estas líneas, el mencionado coronel y la prisión de Valencia, donde puso en práctica sus ideas humanitarias.

España fue pionera en implantar las ideas revolucionarias y humanitarias en el sistema penitenciario. Así, a mediados del siglo XIX, mucho antes de que el resto de Europa abandonara las antiguas estructuras penitenciarias basadas en el castigo físico, la reclusión y la falta de higiene, el coronel Manuel Montesinos, director de la prisión de Valencia, puso en práctica allí el sistema progresivo penitenciario que permitía la reducción de pena por trabajo y mejoraba las condiciones de los presos.

Montesinos creía en la reinserción de los presos y procuraba hacerles comprender que la disciplina era indispensable, pero que ellos podrían redimir sus penas por trabajo y así conseguir, en último término, la libertad condicional.

El coronel estaba tan convencido de sus ideas que sin ninguna Ley que lo autorizara, pero amparándose en las Ordenanzas Generales de Presidios de 1834 las puso en práctica en el penal de Valencia.

En poco tiempo consiguió transformar la citada prisión en una cárcel de «seguridad mínima» y para ello, creó talleres, oficinas, farmacia, enfermería, patios con naranjos y hasta un pequeño jardín. El lema del coronel Montesinos era sencillo: “la prisión sólo recibe al hombre. El delito se queda en la puerta”.

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Cuentan algunos de sus biógrafos que en una ocasión, la autoridad militar de Valencia tuvo que desguarnecer el presidio ante una revuelta popular y, la respuesta del coronel Montesinos no fue otra que dar armas a los presos para que estos lo defendieran ante una posible invasión.

Y para eso hay que tener mucha confianza en los reclusos, algo que él tenia.

EL SISTEMA CONSISTÍA EN TRES FASES

El sistema del coronel Montesinos se basaba en tres fases, pero siempre haciendo énfasis en que quienes lo realizaban debían alcanzar, al final del proceso la “libertad condicional”.

La primera fase era la “de hierro”, representada gráficamente por los grilletes o cadenas en los pies, que les recordaba de esta forma su acción indebida.

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La segunda, denominada de “trabajo” pretendía mantener al preso ocupado y distraído de su propio dolor y, al mismo tiempo, iniciarlo en el trabajo como un medio de reforma y rehabilitación del penado y no como medio de sufrimiento en expiación de sus delitos.

La última fase era la de “libertad intermedia”, que consistía en el trabajo de los presos fuera de la prisión y su vuelta al centro por la noche. Y luego…, conseguir la libertad condicional.

Y es que tanto el sistema de Montesinos, como el que actualmente tenemos, heredero de aquel, buscan la reeducación y reinserción en la sociedad del recluso y no, simplemente el castigo.

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