In memoriam del fiscal de la Audiencia Nacional, Luis Barroso
Luis Barroso, recientemente fallecido, ha sido fiscal de la Audiencia Nacional. Confilegal.

In memoriam del fiscal de la Audiencia Nacional, Luis Barroso

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17/5/2016 11:02
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Actualizado: 09/3/2021 12:38
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Luis Barroso, fiscal de la Audiencia Nacional, acaba de fallecer. Pedro Crespo Barquero, fiscal de Sala del Tribunal Supremo, hace aquí una semblanza de quien fue un gran fiscal y un magnífico compañero.

Detrás del genio socarrón, del comentario a tiempo que nos hacía reducir a la mejor risa el asunto más trascendente, había un hombre hondo, un segoviano genuino, de entrada en ocasiones desconcertante pero sabio en el arte de hacerse querer de inmediato.

Quien sin conocerlo escuchaba por primera vez en su cátedra preferida, la barra de un bar de amigos, su discurso trufado -como decía ayer nuestro maestro común- de ideas en apariencia peregrinas, como el tronar de un don Quijote fuera de siglo, podía dejarse engañar y no ver al humanista cultivado, al doctor en políticas, al jurista fino de diagnóstico exacto y solución útil.

Había que estar muy atento para entender cómo su mente lúcida, armada de esa sencillez de la que solo es capaz el que lleva la humildad en el código genético, iba, más que hilando, liando cada argumento hasta encajar todo un saber enciclopédico en los cuatro puntos cardinales de su querido Turégano, en la reunión de amigos que tenía pendiente, en el último partido de su Atleti o en cualquier vieja historia que casi nunca acababa de contar. De ahí salía la luz para el problema más complicado. Y solía atinar.

En el trabajo fue como en lo demás de la vida: bueno en todas las acepciones del término, discreto en el sentido cervantino, y certero en la medida en que puede serlo quien lucha cada día por encajar la justicia en el derecho.

Militantemente ajeno a la hoguera de las vanidades en cuya proximidad, como fiscal de la Audiencia Nacional, se desenvolvió su más larga etapa profesional, él solo se dedicó a su trabajo tal y como siempre lo entendió: resolver lo mejor que sabía los problemas a los que tenía que hacer frente. Trabajó mucho, y lo hizo como había que hacerlo. Fue valiente cuando tocaba, lealmente rebelde si procedía, y siempre silenciosamente dispuesto. Un compañero que lo tuvo cerca en los últimos tiempos me decía que nunca hizo el más mínimo daño. En los tiempos que corren, ya es decir.

Su dignidad y su autoridad venían envueltas en ese halo de aparente despiste que a veces acompaña a quienes saben de verdad lo que es importante en esta vida. Pero los que con el tiempo, con el trato y con el afecto que derrochaba y provocaba tuvimos el privilegio de poder asomarnos dentro de su disfraz de Homer Simpson, sabíamos que allí dentro habitaba uno de los sujetos más inteligentes, más generosos y más comprometidos con la idea de justicia que ha tenido la fortuna de integrar en sus filas el Ministerio Fiscal español; un padre cuyas hijas ni siquiera imaginarán, probablemente, lo mucho que significaba para tantos de nosotros, sus amigos y compañeros, y cuánto hemos aprendido de él.

Por eso es bueno dejárselo claro, aprovechando que ahora Luis no puede negarse a que aireemos su nombre en letra de imprenta. Seguro que nos lo perdonará tomándonos unas cañas en algún bar de la eternidad. Y además se empeñará en pagarlas.

Pedro Crespo Barquero.

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