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Alarma ante el control de los pagos superiores a 1000 euros

Juan Ramón Montero
Alarma ante el control de los pagos superiores a 1000 euros
Juan Ramón Montero, abogado del ICAM.
01/12/2016 17:42
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Actualizado: 01/12/2016 17:42
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El descenso de la prohibición de realizar pagos en efectivo superiores a 1000 € constituyen una grave alerta de la situación de control de los ciudadanos.

En ella la libertad individual queda supeditada a los intereses de los gobiernos y de los poderes económicos y políticos. Resulta evidente que las excusas de controles de blanqueo de dinero no se corresponden con las actuaciones delictivas sino con la supresión de libertades que conllevan las actuales normativas intervencionistas, no resultando necesario realizar un derroche de inteligencia para comprender que la auténtica razón de estas estructuras de amputación de la independencia individual se dirigen en el interés de habilitar el modo de estabulación de las personas libres, para, en ese propósito, poder controlar e impedir cualquiera de sus actividades.

Todo ello en intereses propios del colectivo dominante; de hecho la búsqueda de la supresión total del dinero efectivo implica la obligada estructuración, en las actuaciones de cada uno de nosotros, a través de los pagos bancarios, de cualquier actividad humana, esta situación permitirá, superando las mayores elucubraciones de las predicciones orwellianas, conocer cada uno de los pasos que cada uno los ciudadanos da.

Como todos sabemos el pago a través de una tarjeta de crédito o una transferencia supone conocer que hemos comprado, dónde hemos estado, con quien nos relacionamos, quienes son nuestros amigos o nuestros enemigos, que nos gusta, a que nos acercamos, adonde nos dirigimos y de que nos alejamos.

Esto sin duda dará lugar a ese control absoluto de datos, mientras se impide conocerlos entre los ciudadanos libres mediante leyes de protección de datos solo a estos aplicables, lo que permitirá a esos poderes, que si tienen el acceso a ellos, imponer un sistema de control y de dominio que cada vez hará más difícil la independencia, la libertad y la dignidad de las personas, atacando las raíces del humanismo cristiano: su poder de decisión soberano.

El poder colectivo se impone sobre los derechos individuales y sobre la capacidad de actuación de cada cual, por otra parte esto permitirá, en aquel ordenamiento de la conducta de cada uno de nosotros, dar pasos graves e irretornables estableciéndonos como esclavos del siglo XXI en favor de quienes detentan el control de aquellos medios.

Es evidente que los bancos, desde estos avances en los controles y disposiciones que han hecho casi prácticamente imposible realizar pagos fuera de los mismos, dando lugar a que se convierta en imprescindible actuar a través de ellos, van a conseguir hacer obligatorio el disponer de una cuenta bancaria que supondrá, como ya supone, que puedan ir aumentando comisiones, estableciendo controles de pagos, gravámenes y limitaciones para disponer de lo que es nuestro. De este modo obtendrán nuestro dinero a través de las imposiciones que tengan a bien hacernos, con el favor y el apoyo de las autoridades correspondientes, que de este modo podrán ampliar sus recaudaciones e impuestos para seguir engordando la maquinaria que solo ellos controlan.

Situaciones de tal gravedad que, en la ceguera que nos ocupa, no podemos llegar a entender, llegando a tragar o justificar que alguien nos diga sencillamente cómo tenemos que pagar y que podemos y debemos hacer con el dinero, que nos  pertenece a cada uno de nosotros, nos convierte en sospechosos, invirtiendo la presunción de inocencia y dando por bueno que somos culpables, aunque lo hayamos ganado con nuestro esfuerzo y nuestro sudor o con orígenes absolutamente lícitos.

En esta situación, de extrema alarma, lamentablemente estamos está entrando en absoluto silencio una sociedad adormecida y ciega, inconsciente de que serán autómatas despojados del mayor de los bienes, la libertad.

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