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Un domingo cualquiera: crónica de una carrera solidaria

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Nunca he sido corporativista. No le concedo a ninguna profesión bondades más altas que las de realizar una función para la sociedad. Cierto que hay labores que sirven de una manera más directa a la sociedad que otras, pero en términos generales, todas y cada una de las profesiones contribuyen al bienestar público.

De esta manera no creo que la profesión de abogado tenga, en origen, mayores valores que cualquier otra, ni que seamos adalides de ninguna de las virtudes que aspiran a conformar nuestra sociedad. Cumplimos, con criterio general, una función con profesionalidad, honradez y dedicación, cómo cualquier otra.

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Dicho lo anterior, cuando cómo colectivo realizamos actos que son destacables, al ser hechos y no características que nos atribuimos, debemos meritarlos y ponerlos en valor. Una de estas acciones protagonizadas por abogados y capitaneada por el Colegio de Abogados de Madrid, tuvo lugar el domingo pasado.

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Más de dos mil personas participamos de la “Carrera por la Justicia Social” que promovió el ICAM. No sólo había abogados, sino clientes, empresas, profesionales del mundo jurídico y corredores sin más. Todos ellos disfrutando de una actividad cada vez más extendida y que en este caso, además pretendía ser una llamada a la concienciación de la ciudadanía y de los profesionales del sector jurídico, y en concreto a aquellos que somos abogados, a promover el acceso a la justicia social, con motivo precisamente del Día Internacional de la Justicia Social.

Como conocedores de las leyes, sabemos que están son instrumentos sobre los que se construye una sociedad. Todo aquel grupo que pretende vivir sin el imperio de la ley caerá en la barbarie. Pero debemos ir más allá, toda aquella sociedad que pretenda vivir sin leyes que promuevan y garanticen los derechos con los que todos nacemos por la mera condición de ser personas, caerá en la barbarie.

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Nos corresponde, por lo tanto, a aquellos que manejamos las leyes en nuestro quehacer diario ser promotores de estos principios que deben regir nuestra sociedad y beligerantes en aquellos otros lugares donde todos estos valores, conceptos e ideas están vetados o se encuentran en peligro. Y no sólo ello, sino debemos en nuestra propia realidad social superar prejuicios y zonas grises que mantienen a muchas minorías en condiciones de desigualdad. Estos, creo, deberían ser nuestros retos como abogados en términos sociales.

En ese contexto la iniciativa del Colegio, por medio Centro de Responsabilidad de la Abogacía Madrileña me parece muy acertada y por ello, cuando nos propusieron colaborar con la Carrera por Justicia Social en Ceca Magán nos sumamos al proyecto. Vaya desde aquí mi felicitación al Centro y al ICAM por esta iniciativa.

En cuanto a la carrera tan solo faltó algo de sol para mi gusto. Fue un placer correrla, aunque no tanto en el tramo de Nuevos Ministerios a Plaza Castilla donde ya “pica demasiado para arriba” y el esfuerzo es mayor. Desde el buen ambiente en la salida a la entrega de premios el buen tono se percibía. Le favorecía ser una carrera aún pequeña, aunque dos mil corredores es una muy buena cifra, pero eso nos permitía saludar a muchos conocidos antes de salir, a la llegada e incluso durante la carrera donde te encontrabas a un amigo, y a veces rival en el estrado, sufriendo a la altura de Cuzco y darle ánimos porque ya se acaba la subida. Porque las carreras tienen mucho de eso, de lucha contra tu propio crono.

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No compites contra aquellos que corren a tu lado, sino contra ti mismo y cuando ves que hay corredores que pasan a tu lado, con mejor ritmo, como mejor zancada, con una cara en la que no hay sufrimiento y te animan, hace que aun te esfuerces más, que el camino sea más leve y sigas hacia arriba animando, entonces, a aquellos que aún van peor que tú y que también luchan contra sí mismos.

Disfruté, ya lo estáis leyendo mucho en la carrera, con mis compañeros del Club de Running de Ceca, hasta nuestra presidenta Mamen Roldán dio un premio y todos la coreamos. Pero disfruté mucho viendo a caras amigas, saludando a conocidos y sobre todo, sintiendo que esta carrera, y llevo muchísimas corridas, me pertenecía.

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En toda lo que componía ese domingo, en ese mensaje, en esa carrera, en toda aquella gente, había un sentido de pertenencia, de identidad del que me enorgullecía. Quizás, porque las otras veces que me enorgullezco de mi profesión son en ámbitos habituales, en el despacho, en el juzgado, en los congresos, en los actos institucionales y esta vez era fuera de ese ambiente, en la calle, ante los ciudadanos, de una manera abierta a otros mundos.

No se, si esas camisetas negras tenían algún tipo de simbolismo con las togas que nos ponemos para defender a nuestros clientes, pero quiero pensar que cuando la gente que tranquilamente paseaba por la calle el domingo y veía a dos mil personas con una camiseta negra corriendo, y preguntaba quiénes son, alguien les respondía que son los abogados de Madrid que corren para lanzar un mensaje, una idea de que otra sociedad es posible, una mejor y más justa.