Sobre la necesaria reforma de la ley de violencia de género

Sobre la necesaria reforma de la ley de violencia de género

17 / 03 / 2017 05:58

Actualizado el 08 / 09 / 2017 14:48

La Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados está trabajando intensamente con el fin de alcanzar un deseado pacto de Estado en materia de violencia de género. El principal objetivo que se pretende conseguir es el de reducir drásticamente el número de mujeres que son asesinadas por sus parejas y exparejas, terrible número que la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LO 1/2004) no ha conseguido disminuir significativamente.

Pero al mismo tiempo no puede dejarse de tener en cuenta que los feminicidios son solo la punta del iceberg, pues no en vano al año se presentan en España más de 130.000 denuncias por casos de violencia de género.

El planteamiento de la Comisión de Igualdad viene a insistir en la definición del propio concepto de “violencia de género” creado por la citada Ley de 2004: es la violencia dirigida contra las mujeres por el hecho mismo de ser mujeres. Esta definición, que aparece en el primer párrafo de la exposición de motivos, era sin embargo contradictoria con el articulado de la propia norma, que reducía el objeto de la ley a un caso muy concreto: el de la violencia ejercida por un hombre a la mujer con la que tiene o ha tenido una relación sentimental.

En consecuencia lo que la Comisión de Igualdad pretende en este momento es dotar de contenido a la definición legal ampliando los casos que quedan amparados por la ley a otro tipo de relaciones entre hombres y mujeres como pueden ser las relaciones laborales. En nuestra opinión, resulta claro que partiendo de la definición resulta coherente aplicar la norma a esos otros casos en que también un hombre (“macho”) ataca a una mujer (“hembra”) por el hecho de serlo.

Ahora bien, la coherencia es simplemente una virtud de carácter formal y por lo tanto para analizar la oportunidad de la modificación legislativa será necesario plantearse si la definición primera es adecuada o no. Porque si lo es, la coherencia de extenderlo a otros casos podrá dar resultados satisfactorios; pero si no lo es, la coherencia tendrá como consecuencia insistir en un error conceptual y desviarse del objetivo que unánimemente la sociedad exige: la erradicación de la violencia contra las mujeres.

Hace años que nosotros como abogados de familia venimos defendiendo que el problema de la ley de violencia de género no es solo la falta de recursos que se invierten sino sobre todo la manera en que se utilizan los existentes, como consecuencia precisamente de una conceptualización equivocada.

En palabras de Gustavo Bueno, si un hombre atacara a una mujer por el hecho de serlo este mismo hombre saldría a la calle a atacar a cuantas más mujeres mejor, que son tan mujeres como “su” mujer. Pero esto no ocurre, sino que incluso no es infrecuente ver que tras el asesinato de su mujer salen vecinos y vecinas diciendo que el homicida era “buena persona” y que no se imaginan qué ha podido ocurrir. Y efectivamente así es: el mismo hombre encantador con sus amigas, vecinas y compañeras de trabajo puede estar simultáneamente sometiendo a grave violencia a su mujer.

En nuestra opinión la llamada “violencia de género” tiene como base la relación de pareja, y no difiere en lo sustancial de la que tiene lugar entre parejas homosexuales o incluso la que pueden sufrir hombres a manos de sus mujeres. El número es notablemente diferente, desde luego, pero el concepto es sustancialmente el mismo. En los últimos años de los homicidios habidos en relaciones de pareja el 90 % lo han sufrido mujeres, el 9 % hombres a manos de sus mujeres y el 1 % hombres a manos de sus maridos.

Que la reforma de la ley de violencia de género se hace imprescindible lo sabemos todos los ciudadanos que nos alarmamos con cada uno de los asesinatos que todas las semanas vemos por televisión. Cada uno de ellos es la constatación de que la ley no ha dado los frutos que se buscaban. Ahora bien, si la reforma continúa por la vía que se está planteando podemos encontrarnos con que una vez conseguido el pacto de Estado sigamos siendo espectadores de cómo la violencia contra las mujeres no termina.

Y en nuestra opinión, mientras no se deseche como causa una mítica “guerra entre sexos” que viene a sustituir a la guerra de clases marxista no podremos enfocar correctamente un problema que tiene como sede genética a la institución familiar.

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