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Los grandes desafíos legales de Pedro Sánchez en las próximas semanas

Pedro Sánchez ayer, en el momento en que votó en la Agrupación de Pozuelo de Alarcón, Madrid. EP.
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José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general del PSOE en el 35ª Congreso, en julio de 2000, por sólo 9 votos de diferencia frente a su más directo rival, José Bono.

Entonces los líderes del partido socialista todavía eran elegidos por los delegados elegidos por las federaciones. 933, en aquella ocasión.

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A pesar de que «el ambiente» estaba controlado por el aparato, que apoyaba a Bono, Rodríguez Zapatero ganó con 414 votos, un 44,3 por ciento del cuerpo electoral del Congreso.

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Bono obtuvo 405  votos; un 43,4 por ciento.

Esos 9 votos de diferencia representaron un 0,9 por ciento de diferencia, pero ganó.

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La victoria de ayer de Pedro Sánchez, por el sistema de primarias -voto directo y secreto de los más de 186.000 militantes del PSOE-, fue mucho más rotunda: 74.223 votos, un 50,21 por ciento de las papeletas emitidas.

O lo que es lo mismo, 15.182 votos más que su más directo rival, Susana Sánchez, que consiguió 59.041 votos, un 39,94 por ciento, y 69.652 papeletas más que Patxi López, que consiguió 14.571 votos, un 9,85 por ciento de las papeletas.

Ha sido una victoria rotunda que le devuelve la legitimidad perdida tras su dimisión, en 2016. Su legitimidad es superior a la que dispuso Rodríguez Zapatero en aquella victoria histórica.

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Los ‘Scilla y Caribdis’ de Pedro Sánchez

Sin embargo, tras la victoria, el secretario general del PSOE tiene que afrontar sus particulares «Scilla y Caribdis»: Cerrar las heridas internas, integrar con generosidad a los derrotados -muchos de ellos «traidores», desde su punto de vista- y volcarse en generar un programa «socialista», con respuestas a los múltiples problemas de la sociedad, que se distinga con claridad de lo que vende  Podemos ante los votantes.

Y lo tiene que hacer en un tiempo record. Lo del programa tendrá que gestarse en el Congreso Federal del PSOE, previsto para el 17 y el 18 de junio próximo. Un Congreso en el que, además, será elegida una nueva Comisión Ejecutiva Federal así como un nuevo Comité Federal, que saldrán de los votos de los delegados que serán elegidos por las 17 federaciones en las próximas semanas, como bien indica Llorente y Cuenca.

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Falta por ver si las declaraciones de apoyo al nuevo secretario general, pronunciadas por la derrotada Susana Díaz -Andalucía fue el único feudo en el que no ganó Sánchez- y Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura, que se pronunció con claridad por Díaz, pasan de las musas a los hechos.

En Extremadura los militantes socialistas votaron mayoritariamente a favor de Sánchez, por lo que es previsible que los delegados, en esa federación y en la mayor parte del resto -salvo Andalucía y Euskadi, donde ganó López- sean pro-Pedro Sánchez.

Y lo mismo ocurrirá en los Congresos autonómicos que deben celebrarse tras el Federal, en los que es previsible que se produzca un corrimiento de tierras del antiguo aparato del partido hacia los nuevos elegidos. 

En el frente parlamentario, por otra parte, a Sánchez le toca poner orden y dirección. Se acabó ir como pollos sin cabeza.

La dimisión de Antonio Hernando, en el pasado uno de sus hombres de confianza, le facilita las cosas.

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Pero Pedro Sánchez no podrá estar presente en el Congreso ya que presentó la dimisión en su momento.

Será una dirección a distancia.

¿Se apoyará en sus fieles, en los que no le abandonaron en los momentos oscuros?

Casi con toda seguridad. Habrá relevos de calado. Dos de los nombres que más suenan son la diputada asturiana Adriana Lastra o Patxi López, según Llorente y Cuenca. 

Una cosa está clara: el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy no puede esperar nada de este «nuevo PSOE» de Pedro Sánchez, que busca encontrar su lugar y que regresa con bríos renovados.

Tampoco Pablo Iglesias y su grupo Unidos Podemos-En Comú Podem-En Mareas.

La reelección de Sánchez es la peor noticia que podían haber recibido.

A Sánchez le toca ahora definir un nuevo perfil.

Porque el desafío que tiene ante sí está en retener los votos que le dieron al PSOE los 85 escaños de los que ahora dispone  y recuperar los más de 60 que «le arrebató» la confederación de formaciones de izquierda que lidera Iglesias, así com algunos de los 30 escaños de Ciudadanos, si quiere ganar La Moncloa en unas próximas elecciones.

¿Tendrá quizá que transmutarse en una suerte de mezcla entre el nuevo líder del Partido Socialdemócrata Alemán, el moderado Martin Shulz, y el líder del Partido Laborista Británico, el radical Jeremy Corbyn? 

Será como cuadrar el círculo, pero en política cosas más difíciles se han logrado. Nada es imposible.

Como decía Antonio Machado, se hace camino al andar.