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Un artículo sobre cómo deben vestir las abogadas provoca un aluvión de insultos en la red contra la autora

Rosa Manrubia, la autora del artículo que ha levantado un aluvión de críticas porque aconsejaba a las abogadas lo que tenían que ponerse para su trabajo.
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“Pija, Barbie, retrógrada, machista, cabeza hueca”, son algunos de los muchos y variados insultos que la abogada Rosa Manrubia ha recibido en Twitter y Facebook a raíz de la publicación de un artículo titulado “Cómo debe vestir una abogada. Cuestión de actitud”, que vio la luz el pasado 9 de junio en la web del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE).

También lo han calificado de “plano” y “lineal”.

Tras su lectura, se puede deducir que la mayor parte de esas críticas tienen una motivación distinta a la del contenido del artículo.

Porque el texto está bien escrito, perfectamente estructurado y contiene consejos que a muchas compañeras les van a resultar muy útiles.

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Manrubia no es una mujer revolucionaria. Hay que decirlo con claridad.

Al contrario. Es moderada y en esto, lo ha sido más. Porque de la lectura del artículo, que es la mera expresión de una opinión, no se entiende la reacción furibunda provocada en alguno de los lectores.

Una reacción “personal”, sin duda alguna.

“Ningún compañero me fundamentó jurídicamente por qué mi artículo era erróneo o estaban en contra”, explica Manrubia a Confilegal.

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“Tampoco si su fundamento eran los usos y costumbres de su plaza. Sólo gustos subjetivos, basados, en muchas ocasiones, en el insulto. Lo cual me pareció alarmante”, añade la letrada.

Y tiene razón.

Si de algo se le puede acusar, por su artículo, es, precisamente, de conservadora.

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Es un artículo que muy bien podría haber titulado “Todo lo que debes saber sobre cómo vestir en tus diferentes funciones como abogada y temías preguntar”.

Planteamiento clásico

Para encarar este tema, Manrubia se ha armado de dos referencias básicas, y seguras -cómo no, es abogada-: el Estatuto General de la Abogacía, por una parte, y por otro, el “Vademecum para abogados nóveles”, que escribió en su momento José Ángel García Fernández, decano del Colegio de Abogados.

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Y desde ahí definió 4 escenarios, fiel al principio de que a la guerra hay que ir de camuflaje.

Cada uno de esos escenarios, que define con nitidez -actuaciones en sala, reunión en empresa, gestiones de trámite o en el despacho y congresos y/o jornadas informativas- requieren un camuflaje u otro.

Una vestimenta u otra.

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De cajón.

Se suele decir, además, que lo evidente es lo que nadie ve hasta que alguien lo explica con claridad.

Es lo que hace Manrubia en su artículo.

Le aconseja a la lectora que no asista a “sala o congresos con aspecto poco  cuidado. Desterraremos de nuestro armario de trabajo aquellas prendas de vestir o complementos adecuados para otros entornos o momentos de ocio. Nada de ropa brillante o con transparencias que insinúen la ropa interior, minifaldas o faldas excesivamente ceñidas, tops que dejen el ombligo al aire (tampoco los tan de moda ‘Crop Top’), zapatillas de deporte o vaqueros. Estamos siempre en un contexto de abogados, y debemos procurar nunca perder de vista esa condición”.

A continuación describe los “básicos de un armario de trabajo”; vestido negro u oscuro, vestido nude, blanco o neutro, falda negra, dos blusas blancas o nude, traje pantalón… Y como se debe combinar, desde su punto de vista. Que puede ser compartido o no.

Pero es su opinión.

La abogada termina hablando de la necesidad de tener un aspecto aseado, un perfume suave, un maquillaje discreto, el pelo…

“Debemos procurar que las prendas de vestir sean de buena calidad y que estén limpias. Nada más bochornoso que no comprobar el estado de unos zapatos y llevarlos sucios”, cuenta la abogada en su artículo.

El post, como lo llama ella, porque ha sido publicado en el  espacio sobre “Gestión y coaching” de la web del CGAE, es un buen comienzo para cualquier abogada novata que quiera informarse sobre este aspecto, el de las apariencias.

Afectada

Manrubia, afectada por las duras críticas de algunos de sus compañeros, se planteó abandonar las redes sociales.

Y así lo anunció. Lo que provocó, a su vez, una ola de apoyo, por parte de otros compañeros de profesión, que han difundido el artículo y lo han compartido.

Y no sólo eso. También le han contado que lo divulgarán en los másteres de acceso de sus ICAS, por ser una cuestión que los alumnos les plantean al iniciar el periodo de prácticas.

Ha sido, otra vez, el “efecto Streissand”.

¿Ha tenido que ver el aluvión de críticas a su artículo con el hecho de que Manrubia fue candidata a la Presidencia del Confederación Española de Abogados Jóvenes? Un intento en el que fue vencida en toda regla.

Sinceramente, no lo sé. Lo que sí sé es que las críticas tenían un contenido personal. Sólo así se puede explicar la virulencia de los insultos, que no tienen ninguna base ni justificación. Y más viniendo de personas cuya herramienta de trabajo es la ley.