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Este es el artículo de Hamza Yalçin por el que el presidente turco Erdogan pide a España su extradición

Escritor sueco-turco Hamza Yalçin, encarcelado en España por orden de Turquía.
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Introducción al artículo. Hamza Yalçin es un escritor sueco de origen turco que ostenta la doble nacionalidad. Llegó en 1987 a Suecia como refugiado pidiendo asilo, el cual le fue concedido.

El pasado 3 de agosto de 2017 fue detenido en el aeropuerto del Prat en Barcelona cuando se encontraba de viaje en tránsito con destino final a Londres.

Las autoridades españolas respondían así a una orden de detención procedente de Turquía que abría todo un proceso de solicitud de extradición a Turquía.

Quien siga la actualidad de Turquía no quedará sorprendido al leer los cargos que se le imputan.

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Entre la amalgama de débiles acusaciones que lo relacionan a grupos y actos terroristas se entrevé la verdadera motivación: perseguirlo por un crítico artículo que firmó con su propio nombre en la revista Odak Dergisi el  17 de noviembre de 2016.

El artículo no es sencillo de entender para aquéllos que se ubiquen fuera del contexto político y social de Turquía, pero del mismo no se destila más que una crítica a Erdoğan y al ejército al que el propio Hamza perteneció años atrás cuando vivía en Turquía.

La República de Turquía es un país con una historia compleja, a caballo entre Oriente y Occidente donde las principales claves para entender la política pivotan en torno a una serie de antagonismos como el Estado confesional o laico, el acercamiento a Europa o a Oriente Medio, el conservadurismo islamista o el progresismo secular, la idealización de Atatürk (el padre de la patria moderna) o el revisionismo de su figura.

Todo ello sin olvidar el impacto que su mayoría de población suní tiene en sus relaciones con otros países musulmanes (por ejemplo con Irán y Siria bajo gobiernos chií).

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La república secular instaurada en 1923 conforme a los postulados del entonces presidente Mustafa Kemal Atatürk ponía fin a siglos de sultanato e imperio otomano. E

l nuevo Estado daba la vuelta a la sociedad, cultura y política del país. Se redefinía el idioma dando paso a la lengua turca actual, los ciudadanos empezaban a utilizar apellidos, el alfabeto árabe quedaba desterrado, las mujeres tenían prohibido llevar el velo en edificios públicos y poco a poco se asentaban las bases para una incipiente democracia.

Al ejército le fue depositada una gran parcela de poder encumbrándolo como garante de la constitución y laicidad de la República.

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De ahí surgen numerosas tensiones y crisis que se prolongan hasta nuestros días entre un gobierno que guiña un ojo al islamismo y un ejército que se siente llamado a intervenir aunque con ello quiebre los cauces ordinarios de la democracia.

Las décadas que atestiguaron una serie de golpes de Estado, amenazas de golpes y autogolpes han servido de excusa para las múltiples purgas del ejército a manos del gobierno que cada vez se vigoriza más en su voluntad de imponer su perfil suní, conservador e islamista sobre las minorías kurdas, chiíes y alevíes que conviven en Turquía.

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Éste es el escenario que explica en su artículo Hamza Yalçın: una crítica política a Erdoğan, a su familia, a su círculo y a su gobierno; una publicación que reclama dignificar a las corrientes progresistas de un ejército mermado, purgado y humillado.

Nos habla de los errores de los partidos de la oposición y nos acompaña por un breve repaso histórico para aterrizar en un presente marcado por el conflicto en Siria donde la comunidad kurda vuelve a ser diana de ataques violentos.

Esta publicación, que difícilmente puede ser evaluada como algo más que análisis o incluso crítica política, es la base fundamental de una detención exigida a España como ejemplo del uso más torticero de las órdenes de Interpol que, con demasiada frecuencia, son utilizadas por gobiernos autoritarios para perseguir a opositores políticos en lugar de a verdaderos criminales.

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El mensaje de Hamza Yalçın no rebasa ninguno de los límites internacionalmente aceptables para restringir el derecho a la libertad de expresión (artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos): no hace propaganda en favor de la guerra, ni apología del odio nacional, racial o religioso que pueda constituir incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia.

El lector podrá llegar a sus propias conclusiones leyendo por sí mismo el artículo que mantiene a Hamza Yalçın a expensas de ser extraditado, o no.

 

Los acontecimiento recientes en el Ejército y la lucha revolucionario 

Artículo publicado originalmente en Odak Dergisi el  17 de noviembre de 2016, por Hamza Yalçın, escritor y periodista.

Turquía, que se libró —en el último momento (el 15 de julio)—, de una sangrienta guerra civil, la controla hoy un dictador. No está claro ahora si Erdoğan entrará en conflictos con Irán o Irak.

El Ejército, al contrario de lo que afirman los nacionalistas de Vatan Partisi (Partido de la Madre Patria), no representa una garantía para la soberanía ni el laicismo.

Es, de hecho, un aparato represivo y protector de quienes integran las pandillas islamitas utilizadas contra alevis y chiíes.

Porque fueron las fuerzas militares turcas las que prepararon a los miembros de bandas islamistas del Ejército Sirio de Liberación (Free Syrian Army “FSA”). El Estado Islámico “EI” ha establecido una base en Turquía.

El Ejército ha estado utilizando miles de camiones para el traslado de armas y municiones a Siria.

Su comandante fue testigo del escándalo familiar al momento de la boda (cuando Erdogan casó a su hija Sümeyye). En el curso de los ocho meses que precedieron a la ceremonia, fueron asesinadas cinco mil personas.

Las ciudades de Cizre y Silopi fueron arrasadas. Solamente el día anterior a la boda, ocho soldados perdieron la vida. Mientras que las fiestas nacionales fueron canceladas con el pretexto de que “tenemos mártires”, no ocurrió lo mismo con la celebración de la boda.

El tráfico en Estambul fue paralizado como medida de seguridad para ese acontecimiento.

Durante el funeral de Kocatepe (distrito de Estambul), que se realizó el mismo día de la boda, la tía de un militar fallecido mostró una imagen del soldado muerto y denunció: “Lo mataron, pero no por su país, sino por el Príncipe Bilal (hijo de Erdoğan)”.

Y así fue que el ejército realizó una expedición a Siria, junto con el Ejército Libre de Siria y miembros de la pandilla de Al Qaeda. Después de negociar con Daesh, se apoderó el ejército de Jarablus.

En la actualidad, las escuelas militares se han cerrado, la escuela de estudios militares superiores es casi irreconocible. La escuela de medicina militar GATA está a punto de cerrarse.

El Ejército está directamente amarrado al presidente para emprender  guerras sectarias. En este momento, tiene total control sobre los servicios militares y de seguridad.

Las fuerzas especiales arrancadas del ejército, como SADAT (fundada por generales y oficiales retirados), proporcionan entrenamiento paramilitar.

El intento de golpe de estado del 15 de julio llevó a que el ejército perdiese más y más poder y autoridad, y fuese más sumiso al poder, situación que permitió establecer un sistema oligárquico cada vez más inestable.

Con la ayuda de diversos decretos, el poder militar turco ha sido dividido para dirigir siete diferentes centros: el comandante en jefe está vinculado a la Presidencia; el Consejo Supremo Militar (YAS) que gestiona los nombramientos militares, a la Oficina del primer ministro; el comandante de los diferentes destacamentos, al Departamento de Defensa; el comandante de los gendarmes y guardacostas, al Ministerio del Interior.

Además el Ministerio de Salud, se ha hecho cargo del hospital militar; el Departamento de Educación, de la preparación dentro del ejército y el Departamento de Justicia para las cuestiones jurídicas dentro del mismo.

Los generales que previamente se negaron a realizar operaciones militares contra Siria ya no vacilan en hacerlo. No sólo eso, los nacionalistas del Partido de la Madre Patria se aliaron con Erdoğan y se esfuerzan por hacer creer a las personas que aquél está luchando contra el imperialismo.

El Ejército ha sufrido tantas purgas que se necesitarán al menos quince años antes de que pueda ponerse en pie nuevamente. Que EEUU no se queje de esta situación puede deberse a que esa nación tal vez espera que dicho ejército recupere su fuerza.

De lo contrario, se hará extremadamente difícil para los EEUU controlar Turquía. Desde el período en que se inicia la modernización, se han producido diversos movimientos revolucionarios en el ejército.

Junto con 200 soldados, se dirigió el capitán Resneli Niyazi  el 3 de julio de 1908 a las montañas de Macedonia para luchar contra la dictadura del sultán y preparó el camino con ese acto para la redacción de la Segunda Constitución dentro el Imperio Otomano.

Del mismo modo, poco a poco, fuerzas progresistas y de mentalidad democrática —como Nazım Hikmet, Aziz Nesin, Mahsuni Serif —, fueron separadas de las fuerzas armadas. Justo antes del golpe de 12 de marzo, existía una tendencia marxista en el ejército turco.

A pesar de que los socialistas salieron de esa institución se advirtió igualmente allí un creciente y progresivo movimiento.

Sin embargo, con el golpe de 12 de marzo también sus miembros fueron eliminados. La gente progresista como Saffet Alp y Ömer Yazgan se tomaron en serio la revolución democrática popular e intentaron participar  en aquella utilizando las posibilidades que tenían dentro del ejército.

Más tarde, la gente de izquierda abandonó la lucha abierta y comenzó a poner en práctica su estrategia de establecerse dentro del Estado.

Esta estrategia encajó bien hasta la derrota de 12 de septiembre de 1980, cuando se realizó un golpe de Estado. Los jóvenes alevis y las familias progresistas que habían colaborado con la lucha por mayores reformas comenzaron a incorporarse a las escuelas militares y al ejército, intentando ascender paulatinamente en la carrera.

Pero, bajo el régimen del AKP, sufrirían inmediatamente una dura derrota. Y la jerarquía militar en la que ciegamente confiaban, no salió en su ayuda.

En medio de esa desesperación tuvo lugar el suicidio del teniente coronel Ali Tatars que fue precedido por una profunda depresión. Es impensable que el ejército, una institución de 2.500 años de antigüedad, no vaya a oponer pronto resistencia a la humillación que experimenta en su interior.

Los procesos en contra de la organización Ergenokon, constituyeron una enorme afrenta al arma. Después, especialmente luego del 15 de julio, sufrieron nuevas humillaciones.

Esta situación hizo imposible provocar manifestaciones de venganza. Los partidarios del Estado Islámico “EI” pisotearon y decapitaron a algunos soldados.

El Ejército como institución ha sido humillado hasta por la policía. En los medios de comunicación tanto escritos como orales pudimos ver a investigadores de la policía amenazar a los oficiales indicándoles que se  apoderarían de las esposas de los detenidos y violarían a sus bebés.

Que el ejército se fragmente en pedazos no quiere decir que disminuya la organización de fuerzas progresistas dentro de sus filas sino, por el contrario, que aumente.

Tanto la dirección del Ejército como el principal partido de la oposición en Turquía CHP, que defiende el viejo sistema, son incapaces de satisfacer el descontento dentro de sus filas pues son extremadamente cobardes.

Los generales no mantienen su lealtad a la marcha militar —que contiene expresiones como “Fundamos la República con la sangre y el conocimiento / Incluso si el infierno se desata, somos sus guardianes”—, sino que se vendieron ante los retrógrados cuadros de las escuelas y sectas religiosas de Imam Hatip.

Los generales no sólo abandonaron aquellos principios que defendían sino que realizaron acciones hostiles contra esas mismas ideas.

Fueron incluso peores que la retórica del CHP de estar tras el ejército y la república. Ninguna persona razonable puede esperar que toda esta insatisfacción no se convierta en reacción.

La única cuestión es cómo estas reacciones van a tomar forma. Por último, pero no menos importante: para crear una fuerza que lo ayude a mantenerse en el poder y profundizar la polarización, Erdoğan envía ahora a sus soldados al frente de combate para crear una guerra entre turcos y kurdos.

Si un movimiento progresista florece nuevamente en Turquía, recibirá toda la simpatía de la dirección del ejército al igual que ocurrió en los episodios del 12 de marzo y 12 de septiembre.