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Otra aberración nacionalista

Placa que el TJCat obligó a retirar al Ayuntamiento de Santa Coloma de Cervelló, en reconocimiento al "patriota catalán", Jaume Martínez Vendrell, miembro del grupo terrorista Exércit Popular Catalá, sobre el que trata este artículo de Carlos Jiménez Villarejo.
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El pasado mes de noviembre de 2017, la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña -¡otra vez los tribunales!- dictó una sentencia muy relevante en los críticos momentos que actualmente se están viviendo aquí.

Declaraba “la obligación del Ayuntamiento de Santa Coloma de Cervelló, Barcelona, de retirar la dedicatoria de una calle al señor Martínez Vendrell y las correspondientes placas identificativas”.

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El proceso se inició a consecuencia de que dicho Ayuntamiento se negó a retirar la dedicatoria y las placas cuando, en 2012, la delegada del Gobierno en Cataluña le requirió que lo hiciese.

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La placa en cuestión exponía la identidad de dicha persona, las fechas de su nacimiento y fallecimiento, y a continuación la frase: “patriota catalá”.

Pero, ¿quién era Jaume Martínez Vendrell?

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Según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (sentencia de 6 de diciembre de 1988) había sido condenado a 12 años y un día de prisión como cómplice de asesinato del industrial catalán, José María Bultó, en 1977, así como a indemnizar en 5 millones de pesetas a los herederos.

El Tribunal consideró que el papel desempeñado por el mismo en relación a los autores del crimen revestía suficiente importancia como para ser considerado como complicidad y sobrepasaba con mucho la simple colaboración con banda armada; sin duda, el acusado había manifestado su oposición al atentado, pero no había hecho nada para impedirlo.

Como ya es sabido, la muerte le fue causada colocando a la víctima un artefacto explosivo en el cuerpo que le estalló a escasos momentos.

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Fue, sin duda, un asesinato de extrema crueldad.

MIEMBRO DEL EXÈRCIT POPULAR CATALÀ

Martínez Vendrell era miembro, entonces, del Exèrcit Popular Català (EPOCA), considerado como una organización terrorista.

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El Exèrcit Popular Català perpetró asesinatos de un gran impacto público por la relevancia de las víctimas y la crueldad del método empleado, utilizando bombas adosadas al cuerpo de las víctimas, como también lo hicieron con el señor Viola.

Los datos anteriores, que eran públicos y notorios, no impidió que el gobierno municipal de dicha localidad, nos es indiferente su filiación política, le dedicara y mantuviera la mencionada placa desde 2002, destacando su condición de “patriota”, lo que, aún hoy, estremece cualquiera que sea la acepción que se otorgue a dicho termino.

En primer lugar es obligado hacer constar que en los Estatutos de Autonomía de Catalunya de 1979 y 2006 no se empleó en absoluto dicha expresión como modo de definir la condición de catalán, lo que debían haber tenido presente los sucesivos gobiernos municipales.

Por otra parte, a nadie se oculta que el término “patriotismo” está asociado a la forma más sentimental, radical y excluyente de vivir y expresar la pertenencia a una comunidad nacional y el consiguiente rechazo -a veces, violento- de quienes viven en la comunidad con una perspectiva más plural, transversal y hasta universal y, en especial, respecto de los que proceden de otros orígenes o comunidades.

HOMENAJES A SU PERSONA

Además, es muy preocupante que, en Cataluña, hasta hace unos meses, haya podido homenajearse públicamente -por el solo hecho de haber nacido aquí- a quien, como Martínez Vendrell había tenido una trayectoria radicalmente incompatible con los valores propios de una sociedad libre y democrática.

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Y no solo esto: Es inconcebible que se mantuviera dicho homenaje tras la vigencia de la Ley 29/2011, “de reconocimiento y protección integral de las víctimas del terrorismo” que, entre otros fines, establece “la prohibición de exhibir públicamente monumentos, escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas o de exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del terrorismo, de los terroristas o de las organizaciones terroristas”.

Esta prohibición alcanza a todas las Administraciones públicas.

Ante esta precisa y rotunda disposición, en el curso del proceso, el gobierno municipal se atrevió a destacar -según expresa la sentencia- como justificación de la exaltación de la persona de Martínez Vendrell “su lucha por la democracia y por el pueblo catalán”(¿?).

Es realmente turbador, mucho más allá de los límites de aquel municipio, que hoy, en Cataluña, puedan suceder hechos como el que se acaba de relatar.

Es profundamente inquietante.