Gustavo Bueno, dos años después: Su sentido del humor

Los libros y videos de Gustavo Bueno siguen emitiendo constantemente conceptos, humor e ideasEl filósofo Gustavo Bueno murió hoy hace dos años; su amigo, el profesor y consultor de comunicación, Felicísimo Valbuena, recuerda esta faceta, para muchos desconocida. Larioja.com.
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Ayer, hace dos años, falleció el filósofo español Gustavo Bueno. Sin embargo, he elegido hoy para recordarlo por escrito ya que, al día siguiente de su muerte, los actos que presencié en Santo Domingo de la Calzada, donde había nacido casi 92 años antes, y su entierro, fueron los más importantes que he presenciado en años y años.

Mientras la noticia de que su vida había acabado me sorprendió estando solo en casa, los actos en su honor y su entierro hicieron que me sintiese parte de un gran grupo, en principio ilimitado y no sectario.

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Hay grandes grupos a los que no me gusta pertenecer.

Gustavo Bueno ha dejado una obra inmensa, que está irradiando sin cesar.

No hay filósofo español que haya dejado tantos libros y tantos videos grabados sobre aspectos muy diversos de su sistema.

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Ya en vida conoció muchas Tesis Doctorales dedicadas a su obra o que tenían como armazón su sistema.

Aunque ayer y hoy son días para recordar su muerte, yo quiero resaltar hoy el sentido del humor de Bueno.

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Mi experiencia es que una buena manera de leer y estudiar un libro de este filósofo, o ver y escuchar sus muchas intervenciones grabadas en video es saber que, en algún momento, va a saltar un resumen, un ejemplo, una pregunta que nos va a hacer reír.

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También  me siento orgulloso de haber tratado a Bueno en muchas ocasiones y haberme reído mucho con sus golpes de humor.

El filósofo fue muy crítico con José Luis Rodríguez Zapatero, sobre cuyo pensamiento escribió un libro. Larioja.com.

Bueno sorprende con sus salidas, que hacen rebobinar

Quizá el párrafo que pasa por ser la primera salida de Bueno que sorprendió y que muchos siguen recordando fue el que escribió en la primera página de un libro, de 1970, que le dio mucha más fama de la que entonces ya tenía: El papel de la filosofía en el conjunto del saber.

“Este libro mío está escrito muy de prisa, y esta prisa se reflejará, sobre todo, en la proporción no siempre regular de las citas, y en su selección- en realidad, he utilizado solamente los libros que tenía a mi alrededor: quiero decir, por ejemplo, que ni siquiera he tenido tiempo de consultar los que tengo en las estanterías más altas, para llegar a las cuales necesito una escalera que no he tenido a mano”.

Desde luego, aguantó mucho tiempo sin la escalera, porque escribió 319 páginas.

En esas pocas líneas nos dio uno de los secretos de Bueno: Creía en su originalidad, más allá de todos sus conocimientos.

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No podemos conformarnos con decir que Bueno era “de Letras”. No.

Dominaba las disciplinas científicas de su tiempo: Se movía con soltura en medio de las Matemáticas, Física, Química, Biología, Medicina… y Filosofía, Historia, Literatura, Derecho, Ciencia Política…

Por eso, podía probar sus proposiciones sin necesitar protegerse en la falsa fortificación de las citas.

En un extenso artículo que dedicó a los que él llama “individuos flotantes”, se ocupó Bueno de quienes no lo son. Más en concreto, de los benedictinos.

Bueno afirma: “Los monjes conservan su propio nombre y aunque, al entrar en el convento se lanzan a un océano sin orillas —toda una vida— podría decirse que nadan guardando la ropa”.

Bueno ilustra esta última afirmación con una nota a pie de página, que reproduce en latín, parte de la Regla 58 de San Benito, dedicada a “La admisión de los hermanos”.

“Inmediatamente después le (a quien ha llegado al convento para pedir que le admitan) despojarán en el oratorio de las propias prendas que vestía y le pondrán las del monasterio. La ropa que le quitaron se guardará en la ropería, para que, si algún día por sugestión del demonio consintiere en salir del monasterio, Dios no lo permita, entonces, despojado de las ropas del monasterio, sea despedido (con las ropas que vestía cuando entró)”.

Este procedimiento es el que emplean las películas que tienen humor de verdad: Una gran panorámica, seguida de un detalle que la cuestiona, contradice o matiza esa panorámica.

El mérito de Bueno como humorista es que sabe captar el gran plano de la Regla de San Benito y un plano distinto, que él encuentra en una parte de una de sus reglas.

En las comedias de la Edad de Oro de Hollywood, los grandes directores, cuando se encontraban en apuros, filmaban una escena o dos para acelerar la acción y que el público no se fijase en los detalles.

Como normal general, empezaban suspendiendo la “creencia” en el transcurrir normal de la vida.

Si un espectador de cine no acepta que dos hombres puedan pasar por mujeres durante dos horas, no gozará de las continuas situaciones cómicas en Con faldas y a lo loco, por ejemplo.  

Bueno podía admitir ese suspender la creencia en las comedias, pero no estaba dispuesto a que le colasen de matute disparates conceptuales.

Incluso, siguiendo con el ejemplo del cine, estaba dispuesto a formar parte de quienes no admitían las cosas tal como parecían –fueran policías y/o gángsters- y así obligaban a los personajes a ser más creativos. Era uno de los secretos de Alfred Hitchcok en sus películas, en las que no excluía el humor.

Gustavo Bueno ha sido una de los grandes filósofos españoles de los siglos XX y XXI. Larioja.com.

Bueno y su teoría del humor

En 2003, Bueno publicó Los ingenios de Mingote, un extenso artículo publicado en el catálogo de la exposición Antonio Mingote, 50 años en ABC (mayo-junio 2003), Ayuntamiento de Madrid (quien esté interesado puede leerlo en la revista digital El Catoblepas(2003).

Ahí expone Bueno qué entiende él por humor e ironía y, de paso, refuta la célebre teoría de Henri Bergson sobre la risa. También, interpreta los chistes gráficos de Mingote según pertenezcan al eje circular, radial y angular del campo antropológico o a varios.

Ese artículo sigue irradiando para quien desee comprender el humor y la ironía.

En 2007, Bueno publicó La fe del ateo.

Tiene el filósofo muy buenos momentos, incluso cuando más indignado se siente ante el panorama que contempla.

Hay golpes que darían mucho juego en diálogos teatrales y cinematográficos.

“La fe y la creencia son términos tan internamente  relacionados como los términos sujeto y objeto (el sujeto que ve algo y el objeto visto por él)…  Se dice a veces “Les congregaba una misma fe” – y aquí fe es creencia-; otra vez : “Sufría por sus creencias” y aquí creencia es el contenido de su fe (por ejemplo, cuando alguien, lleno de fe, es decir, convencido de lo que dice, afirma: “calzo el número 40”, cuando el realidad, su pie era del número 43; una fe, por tanto, que le lleva a sufrir por sus creencias” (P. 12).

“¿Cómo dirigirse en oración al Motor Inmóvil, que es el nombre de Dios que Aristóteles y Santo Tomás atribuyeron como filósofos a Dios? ¿No resultaría ridícula la plegaria de un aristotélico- como filósofos a Dios? ¿No resultaría ridícula la plegaria de un aristotélico-tomista exclamando, puesto de rodillas:  “¡Oh, Motor Inmóvil y Acto Puro mío, ¡ayúdame!” (P. 29).

En esta obra dedica un capítulo dedicado a la asignatura Educación para la Ciudadanía, y encontramos buenos momentos que nos sorprenden por las comparaciones que el filósofo introduce:

“El apoliticismo, como característica de una supuesta ciudadanía madura es inadmisible, porque se basa en la ficción de una supuesta ciudadanía cosmopolita, que estaría tan separada de las Naciones políticas efectivas como la sonrisa del gato pudiera estarlo del gato sonriente.(P. 158).

Los ingenios de Mingote, un extenso artículo publicado en 2003 el catálogo de la exposición Antonio Mingote, 50 años en ABC, al que el profesor Valbuena se refiere en este artículo. ABC.

Bueno se ríe, como el profeta Elías, de la “plataforma estratosférica” de algunos autores

“Ahora bien: la ironía implica de algún modo que, con algunas palabras dadas, se esté queriendo decir la significación contraria (antífrasis, & c.); pero es necesario añadir que las palabras dadas se referirán a situaciones en las cuales los sujetos operatorios siguiendo el curso de esas operaciones (significadas por las palabras) llegan internamente a resultados que contradicen, rectifican (o ‘ponen en ridículo’), las mismas normas de las que se partió; una ironía que podríamos llamar apagógica (Demostración de una tesis por medio de la deducción de absurdos de la contraria). Así, la ironía bíblica, tantas veces analizada, de Elías (III Reyes, XVIII 26, 27). Elías se encara con los sacerdotes de Baal, que habían estado llamando a su Dios desde la mañana al mediodía. Elías les dice: ‘llamadle a grandes gritos, porque como es Dios, quizá esté pensando en algo; podrá ser que está ocupado o de viaje, quizá esté durmiendo, y vuestros gritos le despertarán'”.

Bueno se ríe, como Elías, de los autores de cuatro libros de Educación para la Ciudadanía:

“Por supuesto, en ninguno de ellos aparece (salvo por ‘imperativo legal’, cuando se cita eventualmente un artículo de la Constitución de 1978) la palabra ‘España’, ni se hace referencia alguna a la Nación española (acaso porque las editoriales respectivas esperan vender estos libros, traducidos o no, en la nación catalana, en la nación andaluza, en la nación aragonesa, en la nación gallega, en la nación valenciana,,,), parecen escritos y pensados ‘desde la parte de la Humanidad’…  La pureza de su perspectiva ética les permite elevarse sobre la prosa de la vida (P. 171).

“Y cuando se habla del terrorismo y de la violencia armada, las ilustraciones obedecen a un criterio selectivo muy claro, alejarse de España y ofrecer imágenes del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S, o aviones de combate estadounidense en Irak (12 marzo 1999). Ni una fotografía, ni una palabra sobre ETA (acaso fuera desagradable a la clientela vasca) (P. 179)”.

“En cuanto al libro de José Antonio Marina…, sólo diremos, en primer lugar, que se mantiene también en la ‘plataforma estratosférica’ (ni una sola palabra sobre la kale borrokao el terrorismo etarra, al hablar de la violencia ciudadana),… (P. 179).

Cómo mostrar, con humor, las contradicciones de los autores de ciertos libros de texto

El humor, en cambio, tendrá lugar en el momento en el cual los sujetos operatorios, sin perjuicio de ajustar sus conductas a normas determinadas se ven constreñidos, por las circunstancias exteriores, a comportarse como autómatas, y de forma tal que sus propias normas les conducirán a situaciones que les llevarán a acogerse a las normas opuestas”.

Puede parecer fuerte que Bueno convierta a los/las autores/as en autómatas, pero es lo que viene a hacer cuando muestra que parten de premisas que no admitirían en público.

“En efecto, tal metodología constituye, a nuestro juicio, la más clara contrafigura de la tradición dialéctica de la filosofía académica…habría que alinearla, más bien, como ya hemos insinuado antes, con las metodologías propias de las teologías positivas o dogmáticas, que se apoyan, como si fueran premisas axiomáticas, en unos artículos de la fe ofrecidos por una revelación escrita en determinados textos, la Biblia, el Corán, o las resoluciones de organismos internacionales como la ONU o la UE. La circunstancia de que las premisas ofrecidas por esos organismos internacionales (y recibidas por órganos nacionales como pueden serlo en España el Ministerio de Educación y Ciencia) no tengan la pretensión de ser autoridades sobrenaturales, sino meramente jurídico-coactivas, no elimina el carácter de premisas de autoridad, en virtud de la cual se invocan (P. 159)”.

También se ríe de los términos que emplean y de las proposiciones que enuncian:

“Tecnicismos que pretenden hacerse pasar por denominaciones de conceptos científicos, pero que solo son resultado de la ignorancia de la tradición ética, sustituidas por los apuntes de una clase de “personalidad”, escritos por profesionales igualmente indoctos” (P. 175).

“¿Qué tiene que ver la llamada democracia ateniense con esa idea de democracia? No es que fuese una democracia con el déficit detener un 60% de esclavos. ¿Es que un tal déficit no es suficiente para que dejemos de hablar de democracia ateniense, del mismo modo que un “déficit” de 10º en los 180º que miden los ángulos de un triángulo es suficiente pare dejar de llamarlo triángulo? (P. 185)”.

“Esta sistemática actitud armonista y optimista de los educadores de la ciudadanía, ¿no es en realidad una actitud escandalosamente mentirosa e irresponsable, que sólo puede entenderse que fue tomada por imperativo o convencimiento legal?” (P. 178).

“El gran proyecto lo haremos consistir en construir un mundo feliz y justo”. Pero esto será cualquier cosa menos un proyecto, pues resulta (como nos dice a continuación el autor) que es un proyecto que hemos de cumplir todos si queremos que “la casa común se realice”. Pero un proyecto común (si queremos) que apela a la contingencia de la reunión de todos los 6.500 millones de quereres de proyecto, no es un proyecto, sino una mera fórmula retórica que pretende marcar una tarea infinita a los aprendices de ciudadanos, a fin de mantenerlos en un clima de esperanza vacío, denominada mentirosamente como proyecto” (P. 180).

Gustavo Bueno fue uno de los filósofos más provocadores de la moderna historia de España. Larioja.com.

En algunas ocasiones, Bueno se adentrar en el humor negro

“… y en segundo lugar (sobre el libro de José Antonio Marina, que antes he presentado), que ni siquiera se advierte el menor esfuerzo por remontar la vulgar perspectiva psicologista de los planteamientos y la papilla humanista que desde esa perspectiva puede destilar. Ese subjetivismo psicologista queda simbolizado en los planes de las ciudades ideales que figuran en la portada y contraportada y en las guardas del libro… planos cuyas calles y plazas(“Plaza de la Conciencia Cívica”, “Plaza de la Ciudadanía”, “Avenida de la Responsabilidad”, “Calle de la Fidelidad”) aparecen integradas en el interior de dos cráneos siameses unidos frente a frente, con posibilidad de “diálogo” por la calle del Respeto (Pp. 179-180)”.

Este párrafo de Bueno resulta más llamativo porque Marina se ha interesado por el ingenio, al que ha dedicado un libro.

Finalmente, Bueno pone de manifiesto que la Educación para la Ciudadanía viene propuesta por los profesionales de la enseñanza de la Filosofía.

Y él, que había salido en defensa de la enseñanza de la Filosofía contra las propuestas de Sacristán en el libro de 1970, tampoco quiere convertirse en el inspirador de un “lobby”.

Por encima de todo, está su fidelidad a los españoles que son quienes sostienen con sus impuestos a esos profesores.

“Hace pocos años, en las manifestaciones en Madrid de los profesores de filosofía aparecían en las pancartas que hablaban de la ‘necesidad de enseñar a pensar a los españoles’ los nombres de este mismo panteón académico, circunstancia que ya entonces nos pareció ridícula, sobre todo desde un punto de vista práctico: ¿Acaso creían aquellos manifestantes que ‘enseñar a pensar a los españoles’ equivalía a explicarles la doxografía de los clásicos de sus pancartas? ¿No se daban cuenta de que la exhibición de esos nombres, a modo de fetiches, volvían en su contra a los parlamentarios que debían aprobar la ley de educación, y que ya ‘sabían pensar’ sin necesidad de haber leído a los autores promocionados en las bandas, banderas, pancartas y gorras? (P. 183)”.

He dejado que hablase Bueno, para mostrar cómo sus libros y videos siguen emitiendo señales, como los guardias que regulan el tráfico o como un semáforo que emite señales y avisa sobre cambios de conducta de los conductores han de poner en práctica si no quieren convertirse en “carne de ambulancia”.

Bueno muestra las consecuencias de esos accidentes en el plano de los conceptos y de las ideas.