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En qué consistía la famosa “Ley del Candado”, que impulsó el asesinado presidente del Gobierno Canalejas

José Canalejas, dentro del liberalismo de la época era de lo más progresista.
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Entre finales del siglo XIX y principios del XX, España fue uno de los países donde los magnicidios fueron más relevantes. Tres presidentes del Consejo de Ministros, lo que hoy sería equivalente a presidente de Gobierno, fueron asesinados por los anarquistas. Hablamos de Antonio Cánovas del Castillo, José Canalejas y Eduardo Dato. 

Incluso, el propio rey Alfonso XIII sufrió varios atentados, aunque el más importante se produjo el día de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg, en mayo de 1906, del que salió ileso.

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Hoy queremos hablarles de una de esas personas que falleció a consecuencia de la intransigencia político-ideológica, nos  referimos a José Canalejas Méndez, un regeneracionista que sustituyó a Segismundo Moret  en la jefatura del gobierno.

Poseía dotes de mando y gracias a él por primera vez desde la Restauración los liberales encontraron un verdadero jefe.

Fue ministro de Fomento, ministro de Hacienda, ministro de Agricultura y presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocupaba cuando fue asesinado por el anarquista Manuel Partiñas en plena la Puerta del Sol de Madrid, mientras miraba el escaparate de la Librería San Martín.

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Con este hecho se cercenaba una de las últimas oportunidades de convertir la monarquía liberal nacida de la Restauración en una monarquía plenamente democrática, que acabara con el caciquismo y el fraude electoral.

En esa época, nuestro país se encontraba inmerso en un duro enfrentamiento entre los que defendían la subordinación del Estado al dogma católico y los que propugnaban la completa separación Iglesia-Estado.

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Canalejas planteó un programa secularizador templado, que incluía la apertura de las escuelas laicas cerradas por Maura, el permiso para que las confesiones no católicas exhibieran libremente sus símbolos y la polémica “ley del candado”.

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Precisamente esa ley, la “ley del candado”, fue la que le ocasionó más enemistades, especialmente de la jerarquía eclesiástica y de la prensa católica.

Canalejas, jefe de los liberales, opinaba que el atraso cultural del clero español tenía su origen en el Concordado de 1851, a través del cual se financiaba la Iglesia. En consecuencia, pensaba que lo mejor era la separación entre la Iglesia y el Estado, a la que quería llegar a través de negociaciones. El Vaticano rechazó el acuerdo y las relaciones entraron en punto muerto.

En consecuencia, el presidente del Gobierno promulgó en 1810 la citada ley.

Tenía un único artículo que decía: “No se establecerán nuevas Asociaciones pertenecientes a Órdenes o Congregaciones religiosas canónicamente reconocidas, sin la autorización del Ministerio de Gracia y Justicia. (…) mientras no se regule definitivamente la condición jurídica de las mismas”, durante dos años.

Y es que Canalejas era un firme defensor de esa idea.

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La vida política de Canaletas concluyó de una manera terrible. Fue asesinado el 12 de noviembre de 1912 en la Puerta del Sol por un anarquista, que no pretendía acabar con él sino con el monarca, y que no supo comprender la importancia de las reformas que ese gobierno quería establecer y que tanta falta hacían.

El asesino de Canalejas se olvidó de que la intolerancia, venga del bando que venga, nunca es buena.

Y que una persona dispuesta a matar por sus ideas deja de ser justa para convertirse en justiciera, perdiendo así cualquier ápice de razón.