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¿Por qué se me cuestiona que escriba sobre la violencia de género?

Lady Crocs es una conocida magistrada "tuitera", muy respetada en las redes por sus opiniones; la imagen que figura sobre estas líneas no tiene nada que ver con ella.
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Tenía intención de escribir un artículo relacionado con la violencia sobre la mujer, la perspectiva de género y las últimas noticias que sobre este tema se estaban publicando y, al ir a plasmarlo, me he dado cuenta que mi introducción iba a ser justificar la redacción del artículo y mostrar mi rechazo a la violencia, cualquiera que sea su manifestación.

Introducción que me veía abocada a realizar para no ser atacada por el ejercicio que llevo a cabo en mi labor de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado y para no sentirme avergonzada por ser una mujer quien escribe sobre ello.

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¿Por qué sucede esto?

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¿Por qué debo extractar un exordio que empiece con un “vaya por delante que me parece deleznable que se agreda a una mujer” o bien “he vivido experiencias que…” para poder hablar con propiedad y salvaguardar mi legitimidad a la hora de escribir sobre un tema en concreto?

¿Por qué me ocurre solo cuando me refiero a estos temas jurídicos?

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He escrito algún que otro hilo en Twitter sobre esta temática a los que ha seguido un “contrahilo” criticando duramente todo lo que yo haya podido expresar; se me ha preguntado el motivo por el que lo escribía; o bien se han alzado manos altamente preocupadas por el hecho de que yo sea juez y deba aplicar la ley.

En dichos hilos o «tweets» he intentado ser lo más objetiva posible a la hora de escribir, tanto como cuando extracto los “hechos probados” en una sentencia en los que la máxima es no incluir valoraciones subjetivas, calificaciones o sesgos de ningún tipo.

Entonces ¿por qué se me cuestiona que escriba sobre este tema?

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¿Acaso lo deseable no es contar con la mayor información posible sobre una determinada cuestión con el fin de enriquecer el debate?

He escrito un hilo en el que relacionaba las magdalenas de colores con el hurto y el robo.

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Nadie se echó encima poniendo el grito en el cielo sobre la cantidad de delitos patrimoniales que asolan nuestro país, no se intentó contraargumentar con un hilo plagado de indignación, no se buscó ofenderme o poner en cuestión mi valía jurisdiccional.

De hecho los comentarios fueron muy halagadores.

Podría decirse que esas reacciones fueron porque el robo con violencia e intimidación no resulta tan grave con la muerte de una mujer.

Pero es que también escribí hilos en los que intentaba explicar los conceptos de homicidio y asesinato, así como las agravantes de ensañamiento y alevosía, hechos delictivos que sí suponen el fallecimiento de una persona, de las maneras más atroces posibles y, sin embargo, los debates o cuestionamientos que surgieron fueron teóricos y jurídicos, todo lo cual enriquece un debate y permite aprender y compartir conocimientos.

Ningún argumento ad hominem.

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 Sin embargo si me da por escribir una obviedad objetiva en al que afirmo que hay mujeres malas, la lapidación es automática.

Si se me ocurre afirmar que hay denuncias falsas, pende sobre mí la responsabilidad de las muertes pasadas, presentes y futuras de mujeres.

Si expreso que el machismo no es la única, ni la principal, causa de la muerte de una mujer, se apela a la justicia divina para que yo deje de ejercer como juez, o se invoca a que se me den cursos de formación en perspectiva de género para poder ver la luz y dejar de decir sandeces.

¿Qué se pretende obtener con este tipo de reacciones?

Hace años juré mi sometimiento a la ley, no soy pro hombre ni pro mujer, ni contra un sexo ni contra el otro; me esfuerzo cada día por ser objetiva e imparcial y aplicar las máximas que ya Ulpiano ensalzó como paradigma de la Justicia.

Me limito a ejercer mi función lo mejor que sé y puedo (con los medios materiales que ponen a mi disposición) y si estudio o analizo algún tema jurídico escribiré sobre él.

Sin justificarme.

Sin buscar protección.

Sin miedo a los ataques.

Porque soy libre, porque no falto al respeto, y porque quiero.