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Miguel Muñoz: ‘He sufrido en mis carnes el paso por la cárcel siendo inocente’

En junio fue condenado a 19 años por dos delitos de abusos sexuales a menores, y el Supremo ha tumbado esta sentencia y ha quedado absueltoTras pasar 10 meses en prisión, hoy hace 34 días que está en libertad, pero Muñoz informa que “el calvario continúa” porque ahora su exmujer no le deja ni ver a sus hijos ni hablar con ellos por teléfono y que tendrá que denunciarla.
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Miguel Muñoz ha sufrido en sus carnes “el paso por la cárcel siendo inocente”, según relata a Confilegal.

El pasado 9 de mayo hizo un mes en libertad, tras 10 meses en prisión. Había sido sentenciado a 19 años de cárcel. 

Miguel Muñoz Herranz (Barakaldo (Vizcaya), 1970) estaba casado, con dos hijos, y trabajaba como comercial de electrodomésticos. Vivía en Barakaldo. Cuenta que en 2012 quedó en paro y “a partir de entonces empezó a tambalearse todo”.

“Buscaba trabajo, pero no conseguía y tras un año sin empleo mi matrimonio se rompió. A raíz de ahí, he vivido una pesadilla. Primero mi mujer presentó una denuncia por acoso sexual y a los pocos días me denunciaron la madre de una niña y el padre de otra, amigos de ella, acusándome de violador de niños”, relata con la voz rota.

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Cuenta que la primera era “una denuncia falsa que fue archivada”, y que la otra por agresión sexual a dos menores se la pusieron “por actuar como hubiera hecho cualquier padre, intentar que dos pequeñas no se atragantaran comiendo pipas”.

En junio de 2018, el tribunal de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Logroño lo condenó por dos delitos de abusos sexuales a dos menores.

La sentencia la firmaron Alfonso Santisteban Ruiz (presidente), Carmen Araujo García y Fernando Solsona Abad.

Muñoz ingresó en el centro penitenciario de Logroño, con la etiqueta de “violador de niños”, y a los seis meses consiguió el traslado a la cárcel de Nanclares de Oca, en (Álava).

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Como ha informado Confilegal, el pasado 9 de abril, el tribunal de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo estudió el recurso de casación presentado por su defensa, el abogado Juan Gonzalo Ospina, y tumbó el fallo.

“No es posible la condena penal de un ciudadano si su culpabilidad no ha sido acreditada más allá de toda duda razonable y en este caso no tenemos la certeza necesaria”, destacó.

Explicó que “una de las menores no recuerda lo sucedido y la otra lo ha recordado con una notable duda que cuestiona la fuerza de su declaración”, y añadió que tampoco hay otros testimonios que aclaren lo sucedido.

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Inmediatamente tras dictar el veredicto, el magistrado Sánchez Melgar, exfiscal general del Estado y presidente de este tribunal, envió personalmente un fax a las 14.06 al tribunal sentenciador comunicando el fallo para que Miguel Muñoz fuera liberado.

Quedó en libertad a las 5 de la tarde. Muñoz “no” se lo creía.

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Sin embargo, “pese a hacerse Justicia” cuenta que “no” ha “podido recuperar la sonrisa”. “Ni mucho menos”, añade.

“La pesadilla continúa”, dice.

Y explica que su exmujer no le deja ver a sus hijos, y que tendrá que denunciarla.

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“Soy padre y se ha demostrado que no tengo ninguna mancha, quiero disfrutar de mis hijos, y ellos me adoran y también quieren verme”, señala.

Está “pasándolo realmente mal”, él y su madre, por los “golpes” que le está dando la vida.

Cuenta que durante ese tiempo no ha dejado de creer en Dios y de “rezar todos los días”, y que lo que le da fuerzas es que “hay justicia divina”.

“Y terrenal”, añade, como dice que ha podido comprobar también “gracias” a su letrado, Juan Gonzalo Ospina, y al tribunal de la Sala de lo Penal del Supremo, formado por los magistrados Julián Sánchez Melgar, Alberto Jorge Barreiro, Susana Polo García, Carmen Lamela Díaz y Eduardo Porres Ortiz de Urbina, que fue el ponente de la sentencia.

Su lucha ahora es “recuperar” a sus hijos y conseguir trabajo.

Miguel Muñoz, junto a su abogado, Juan Gonzalo Ospina, quien ha conseguido, con su recurso de casación, su libertad.

¿Cuándo y cómo comenzó este calvario?

En enero de 2013, tras 25 años con mi mujer –nos conocimos cuando ella tenía 18 años y yo 19-, decidimos divorciarnos. Acordamos convivir bajo el mismo techo mientras movíamos el divorcio, pedir la custodia compartida de nuestros hijos, que entonces tenían 3 y 5 años, hacer los movimientos de cuentas… Yo entonces estaba en paro. Soy comercial, de electrodomésticos, y llevaba ya un año sin empleo. Los principales problemas vienen porque yo antes ganaba de 2.500 a 3.000 euros al mes, y al quedarme en paro pasaba todo el día en casa, sin parar de buscar trabajo.

Me duele porque al casarnos ella se sacó una oposición, encontró plaza en Valencia, y yo dejé mi trabajo para acompañarla. Busqué otro allí, lo encontré y estuvimos 10 años, pero no sentí su apoyo cuando me quedé sin trabajo.

En Valencia nació nuestro primer hijo y entonces nos trasladamos a Barakaldo (Vizcaya), donde nació el segundo.

En junio de 2013 encontré trabajo en Madrid de lo mío, y entonces ella se quedó con los chicos en Bilbao, y yo pasaba en Madrid de lunes a jueves, y los viernes regresaba al domicilio familiar.

En verano, ella se trasladó con los niños, su madre y su hermana al municipio de Arrubal (La Rioja), donde llevábamos veraneando desde hacía 20 años. Su madre tiene una casa allí. Es un pueblo de unos 450 habitantes.

El punto encuentro familiar donde Miguel Muñoz se reunía con sus hijos; cuenta que cuando su exmujer no se los llevaba a la hora acordada se quedaba esperando durante horas por si acaso de pronto aparecían; esta imagen es de una de esas esperas, en la que se entretuvo “formando sus nombres con los palitos de madera que hay para jugar”.

¿Y entonces usted iba de Madrid al pueblo los fines de semana?

Sí.

¿Y qué pasó para que que acabara acusado de violador de niños?

El 20 de julio de 2013 estaba jugando con los niños al escondite inglés.

¿En qué consiste ese juego para quien no lo conozca?

Consiste en que tú te pones delante y los niños se ponen frente a ti, tú tienes que cerrar los ojos y dices “1,2,3 escondite inglés” y ellos avanzan hacia ti y cuando abres los ojos ellos tienen que estar quietos. Al que hayas pillado moviéndose tiene que retroceder otra vez hasta la línea de partida.

¿Con cuántos niños estaba jugando y qué edades tenían?

Con unos 10, 12 o 14, de edades entre los 5 y los 12 o 14 años.

¿Estaban sus hijos?

Sí, y al pequeño, que entonces tenía 3 añitos, lo llevaba de la mano.

¿Qué hora era?

Las 8 de la tarde, más o menos.

¿Y por qué decidió usted jugar con los chicos?

Porque de lunes a jueves o viernes estaba sin mis hijos y lo que quería era pasar tiempo con ellos. Yo llegaba con traje y corbata el viernes desde Madrid, y sin pasar por la casa de mi exsuegra a cambiarme, me iba derechos a donde estaban a verlos y jugar con ellos. Siempre estaban en el bar de las piscinas.

Uno de los padres que ha denunciado me dijo: pero siéntate con nosotros. Y le contesté que yo estaba allí 48 horas y que lo quería era estar con mis hijos.

¿Quién propuso jugar?

Ellos estaban jugando y yo me integré cuando llegué. Y de hecho, los padres nos veían. Estábamos a 5 o 6 metros de donde estaban.

¿Y qué pasó durante el juego?

Unos niños llevaban chuches, otros pipas, y otros nada. Vi que una niña se metía las pipas enteras a la boca y las masticaba. Le dije: tira eso de la boca, que te vas a atragantar, y como no lo tiró, metí el dedo para sacarle la bola.

Se enfadó un poco porque le dije que comiendo no podía jugar, pero siguió jugando.

¿Y eso mismo pasó con la otra?

Al rato vi que otra también llevaba una bola de pipas masticadas con cáscara en la boca. También le dije que lo escupiera, que no se lo tragara, y no hizo ni caso, así que se lo saqué. Fue una reacción lógica como padre. También había un niño con una escayola que se cayó y lo levanté.

Luego la primera volvió a llenarse la boca de pipas, y yo ya pasé.

No estamos hablando de que se ponen cianóticas, moradas. No estaba nadie atragantándose como para llamar al Samur, sino que era peligroso que se tragaran ese amasijo de cáscaras.

Terminé de jugar y me senté con los padres. Una de las niñas del suceso vino y se sentó en el regazo de su madre al lado de mí. Creo yo que eso no lo hacen con alguien al que tienen miedo porque le ha hecho algo malo.

Estuvimos allí un par de horas más y nos marchamos a casa. Y mi exmujer me puso una denuncia esa noche o la siguiente ante la Guardia Civil. Ahí empezó esta pesadilla.

¿Pero qué denunció?

Yo intenté mantener relaciones con ella. Estábamos en la misma cama, la fui a tocar y me dijo que no. Entonces retiré la mano y seguimos durmiendo.

Denunció que se quería divorciar y que había intentando abusar de ella. Tremendo. Suerte que explicó que cuando me dijo que no, yo me retiré y seguí durmiendo, y al final desestimaron la denuncia.

¿A qué achaca usted esta denuncia?

A que no quiere que tengamos la custodia compartida, que quiere a los hijos para ella.

¿Y la denuncia del caso de las niñas cuándo fue?

A los pocos días. La presentó el padre de una de las niñas y la madre de la otra.

¿De qué lo acusaron?

De abuso sexual de las dos. La denuncia de estas personas se produjo a los tres días de los supuestos hechos, que fueron en viernes, y sábado y domingo yo estuve conviviendo con estas personas en el pueblo y en las piscinas.

¿Y cuándo conoció usted esta denuncia?

El viernes siguiente, cuando volví al pueblo. La Guardia Civil me detuvo en cuanto llegué al bar de las piscinas. Eran sobre las cinco de la tarde.

¿Cómo fue?

Me puse el bañador, me metí en la piscina con mis hijos y estaba jugando con ellos. Mi mujer vino y me dijo que saliera, que habían dos guardias civiles de paisano preguntando por mí.

Los agentes me dijeron que tenía que acompañarlos. Vinieron conmigo al vestuario para que me cambiara, les pregunté que de qué era y no me dijeron nada, sólo que estaba detenido. Me llevaron a dependencias policiales y me dejaron aquella noche allí.

Pasó la abogada de oficio, a la que conté todo lo que pasó. Sentía mucho ahogo y sobre las 11 de la noche pregunté que dónde estaba el juez y que si no me iba a ver nadie.

Dijeron: “Usted tiene que dormir aquí”.

Al día siguiente pasé a disposición judicial ante el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Logroño, que tras tomarme declaración me dejó en libertad con medidas cautelares. Puso una orden de alejamiento de las niñas y del pueblo, de 500 metros, y que firmara el día 1 y 15 de cada mes ante el juzgado.

¿Y a partir de entonces qué pasa?

Me volví a Madrid a trabajar.

¿Qué hizo el fin de semana siguiente?

Intenté hablar con mi exmujer llamándola por teléfono y mandándole mensajes porque no podía ir al pueblo, pero yo quería ver a mis niños. Desde ese momento pasé tres meses y medio sin saber nada de mis hijos, hasta octubre. No me cogía el teléfono.

¿Y su familia se intentó poner en contacto con ella?

Sí. Y no se lo cogió a nadie. Mi abogado habló con el suyo y éste dijo que de momento hasta que no hubiera sentencia de divorcio iba a ver a los niños un sábado por la tarde al mes, y en compañía de ella. Tres horas.

Tengo fotos donde estoy jugando en mitad de la plaza con mis hijos y tengo dos cuñados en un lado a unos tres metros y a mi mujer en el otro. Mi madre también me acompañaba, quería estar conmigo y estar de testigo. Ya no nos fiábamos de lo que pudiera hacer esa mujer.

¿Qué caso salió primero? ¿El de las niñas o el del divorcio?

El del divorcio. Fue en mayo de 2014. La sentencia es que puedo ver a mis hijos un fin de semana sí, otro no; la mitad de vacaciones de verano, 45 días cada uno; una semana de Semana santa; una de Navidad; los puentes y los miércoles por la tarde. Con pernocta, algo a lo que se negaba.

Miguel Muñoz, junto a sus hijos, a quienes en estos 10 meses en prisión sólo ha podido ver los últimos cuatro que estuvo en la cárcel de Nanclares de Oca, dos horas al mes.

¿En el juicio salió a relucir el caso de las niñas?

Sí. Mi exmujer sacó recortes de prensa.

¿Y el juicio de las pequeñas cuando se celebró?

Tardó casi 4 años en salir. Estuvo 4 años en instrucción, y mientras yo firmando por juzgados de toda España porque me movía por todo el territorio por mi trabajo de comercial.

El juicio estaba fijado para  noviembre de 2017 y no se presentaron los denunciantes. Se volvió a fijar para mayo y hubo otra incomparecencia. Entonces la Fiscalía actuó de oficio y el juicio finalmente se celebró en junio de 2018. Del 17 al 21. Duró seis horas todos los días. Fue horrible.

Miguel Muñoz Herranz, en el juicio que se celebró en la Audiencia Provincial de La Rioja por los supuestos abusos sexuales. Foto: La Rioja.

¿En qué fecha dictaron la sentencia?

El viernes 21 de junio regresamos a Madrid mi abogado y yo, y el martes 25 me llamó el secretario judicial diciéndome que tenía una vistilla el jueves 28.

Volvimos a Logroño, y esto es lo más terrible que me ha pasado en mi vida.

Cuente.

La vistilla duró una hora. Declaré ante el tribunal, repasamos un poco todo, y nos dijeron que había un receso de una hora y que volviéramos a la una.

Me fue con Juan Gonzalo Ospina a tomar un café enfrente de la Audiencia Provincial de Logroño, no se me olvidará el resto de mi vida, y cuando regresamos al fondo del pasillo había dos policías nacionales.

Preguntaron: ¿Miguel Muñoz? Dije que sí. Los jueces ya no estaban allí, y la secretaria judicial me dijo: firme el auto de ingreso en prisión inmediata. El tribunal, formado por los magistrados Alfonso Santisteban Ruiz, que era el presidente, Carmen Araujo García y Fernando Solsona Abad, me sentenció a 19 años de cárcel.

No tuve derecho ni a elegir la prisión ni nada.

Entonces su abogado presentó un recurso de casación por presuntamente haberse vulnerado el derecho a un proceso con todas las garantías, el derecho de defensa y la tutela judicial efectiva, así como por infracción de ley…

Sí. En los cinco años de instrucción no dejaron declarar a las niñas. Lo hicieron en el juicio.

Las niñas estaban en una sala gesell con una psicóloga. Ella llevaba un pinganillo, y le iba trasladando las preguntas con sus palabras: ¿Y a qué jugabais? ¿Y qué hacíais? ¿Y cómo fue? La de 11 ó 12 años entró diciendo que su papá le había dicho que yo era un violador y que tenía que estar en la cárcel.

Y entré en prisión el 28 de junio de 2018. En la de Logroño, donde la gente sabía por qué iba, como “violador de niños”, porque el caso salió en los medios de comunicación regionales. Me metieron a un módulo de respeto con un preso de confianza, y duchaba con los funcionarios.

¿Tuvo represalias dentro de la cárcel?

Sí. En los primeros días tuve un incidente muy grave, en el patio. Un grupo de internos quería pegarme. Me rodearon de 8 a 10 individuos y me decían: “violador de niños, te vamos a canear”…

Empezaron a zarandearme, a empujarme mientras me preguntaban: ¿Qué has hecho, hijo de p***?, “¿Tú eres el de la tele, no?”.

Un preso vio que aquello se estaba poniendo feo y avisó a los funcionarios.

Aparte de lo duro que era verme en la cárcel por algo que no había cometido, no me dejaron ver a mis hijos.

¿No le dejaron verlos en un punto de encuentro familiar?

Cualquier persona que está en la cárcel, está divorciado y tiene hijos tiene derecho una vez al mes a ir a un punto de encuentro familiar, pero como yo estaba allí supuestamente por pederasta, la trabajadora social no me dejó el tiempo que estuve en aquella prisión, que fueron seis meses, ni hablar con ellos, ni me sacó al punto de encuentro familiar para verlos.

Me dijo algo que me mató: Usted tenía todos sus derechos el 27 de junio, pero ahora ya no, y a sus hijos no tiene por qué ir a verlos, me decía. Yo le contesté: “Pero doña Silvia, ¿qué me está diciendo? Usted no tiene por qué juzgarme”. Y respondió: “No, no, si usted ya está juzgado y 19 años que le han caído”.

Me comí allí seis meses hasta que conseguimos el traslado a Nanclares de Oca(Álava).

La Junta de tratamiento de la cárcel de Logroño no quería que me fuera.

¿Por qué?

Entiendo que por la sencilla razón de que como supuestamente había jodido al pueblo, querían que me jodiera allí, porque aquella cárcel es como de primer grado. No tiene servicios, no tiene comedores especiales…

Cada semana escribía al director, a la subdirectora, y a los psicólogos pidiéndoles el traslado por agrupamiento familiar y que quería ver a mis hijos.

El 14 de diciembre me cambiaron de cárcel y aquello era como la noche y el día.

Allí nadie me preguntó nada. El director de la prisión, D. Benito, que tiene 700 internos a su cargo, vino a hablar conmigo porque sabía que reclamaba ver a mis hijos y me dijo que no me preocupara que los iba a ver, una vez al mes, como me correspondía, y gracias a la trabajadora social, doña Sara, que lo movió todo.

Tenía ducha dentro de la habitación, la comida mucho mejor. Aquella cárcel funciona realmente bien.

En Logroño había ratas, cucarachas y tuberculosis. Eso lo he vivido yo, que me infecté de tuberculosis.

¿Cuándo presentó Ospina el recurso de casación ante el Supremo?

En octubre de 2018.

Y la Sala de lo Penal emitió su veredicto el pasado 9 de abril: absuelto…

El mismo 9 de abril mandan a la cárcel de Vitoria un fax de libertad automática. A las 3 y media llegó la secretaria judicial con un policía diciéndome: He venido a traerte un auto de libertad inmediata. Me eché a llorar. Yo le preguntaba: ¿De verdad, señora? Y el policía sonreía.

Llevaba ya 10 meses en la cárcel. Fuemuy duro, pero durante ese tiempo no dejé de creer en Dios y de rezar todos los días. Hay justicia terrenal y divina.

Llamé a Ospina, a mi madre, y hoy hago 34 días en libertad. He vuelto a nacer. Eran 19 años… Ahora estoy en el paro. Me dan una ayuda de 426 euros durante 6 meses prorrogables otros seis y con eso paso pensión de alimentos.

Por fin ha terminado este calvario

No. La cosa se ha agravado.

¿Qué ha pasado?

Nada más salir de prisión, mientras iba en el coche de camino a mi casa, llamé al punto de encuentro familiar para decirles que había quedado en libertad, que no tengo ninguna carga y que le comuniquen a mi exmujer que quería ver a mis hijos al día siguiente.

Con qué ilusión llamé al punto de encuentro y pensaba: “ay, mañana los veo, mañana los veo”..

El miércoles por la tarde me devolvieron la llamada y me dijeron que mi exmujer decía que no, que son sus hijos y que no me los entrega. Ahora tendré que presentar una denuncia para poder verlos.

¿Su madre y su familia los ha visto durante en este tiempo?

No. No les coge el teléfono. No les deja. Mi madre no ha ido a la casa o al colegio por miedo a que la denuncie.

Dos veces me he acercado al campo de fútbol donde entrenan para verlos ¿y sabes lo que ha hecho? Llamar las dos veces a la policía. Vienen, ven que no pasa nada y con las mismas se van porque yo soy libre, cosa que ella no acepta.

El jueves, además, me llamó pederasta y cerdo delante de todas las madres del colegio y de mi hijo pequeño, de 9 años–cuenta con la voz quebrada-.

El jueves presenté una denuncia y el viernes por la mañana tuve un juicio rápido, de esos que van sin abogado ni procurador, y la juez ha dicho que como no hay testigos y no hemos presentado pruebas, que hay sobreseimiento de la causa.

¿Qué está haciendo usted ahora? ¿Buscar trabajo?

Sí, no paro de buscar trabajo, pero tengo 49 años y no será fácil.

¿Y cómo está su madre?

Gracias por preguntar por ella, porque está mucho peor que yo –dice llorando-. El viernes se echó a llorar diciendo: “si no me han dejado decir nada en el juicio, hijo”. La dejaron declarar, pero la juez dijo que como es mi madre, es parte. Y añadió: “La dejo declarar y no sé por qué”.

¿Teme que sus hijos crean que no quiere saber nada de ellos ni usted ni su familia?

He ido varias veces a verlos al colegio, en el recreo, a través de la verja y he podido hablar con ellos.

Se ponen contentísimos. “¿Papá, ya estás fuera? Te vamos a ver”, me decían. Ahora tienen 13 y 9. Todo esto me parte el corazón.

He de contar otra cosa. Somos cuatro hermanos, y con uno llevaba 15 años sin hablar, como pasa en muchas familias. Yo soy el mayor de todos.

Hace dos años me llamó un día y me dijo que tenía que contarme algo muy importante, pero que me lo quería decir a la cara. Me reuní con él y me contó: “Ha venido tu mujer a decirme que si me ponía de parte de ella, que te ha denunciado, que te va a meter en la cárcel y que te va a quitar a los niños. Me ha dicho que has hecho esto con unas niñas, ¿es verdad?”. Le dije lo que había pasado.

¿Y qué le contestó él a su exmujer?

“A pesar de lo que yo tenga con él es mi hermano, y no te pienso ayudar en esta mentira”. Eso le contestó. Y cuando ella vio que no la ayudaba le espetó: “Lleva cuidado con tu hija cuando esté con tu hermano”.

Después de 15 años he recuperado a mi hermano. ¿Sabes lo malo?

¿Qué?

Que ahora en junio los niños tienen vacaciones, y como se los lleve al pueblo los pierdo, porque aquí puedo ir a verlos, porque no tengo medios.

Está a 180 kilómetros, estoy en paro y no puedo ir sólo para intentar verlos, que igual ni los veo.

En Barakaldo puedo ir donde estén jugando. Les veo de lejos y lloro (rompe en llanto).