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La fiscal: Roberto H. es el ‘autor material’ del crimen de la pequeña Sara, pero Davinia M. ‘jugó a la ruleta rusa con su hija’

Pide prisión permanente revisable para la madre de la niña y su exparejaLa fiscal Petra Álvarez considera que la madre "conocía y consentía" los malos tratos sufridos por la pequeña y pese a ello "dio prioridad absoluta a su relación de pareja".
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La fiscal del caso del crimen de la Sara, la pequeña de 4 años fallecida el 3 de agosto de 2017 en Valladolid, ha dicho hoy en su alegado final que Roberto H.H. es el «autor material» del crimen y violación de la niña, y la madre biológica, Davinia M.G., «autora por omisión, ya que era conocedora de la situación, pero no la protegió».

«No hizo absolutamente nada por su hija. Jugó a la ruleta rusa con su hija», ha destacado la representante del Ministerio Público, Petra Álvarez.

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En este juicio con jurado, que se celebra desde el pasado 25 de abril en la Audiencia Provincial de Valladolid, están acusados la madre de la pequeña -cabo del Ejército de oficio- y su compañero sentimental en el momento del suceso, Roberto H.H. -exmecánico-, que no es el padre de la menor.

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La Fiscalía ha mantenido su petición de prisión permanente revisable para la madre de la niña y el exnovio de ésta.

La fiscal considera a Roberto H.H. autor material del maltrato continuo al que sometió a la pequeña durante más de un mes, coronado el día de autos con una «brutal» paliza y su violación, vaginal y anal.

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Y en el caso de Davinia M.G., considera que es «autora por omisión», en el convencimiento de que «era conocedora y consciente» de esta situación y pese a ello «no hizo nada», antepuso su relación de pareja a la vida de su propia hija y, además, impidió que terceros pudieran tomar cartas en el asunto para evitar el trágico final.

Ha destacado que una madre baña a su hija de 4 años, la viste, «¿cómo no iba a conocer que existían esos malos tratos?».

«Es imposible», ha subrayado la fiscal, y ha afirmado que la procesada no sufre ninguna enfermedad mental y tiene un cociente intelectual medio tirando a bajo, con sus facultades intelectivas y volitivas «intactas».

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Álvarez ha señalado la elocuente «coincidencia temporal» entre la entrada del acusado en el domicilio de Davinia M., al poco de conocerse ambos procesados, y el inicio del «rosario» de hematomas y cardenales que empezaron a aparecer en el cuerpo de la pequeña, así como el hecho de que siempre que tales lesiones se producían era él quien se encontraba en el domicilio.

Sitúa el inicio del presunto maltrato a partir de la aparición de las primeras lesiones en la niña, el 23 de junio de 2017.

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Ha hecho alusión a otras registradas el 11 de julio, con una primera asistencia en el Hospital Campo Grande que activó ya el protocolo de malos tratos, y el 28 del mismo mes, al aparecer la niña con un «golpazo» en la sien izquierda, a lo que siguió ya el día de autos, el 2 de agosto, con la «brutal paliza» que Roberto H. propinó a la pequeña, cuando fue violada y golpeada en la cabeza.

Entre los móviles del crimen, al que aplica la agravante de alevosía, la fiscal ha subrayado el «odio» que el acusado sentía hacia las personas de origen rumano, de ahí el término despectivo de «rumanilla» con el que éste se dirigía a la niña -el padre es de origen rumano-, aunque no ha incluido la agravante de ensañamiento que postulan otras acusaciones.

«Quiero que recuerden el informe de los forenses, que dijeron gráficamente que la niña presentaba el ‘síndrome del niño apaleado'», ha pedido la fiscal a los miembros del jurado.

Los forenses que practicaron la autopsia a la pequeña certificaron el pasado martes que el día anterior a su muerte ésta fue zarandeada por el cuello, golpeada violentamente por todo el cuerpo y que sufrió un intento claro de penetración.

Los forenses explicaron en declaraciones a Europa Press que la causa real de la muerte de Sara fue un traumatismo craneoencefálico, fruto de un mecanismo de zarandeo contra una superficie roma o bien al recibir en la cabeza el golpe de un objeto contundente, lo que provocó un fuerte edema cerebral.

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«Presentaba el síndrome del niño apaleado, más un abuso sexual», dijeron ambos profesionales, en referencia a la infinidad de hematomas, erosiones y equimosis en todo el cuerpo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies.

La fiscal también ha hecho alusión a los whatsapp intercambiados entre los acusados reveladores de la «obsesión» que él tenía por la víctima («Sara es mía» o «la voy a comer el culete»); su oposición a que fuera atendida por médicos, el «temor» que infundía el acusado a Sara o la «extrema tristeza» que ésta mostraba en las últimas fotos antes de morir.

Sobre las causas de la muerte de Sara, la fiscal reitera que fue por el traumatismo craneoencefálico sufrido, fruto del posible zarandeo y golpeo de la cabeza de la niña con una superficie roma, lo que la ocasionó una hemorragia cerebral mortal.

También considera acreditado que la pequeña fue violada vaginal y analmente, como así certifica la autopsia de los forenses tras constatar que el himen se encontraba «golpeado» y había sangrado vaginal.

«La violación, que no fue total debido a la propia constitución anatómica de la pequeña, pudo cometerla con el pene, un dedo u otro objeto», ha explicado.

Como «vestigios objetivos» de la culpabilidad de Roberto H., ha enumerado el hecho de que era el único adulto que había en la casa, el mechón del pelo de la niña hallado en el pantalón corto que el acusado usaba a modo de pijama y, sobre todo, los restos biológicos encontrados bajo las uñas de la pequeña, prueba más que evidente, según ha dicho la fiscal, de que ésta «trató de defenderse sin éxito».

Ha relatado que esa lucha quedó también reflejada en forma de arañazos en las manos y antebrazos del acusado, unas lesiones que se observaron en el procesado y que él dijo que se las causó cuando realizaba arreglos de vehículos.

Respecto a la madre de la pequeña, ha dicho que «no protegió en absoluto a su hija, no cumplió con la mínimas obligaciones como madre».

«Hubiera bastado con cortar el contacto entre su hija y Roberto, sin necesidad de que ella rompiera su relación, pero no hizo nada», ha censurado la fiscal visiblemente emocinada.

También ha dicho que las medias verdades de ésta y su falta de colaboración con los Servicios Sociales de la Junta, a los que puso pegas en las entrevistas con ella concertadas, fueron cruciales para que la Administración regional no llegara a tiempo para hacerse cargo de la tutela de la fallecida.

La fiscal ha contado que la misma fecha en la que ocurrió el suceso, la niña hizo una «llamada de socorro a su madre», «desesperada», quiso que la llevara con ella a trabajar. Se levantó a las 7.00 y se vistió sola, ante lo que la acusada «siguió dejándola en manos de Roberto».

Ha señalado que cuando el 2 de agosto, el acusado llamó al 112 porque «no le quedó más remedio», dijo que la niña no respiraba y que se la había encontrado así, pero no contó nada de los hematomas, ni de la sangre, ni de las uñas arrancadas que presentaba la pequeña.

También ha destacado la «frialdad» mostrada por Davinia M. tras la muerte de su hija.

Ha informado que estando ella en prisión, pese a conocer ya entonces las causas de la muerte, esto no le impidió cartearse con su expareja, igualmente en la cárcel, al que llegó a escribir una treintena de cartas sin realizarle reproche alguno.

La expareja de la madre de la niña está en prisión provisional desde agosto de 2017.

Al final de su alegato, la fiscal Petra Álvarez ha pedido al jurado un veredicto de culpabilidad para los dos acusados, no sólo por Sara, sino también por quienes la querían y porque se haga Justicia.

La acusación particular, en representación del padre biológico de la pequeña, tan solo imputa a Roberto H. al considerar que Davinia M. no era conocedora de lo que estaba ocurriendo.

Los letrados de las acusaciones populares -ejercidas por la Asociación Clara Campoamor y la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales (Adavasymt)-, han pedido prisión permanente revisable para los dos acusados.