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La abogacía «del futuro» ya está aquí

La abogacía «del futuro» ya está aquí
La tecnología resuelve hoy diferentes asuntos con una tasa efectividad, que según fuentes consultadas, ronda un 70%, afirma en su columna Javier Freire Sampayo.
30/9/2019 06:15
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Actualizado: 29/9/2019 20:17
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Al igual que ocurrió con la Revolución Industrial, el día a día de la sociedad actual (principalmente en los países que denominamos Occidentales) está inmersa en un profundo cambio que modificará la manera de relacionarnos con nuestro entorno.

Lo expuesto, no se trata de una novedad, sino que vivimos ya inmersos en ella, con ejemplos cotidianos como pueden ser Skype que permiten relacionarnos con nuestros amigos a miles de kilómetros de distancia, o Instagram o Facebook, plataformas en las que con la aquiescencia de los usuarios puedes conocer la vida de tus «followers» [seguidores] sin necesidad de concertar un encuentro. 

Esta realidad, que creo está relacionada con el concepto acuñado por Bauman acerca de la “sociedad líquida”, se refleja también en sectores caracterizados por su conservadurismo y su escasa amigabilidad hacia los cambios, como es la abogacía.

Me refiero al concepto, “LegalTech”, que podría definirse como la aplicación de la tecnología a la prestación o comercialización de los servicios legales.

Este nuevo escenario plantea retos a los abogados del futuro, pero también a los del presente, con lo que la formación continua y la hiperespecialización se alzan como elementos clave para afrontar la revolución tecnológica que cada vez avanza a pasos más agigantados. 

Hablamos por tanto de la aparición de herramientas de Inteligencia Artificial que permiten a los ciudadanos realizar gestiones de carácter más o menos sencillas, ahorrándose tiempo y dinero.

Nos encontramos así con diversas «apps» que a través de la tecnología resuelven diferentes asuntos con una tasa efectividad, que según fuentes consultadas, ronda un 70%.

Un breve repaso de aquellas que he considerado más destacables sería las siguientes: 

A NIVEL INTERNACIONAL 

Hablamos en este caso de “DoNotPay” un «chatbot» que a través de la realización de diversas preguntas es capaz de resolver cuestiones legales sencillas en tiempo récord y sin coste para el usuario.

Por otra parte podemos hablar de la compañía “iCam Systems”, que se ha convertido en la primera empresa capaz de dirimir un conflicto en Inglaterra y Gales, utilizando un “robot mediador”. “Smartsettle One”, herramienta de Inteligencia Artificial que fue capaz de mediar en un conflicto entre humanos en un breve período temporal. 

A NIVEL NACIONAL 

Nos encontramos con “Abogator”, que realiza recursos ante cuestiones principalmente relacionadas con tráfico, pero que está abarcando otras materias como por ejemplo seguridad ciudadana, asimismo proporciona explicaciones e información acerca de los conceptos jurídicos más habituales, permitiendo que el lenguaje jurídico, del que soy defensor, pueda ser comprendido por todos aquellos ciudadanos que carecen de lo que podríamos denominar cultura jurídica.

También es reseñable el caso de otras «apps» como “iUrisfy” que permite la realización de acuerdos amistosos de divorcio. 

Teniendo en cuenta los datos aportados, acerca de estas nuevas «apps», considero que hablamos de herramientas de vital importancia para el conjunto de la sociedad.

Entiendo que se tratan de mecanismos democratizadores del sistema de recursos administrativos, ya que son muchos los ciudadanos que por miedo, coste y tiempo aceptan los planteamientos sancionadores realizados por la Administración.

En palabras del creador de “Abogator”, José Enrique Peñarrubia, su finalidad es “poner en igualdad de condiciones a la Administración Pública y al ciudadano”, lo cual considero que es un fin realmente loable.

Asimismo descarga a los Abogados de una carga de trabajo innecesaria dada la sencillez de muchas de las cuestiones anteriormente comentadas, directa e indirectamente, sin perjuicio de que aquellas de más gravedad o complejidad sean tratadas por profesionales jurídicos de carne y hueso. 

Por otro lado, son muchos los despachos de abogados, que no solo emplean «chatbots» para la resolución de dudas habituales de sus clientes, sino que también han incorporado herramientas de Inteligencia Artificial que permiten búsquedas jurisprudenciales, análisis de multitud de sentencias o la realización de mecanismos que obtienen parámetros acerca de las decisiones más habituales adoptadas por los diferentes órganos jurisdiccionales.

LA TECNOLOGÍA ES UNA ALIADA 

Desde mi opinión, y la de muchos profesionales de la abogacía, no hablamos de enemigos sino de aliados.

Considero interesante traer a colación lo expuesto por César Mejía, «Chief Information Officer» [director de Información] de Garrigues, que concluye ante este panorama dos ideas que a mi juicio son clave.

Por una parte que “La Inteligencia Artificial permite automatizar el trabajo de menos valor y aumenta la productividad de los profesionales” y por otra que “al tener más tiempo, los abogados se centran en aportar valor añadido a los clientes”.

Considero que estas ideas marcan las pautas hacia donde deben dirigirse los abogados del futuro, y es que esta nueva forma de trabajar permitirá la posibilidad de que los profesionales de la abogacía dediquen más tiempo no solo a las relaciones con sus clientes sino también a aquellos asuntos que por su complejidad técnica requieran un mayor trabajo y estudio. 

Nos encontramos por tanto ante la necesidad de explorar nuevos caminos para no ser profesionales obsoletos en un futuro, y tal vez en el presente, ya que debemos formarnos hacia nuevos nichos de mercado que se abren, pues no hablamos de una amenaza, sino de una oportunidad.

Entiendo la tecnología como una herramienta puesta al servicio de los humanos, y no a la inversa, por lo que la complementariedad y la consecución de mecanismos que agilicen y faciliten el trabajo de los profesionales, sean estos abogados, médicos o profesores, es un arma útil para dedicar tiempo y dinero a aquello que realmente lo necesita. 

Si bien he observado que algunas páginas hablan de la desaparición total de la abogacía, así como de la judicatura, considero que al menos en un espacio temporal a corto y medio plazo, tal realidad es difícil de creer.

No solo porque los medios técnicos -si bien considero que no soy un experto en la materia- no podrán todavía llegar a sustituir al pensamiento y el raciocinio humano en cuestiones técnicas complejas, sino también porque creo que los ciudadanos cuando realmente tienen un problema grave, ya que no debemos olvidar que el derecho “juega” con cuestiones de vital importancia para las personas, no se sentirán respaldados del mismo modo por un ordenador que por una persona que pueda entenderles y ayudarles en momentos de vital importancia en sus vidas, al igual que uno no se siente igual si un amigo lo consuela a través de «Whatsapp» que con un abrazo y un café de por medio.

Creo firmemente en las relaciones personales, y sobre todo en los tratos de cercanía y calidez, que en definitiva no pueden ser proporcionados por máquinas, y que entiendo alcanzan máximas en cuestiones relacionadas con la justicia. 

ALGORITMOS

Por otra parte la casuística de cada caso concreto es dispar, y no todos los problemas se pueden solucionar de manera sencilla.

Es cierto que los algoritmos son capaces de “pensar” en las peculiaridades que pueden existir en un determinado supuesto, pero no es menos cierto que muchas veces nos pueden llevar a decisiones erróneas.

Por poner un simple ejemplo –aunque sea relativa al mundo general de Internet–, se producen supuestos en los que contratos de alquiler que han podido ser fruto de una simple búsqueda en Google, provocan que determinados particulares no soliciten aval a estudiantes –con las consecuencias que se podrían derivar de un hipotético impago– o no establezcan cláusulas de responsabilidad subsidiaria o solidaria relativas al pago de la renta. 

Todo lo anterior no expresa que esté en contra de los avances tecnológicas –tal y como se ha podido observar a lo largo de mi exposición– porque realmente creo en ellos, pero no de una forma abusiva en la que limiten las relaciones personales y profesionales de los individuos, sino como herramientas de trabajo que puedan hacernos emplear nuestro tiempo en aquello que realmente merece la pena.

Soy consciente de que probablemente la opinión que estoy vertiendo en estas páginas puede verse modificada por los avances que en próximos años ocurran en el mercado, así como nuevos conocimientos que adquiera en tiempos futuros ya que he de reconocer que se trata de un tema que desconocía y que ha suscitado un amplio interés en mi persona, pero no es menos cierto que como defensor de la profesión en la que me enorgullece algún día entrar creo que van a ser apasionantes las nuevas posibilidades laborales que ofrezca el mercado y las herramientas que surgirán en un futuro cada vez más cercano. 

¿Si pienso que algún día los abogados serán todos robots?

La verdad es que no, pero sí que esta profesión tal y como la conocemos va a cambiar, pero va a cambiar de una forma apasionante y enriquecedora para todos los profesionales que sepan adaptarse al cambio y sobre todo para los clientes finales. 

A modo de conclusión, añadir la siguiente frase, y es que “debemos utilizar la tecnología no ser enemigos de ella”. 

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