Al finalizar el juicio, que se celebró el 31 de enero y el 1 de febrero, el Ministerio Fiscal solicitó la absolución del agente procesado, al igual que la defensa —ejercida por la Abogacía del Estado—.
Los hechos juzgados tuvieron lugar sobre las 12 horas del 26 de septiembre de 2012 –hace siete años– cuando comenzó en la Plaza del Castillo, con final previsto en el Paseo de Sarasate de Pamplona, una manifestación con motivo de una jornada de huelga general convocada por ELA, LAB, ESK, CGT, CNE, SEn-EILAS, EHNE e Hiru.
Sobre las 13 horas, cuando la manifestación llegaba a la altura del Parlamento de Navarra, se produjeron enfrentamientos entre manifestantes y agentes de la Policía Foral, que motivó que éstos realizaran varias cargas.
En el lugar se encontraban también agentes de la VI Unidad de intervención del Cuerpo Nacional de Policía, que realizaron igualmente labores de dispersión contra ese grupo de manifestantes.
Finalizado el acto, varios de esos manifestantes continuaban en el Paseo de Sarasate, entre ellos el denunciante, que en concreto se encontraba aproximadamente a la altura de la calle García Castañón.
Este grupo de personas, según considera probado el tribunal, no portaba armas, ni otros objetos, ni instrumentos peligrosos que pudieran suponer un peligro contra la integridad física de los agentes de la autoridad, “ni estaban realizando, por tanto, actos de acometimiento contra éstos”.
En esta situación, según consta en la sentencia, la víctima “recibió el impacto de una pelota de goma en su ojo derecho, desconociéndose la procedencia del disparo y el autor del mismo”.
Como consecuencia de estos hechos el lesionado sufrió un “traumatismo ocular en el ojo derecho con fractura orbitaria, edema corneal, efusión uveal, iridodiálisis y desprendimiento de retina postraumático, por el que precisó tratamiento médico, con la consiguiente pérdida total de la visión del ojo derecho”.
En la sentencia, el tribunal resalta que el denunciante reconoció durante el juicio, a preguntas de su propia letrada, que no podía precisar qué disparo recibió ni de quién, una “falta de identificación que es igualmente predicable de todos los demás testigos que declararon en el acto del juicio oral”.