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De números y probabilidades: Responsabilidad gubernamental sobre el COVID-19

Carlos Perelló aborda las consecuencias del "cisne negro" que está afectando a España y al mundo entero.
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El éxito judicial solo es posible cuando se presentan en la vista los hechos acusatorios, estos están tipificados y sobre todo se prueban delante de su Señoría.

El querellante podrá equivocarse en los fundamentos de derecho ya que “Iura novit curia” (el tribunal conoce el derecho) pero sería fatal para sus intereses errar en los hechos o ser incapaz de probarlos.

Espero que este relato ayude a clarificar algunos de estos puntos.

Los números son fríos y tozudos pero, nos guste o no, la mayoría de decisiones que tomamos y que toman por nosotros, se basan en ellos. El problema es saber interpretarlos.

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Así, estos números se convierten en probabilidades en función del tipo de distribución que diseñen y la decisión tomada dependerá del intervalo de confianza que deseemos aceptar según esa distribución.

El valor futuro que se generará en esa población, (se estima) estará dentro del intervalo según la confianza con la que hemos decidido operar.

Esto que suena a búlgaro (por ser diferente) se entiende mejor con un ejemplo.

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Si en un país hay de media 30.000 personas en prisión e históricamente este número ha mostrado una desviación típica (volatilidad) del 10% anual, el país decidirá tener un número de prisiones con una determinada capacidad  en función del intervalo de confianza deseado.

Así con un nivel de confianza del 67 % crearemos capacidad para unos 32.922 presos, que subirá a una capacidad de 35.880 si deseamos un nivel de confianza del 95 % y a 38.421 con una confianza del 99,5 %.

Los presos que haya en el futuro no se espera que superen ese límite con ese grado de confianza (erraríamos 1 vez cada 20 años al 95 % o una vez cada 200 años al 99,5 %).

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Pueden sustituir “capacidad en prisiones” por camas de hospital, máscaras, respiradores etc.

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A mayor nivel de confianza, mayor probabilidad de tener recursos suficientes pero mayor coste también y más riesgo de tener recursos públicos ociosos.

En las Bolsas se suele trabajar con intervalos de confianza del 67 % pero la Bolsa es solo dinero, en cambio cuando hablamos de personas y la salud, los intervalos suben mínimo al 95 %.

Dicho esto, este 95 % no es el porcentaje respecto al peor de los escenarios sino respecto a la media histórica y a su desviación típica que son mucho más bajos.

Esto que funciona muy bien matemáticamente sería perfecto para eventos que no tengan cisnes negros (“black swans”) o, si estos existen, poder hacer que se queden fuera de la póliza de seguro y dejar su cobertura al sector público.

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Redirigiendo este análisis a la actualidad, a todos nos gustaría tener un hospital, un parque de bomberos, una comisaría de policía, ambulancias, un jardín público o una estación de metro al lado de nuestra casa y además un juez por cada 1000 habitantes, pero eso es imposible por el coste que supone y además porque al tercer año de tenerlos ociosos habría quejas de despilfarro público, ineficiencias y probablemente corrupción.

Cisnes negros como el COVID-19, un meteorito, un accidente nuclear internacional, un colapso global de nuestra red informática, una tormenta solar devastadora, un terremoto masivo (California), un tsunami demoledor son sucesos rarísimos y, a la vez, afectan a tal número de personas que no entran dentro de un análisis lógico matemático para decidir cuantos hospitales, bomberos, ambulancias etcétera debe tener un país.

Imaginemos que fuera obligatorio construir ahora todas las casas con un bunker antinuclear o anti-meteoritos.

¿Estaríamos dispuestos a pagarlo?

Imagino que no.

¿Significa esto que la sociedad está condenada ante estos eventos y que nada se puede hacer más que ser reactivo y minimizar daños?

Afortunadamente existe una manera barata, eficiente y efectiva para luchar contra estos eventos y se llama prevención.

Y mejor si se hiciera coordinadamente entre todos los países.

LO QUE ES NECESARIO 

No es lo mismo ver un meteorito 30 minutos antes de que nos golpee que verlo venir con 1 mes de antelación y saber dónde va a caer y sus posibles efectos.

La prevención implica tener grandes empresas en diferentes sectores clave que sean capaces de ayudar internacionalmente y cambiar su línea de producción rápidamente hacia lo que es vital.

Prevención es saber, para cada “black swan”, qué va a ser lo necesario, para cuántas personas, de qué se carece y cómo y dónde obtenerlo rápidamente. 

Es necesario ser “alguien” en el mundo, saber a quien llamar, qué decir y cómo obtener lo necesario y todo eso a cambio solo de tu palabra (lo cual necesita ser trabajado a conciencia!).

Prevención es relacionarte con quien te pueda ayudar en esos momentos y no con quien le da igual lo que le pase a su propio pueblo.

Haciendo esto se evita el inasumible gasto de estar cubierto continuamente contra estos “black swans” pero se minimiza de manera considerable su efecto devastador.

Una vez en la situación actual y visto que, no solo no se han hecho los deberes, sino que no se sabía ni que había, lo único prioritario es evitar el caos total, atacar y atajar el problema de arriba abajo, de lo más urgente y humano a lo más banal y material y claro, aquí me pierdo porque siendo esto tan obvio y elemental, no sé dónde encaja, en estos momentos,  publicar indultos en el BOE, reorganizar el CNI con gente inexperta o pagar asesores cuya única obsesión es ser Kevin Spacey en “House of Cards”.