Fortalezas en el cambio: La transformación de la Administración de Justicia

Fortalezas en el cambio: La transformación de la Administración de Justicia

21 / 04 / 2020 06:30

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Es seguro que ni Robert Fulton (inventor del barco de vapor) ni Edward Cartwright (inventor del telar mecánico) pudieron prever que sus creaciones darían lugar a una transformación social y económica tan importante que marcaría un hito en la historia de la humanidad: la Revolución Industrial.

Los grandes cambios que desde épocas prehistóricas hasta el presente contemporáneo han ido definiendo la evolución del ser humano han tenido su origen, casi siempre, en la capacidad de las sociedades de recurrir al ingenio y al trabajo colectivo; ambos, elementos indispensables para el progreso en la acepción más amplia del término.

Sin embargo, también es verdad, y así debe señalarse, esos cambios históricos han acontecido, habitualmente, en escenarios de violencia, desastre o penuria.

Como ahora, las situaciones de «shock» generalizado se tornan en contexto idóneo para que los cambios graduales, las evoluciones progresivas o las adaptaciones escalonadas, sean sustituidas por la implementación directa y sin esperas de regulaciones, políticas o medidas.

La inmediatez que marcan los periodos de «estrés histórico» ofrece un puente para la reducción de tiempos —no siempre de costes—, haciendo hechos de las posibilidades e imperativo del condicional.

La naturaleza se abre camino a su ritmo; a pesar de la soberbia y vanidad humanas.

Precisamente por lo anterior, y admitiendo que el tablero que resulte de la crisis del COVID-19, conllevará —ya lo está haciendo— una transformación económica y social sin precedentes, es más pertinente que nunca llamar la atención sobre la necesidad de que todos, entes privados y públicos, estemos en disposición de actuar ante los retos que lleva consigo el salto histórico en el que ahora nos encontramos y de cuyo vértigo no podemos huir.

DEFINIR ESTRATEGIAS

No hemos podido evitar la desgraciada aparición del coronavirus en nuestras sociedades, pero sí podemos —y debemos— definir cuáles han de ser las estrategias y compromisos que aseguren que los efectos derivados del COVID-19 tengan el menor impacto posible: la anticipación será una preordenada de la transformación.

La dimensión del reto es tal que los esfuerzos, obligatoriamente, han de ser colectivos, consensuados y efectivos.

En el caso de la Administración de Justicia, como organización responsable de la resolución de la judicialización de las consecuencias económico-laborales de la pandemia, apremia diseñar un plan conjunto de actuación, más ambicioso que nunca, en el que todos los actores —abogados, procuradores, empresas, poderes públicos…— tomemos conciencia de los actos que deberán realizarse y de cuáles son las opciones y herramientas que tenemos a nuestra disposición para garantizar que la tutela judicial de los contenciosos sea rápida y, sobre todo, eficaz.

La apuesta plena por el proyecto de Justicia Digital en todos los territorios y órdenes jurisdiccionales, el establecimiento de mecanismos alternativos a la resolución judicial (mediación, conciliación…), la comunicación real y permanente entre administraciones, o el reforzamiento y mejora de las comunicaciones telemáticas con garantía para la protección de datos personales, son solamente algunos de los ejes en que la transformación de la Justicia debe, no ya «moverse», sino «asentarse».

Desde tiempos pretéritos, la Justicia —sustantivo comprensivo de todos sus operadores— ha permanecido olvidada, relegada a la disfuncionalidad burocrática y a la resignación frente a ella; apelada en tantas ocasiones como enterrada más tarde en la desmemoria, a la hora de la verdad, por los consensos imposibles y las irresponsabilidades conjuntas.

Sin embargo, su labor histórica es innegable, sobre todo en circunstancias extremas, de cambio, transformación y reestructuración de las coordenadas sociales.

Como en los albores de la Revolución Industrial, encontraremos obstáculos y luditas que renieguen de lo crucial de esta transformación, que manifiesten la —falsa— transitoriedad de los hechos, pero como entonces ahora, la evolución puede permitirnos obtener nuevas fortalezas que, para siempre, redunden en un mejor servicio para toda la sociedad.

La fuerza nacerá del cambio.

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