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Así se oposita en tiempos del COVID-19: Foto fija de un tiempo sin precedentes

Antonio Palacios Herruzo, titular del Registro de la Propiedad de Lucena 2, Córdoba, en una foto tomada antes de una de sus sesiones con los opositores, de forma telemática.
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“Antonio, ¿a qué hora te viene bien que te llame para que reorganicemos el ‘planning’? Por cierto, Felices Pascuas”.

Pocas cosas describen una situación de forma tan clara y gráfica como el relato de una escena propia del tiempo que estamos viviendo y que queremos reflejar.

Este no es un mensaje inventado que recree una conversación entre una opositora y su preparador en “tiempos del COVID-19”.

El transcrito es un mensaje real de una alumna, a la que llamaremos Carmen, y su preparador, que es quien escribe estas líneas.

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En una realidad de confinamiento cuasi-total y de actividad general en estado de semi-hibernación es difícil no trasladarse mentalmente a la oposición y a sus larguísimos domingos de estudio.

Domingos eternos de inquebrado silencio ante la ausencia del ruido y voces propios de la rutina diaria de cualquier ciudad.

Estos domingos de oposición, trágica y desgraciadamente, son hoy la norma diaria.

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Carmen, como muchos otros opositores, está sumida en un domingo interminable desde el comienzo del estado de alarma.

Opositora orgullosa, en el mejor sentido del término, y muy responsable acepta con abnegación el ver a su novio solamente a través de una de las aplicaciones tan de moda en estos tiempos que corren; como acepta que las vacaciones de Semana Santa de este trágico 2020 hayan consistido en organizar armarios para “matar el tiempo”.

Las sesiones las realiza a través de su ordenador personal, desde casa, como se puede ver en la imagen.

No ha perdido la sonrisa y está estudiando como una fiera.

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“¿Me escuchas?”.

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Una pausa breve. Leo en los labios de un alumno, al que llamaré Ramón, un nítido: “Sí, espera”.

La imagen se congela unos segundos y como una explosión escucho: “Ya, ya estoy”.

Tengo que bajar el volumen del ordenador, al tiempo que me encajo bien los auriculares. Diecisiete años me separan de Ramón, aún soy joven para manejarme bien con lo digital.

Toca dar temas y perdemos veinte minutos hablando de qué aplicación es mejor para hablar; me meto con la definición de su imagen y Ramón me confiesa que el ordenador tiene más edad que la mayor de mis hijas.

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Me pregunta por ella, conoce bien a mis hijos. Esto es un ritual, con Carmen al terminar la clase, pero también charlamos de forma distendida.

Juan Carlos, otro nombre figurado de un opositor real, me habla del último titular de un diario digital de alcance, nos desahogamos. Creo que ellos lo necesitan, en mi caso sé que lo necesito.

No debemos perder las buenas costumbres.

La oposición convierte a dos personas extrañas en capitán y comandante de una misma nave en ruta.  El destino final solo se alcanza cuando ambos están bien en su tarea y, para bien o para mal, la mar de la vida en la que flota no lo impide.

Están siendo días de silenciosa calma en la calle, pero frenéticos en la vida de un opositor.

Hace unos meses, a las típicas cábalas sobre el orden de opositores en los exámenes o comienzo de los ejercicios, se unió la incertidumbre sobre qué haría el Tribunal ante una pandemia en ciernes.

Resoluciones del Tribunal, de la Dirección General, hoy de Seguridad Jurídica y de Fe Pública, Decretos…, pero, sobre todo, grupos de “WhatsApp” echando chispas.

Pantallazos, mensajes kilométricos, emoticonos de horror, angustia, duda y lágrimas por doquier: “¿Ahora qué hacemos? Antonio, ¿cómo nos vamos a organizar?”. 

La cabeza de un preparador es la cabeza de una persona normal.

Antonio Palacios Herruzo sin máscara, en tiempos felices del pasado en los que la pandemia no estaba ni en la mente ni en la realidad de nadie; la imagen fue tomada en una de sus intervenciones en Lucena Radio.

Es la cabeza de un registrador de la propiedad que trabaja en un local compartido con otro Registro en que hay un contagio y que está llena de pedidos de guantes, mascarillas y geles del alcohol, de presupuestos de desinfección garantizada o de turnos de trabajo.

Es también la cabeza de un padre de tres muy hijos pequeños que inventa juegos, que repasa caligrafía básica, enseña a leer o se revuelca por el suelo haciendo el gusano para entretener a las fieras.

Es la cabeza de un hijo de padres mayores encerrados a cal y canto que idea turnos para llevar compras e intenta evadirse para no pensar en lo peor.

Esa cabeza tiene que responder a Carmen, Ramón, Juan Carlos y a otros tantos cientos de opositores de esta enlutada España nuestra y hacerlo de modo que la nave no solo siga a flote, sino que su rumbo siga siendo recto y seguro a buen puerto.

Estoy orgulloso de mis alumnos y de todos esos opositores que hoy, de nuevo domingo larguísimo de oposición, se han levantado y llevan ya horas clavando sus codos a la mesa para reducir y someter al programa de la oposición y que, frente a viento y marea o tedioso silencio y parálisis social, cumplen sobradamente su responsabilidad.

Por mi parte, trato de cumplir la mía, como lo hacen todos esos preparadores, hombres y mujeres, padres, hijos y esposos que lo son y que hoy, más que nunca, son imprescindibles.

Ánimo, pronto la pregunta será: “Antonio, ¿cómo nos organizamos para el segundo?”.