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Coronavirus: El okupa más letal, peligroso y criminal del mundo

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La más criminal noticia de este siglo podría resumirse en: ¡El coronavirus constituye el más letal, peligroso y criminal okupa en el mundo!

Ante el silencio, el misterio, la confidencialidad internacional, el pueblo no conocemos ni de dónde ha salido, ni su origen, ni si tiene progenitores tan letal okupa. Desgraciadamente somos las mujeres y los hombres del mundo simples y mortales víctimas de tan peligroso e interminable okupa.

Determinados profesionales de la medicina, comenzaron dictaminando un “simple resfriado”, sin cerrar las puertas centrales de las fronteras, abriendo los balcones de la contrariedad, del desconocimiento científico ante la dimensión criminal de tan sorprendente okupa.

Falló la prevención mundial para evitarlo, erró el control eficaz para evitar su expansión internacional y en la actualidad, el desconcierto, el desconocimiento, los reiterados errores, nos tienen prisioneros de tan firme, dictatorial y atrincherado okupa, sintiéndonos millones de mujeres y hombres, víctimas de sus reiterados crímenes contra la humanidad.

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Indefensos, sin final y a la espera de que en algún momento de este siglo, el okupa coronavirus, sea acribillado a balazos por la correspondiente vacuna, para evitar más fallecidos, más mártires del silencio y más horror, en un mundo donde no se ha logrado garantizar el derecho humano a la salud ni el derecho humano a la vida.

Hoy, mujeres y hombres aterrados, horrorizados, sin más dignidad que la espera, buscando resguardarnos de tan abusivo impostor, tratamos de salvar el pellejo, ya que nuestra dignidad como seres humanos, muere cada amanecer, al comprobar como los contagiados aumentan, los muertos no cesan y las bolsas de las libertades económicas caen, determinadas empresas y comercios se ven obligados a cerrar, negocios arruinados, economía mundial víctima de un terrorífico virus que se ha apropiado de la verdad, de los derechos, de las libertades económicas y de la vida de gran parte de la humanidad.

Hijos e hijas sin colegio, clases digitalizadas, familias rotas, trabajos cesados, facturas sin poder pagar, colas interminables suplicando un plato de comida, mujeres y hombres sin más consuelo que la espera, sin derechos, sin libertades, sin ninguna seguridad de lo que en verdad sucede, ni de lo que nos resta por sufrir, por sangrar o por morir.

En este siglo de grandes multinacionales, de suntuosos edificios, de colmadas Instituciones Internacionales, de prestigiosos científicos, de afamados divulgadores de la comunicación, este jurista como soñador entregado en más de setenta años a luchar pacíficamente por los derechos humanos, por las libertades, por los derechos sociales, en aras de evitar la indefensión de mujeres y hombres, jamás sentí en mi corazón tanta indignidad, tan grave tristeza, tan corrosiva indefensión ni tan criminal decepción.

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Resulta un vírico crimen mundial contra el derecho humano a la salud y el derecho humano a la vida, que los pueblos de la Tierra, como corazón social de libertades, hayamos caído en la prisión del okupa coronavirus.

Jamás imaginé que en este siglo, mundialmente un odioso virus terminara matando el amor, la vida, los derechos y las libertades de gran parte de la humanidad.

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