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El BCE, fiscalizador de las democracias de la UE, y el caso de España

Carlos Perelló
El BCE, fiscalizador de las democracias de la UE, y el caso de España
El autor de la columna, Carlos Perelló, es economista, abogado, especialista en concursal y socio fundador de PerelloBioscaCabrera-Administradores Concursales.
04/10/2020 06:44
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Actualizado: 04/10/2020 11:07
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La Unión Europea (UE) se construyó sobre unos valores y principios, tanto sociales como económicos, de los que difícilmente sabríamos enumerar unos pocos hoy en día; no porque se hayan modificado sino simplemente porque incumplirlos no genera ninguna condena.

En cambio, la UE se mantiene hoy en día unida por dos principios perfectamente reconocibles pero que nadie quiere hacerlos suyos, veamos.

El primero es el miedo a no estar dentro o a que te expulsen. La UE es difícil que expulse a nadie, bien es cierto que a Grecia se le abrió la puerta y ahí fue el comienzo del fin de la soberbia de Tsipras, pero mientras que hay países que podrían salir de la UE y no lo hacen para no ser recordados en la Historia como insolidarios, antieuropeos o traidores, hay otros países que no pueden salir porque volverían a la edad de piedra. No hace falta decir en qué grupo se encuentra España.

El segundo principio es el miedo a que el Banco Central Europeo (BCE) no compre la deuda de los países miembros, sobre todo, la de los más necesitados de financiación.

No es que el BCE quiera tener a los países miembros como rehenes de sus propias ineptitudes en la gestión de dineros públicos sino que el BCE quiere mostrar unidad y compromiso europeo para con ellos.

Aquí también hay dos grupos de países, aquellos a los que si el BCE no apoya en sus emisiones de deuda, no pasa nada, y aquellos en los que si no compra el porcentaje de deuda que espera el mercado se produce la hecatombe.

Tampoco hace falta decir en qué grupo se encuentra España.

Y esto bien lo experimentó el presidente Silvio Berlusconi cuando, de nuevo, la soberbia generó una respuesta de la UE, y por ende del mercado, llevando los bonos italianos a una rentabilidad cercana al 7%, inasumible para el Gobierno, provocando la dimisión de “bunga-bunga”.

Una vez entendido esto, vayamos al título.

¿Aceptaría usted que el BCE comprara deuda de países como Venezuela, Corea del Norte o Rusia?

No.

¿Aceptaría usted que el BCE comprara deuda de un país que no defiende los valores y principios democráticos de Europa?

No.

¿Y si ese país fuera miembro de la UE?

Y aquí es cuando la UE duda y le entra el miedo a que la acusen de inmiscuirse en la política interna de los países.

Pero, ¿no debería inmiscuirse cuando es el mayor inversor de la deuda de un país y quiere proteger ya no solo la inversión de todos los europeos sino sus valores y principios?

Pongamos como ejemplo un Gobierno:

Que ataca sin rubor a la Jefatura del Estado y a la Constitución después de jurar ante ellas la toma de posesión de sus cargos.

Que protege a unos ciudadanos más que a otros, según estén en una Región u otra en función de quien las gobierne.

Que negocia y se sienta con partidos que quieren, explícitamente, destruir el país.

Que negocia y se sienta con partidos que no condenan asesinatos.

Que quiere controlar a su antojo al Ministerio Fiscal y al Poder Judicial.

Que es incapaz de asumir ninguna responsabilidad política y ante cualquier acto ilícito solo tiene la defensa del “y tú más”.

Que presume de controlar los medios de comunicación y de coartar la libertad de expresión de los ciudadanos no afines limitando su opinión en las redes sociales.

Que está llevando a la ruina económica y a la confrontación real entre los ciudadanos solamente para crear un pueblo sumiso y necesitado y así perpetuarse en el poder.

Un Gobierno donde sus miembros se enriquecen a manos llenas solo por estar en el Gobierno y encima lo airean con total impunidad.

Un Gobierno mastodóntico para intentar controlar todas las esferas de influencia y donde el único requisito es ser leal al líder supremo.

Un Gobierno que ganó con el programa electoral que querían sus votantes y gobierna con el programa electoral que realmente tenían planeado.

Un Gobierno que reniega de la bandera y del himno de su país y se avergüenza de ser español.

¿Es esto un gobierno democrático?

¿Es éste un Gobierno donde usted invertiría su dinero?

Este gobierno es el Gobierno de Sánchez e Iglesias.

El Gobierno de España.

Este país necesita nuevas elecciones y que el pueblo decida si quiere seguir con estos mismos dirigentes o si se necesita un cambio.

Actualmente solo el BCE puede provocar estas elecciones de la misma manera que Europa dejó claro, en su momento, que Varoufakis debía desaparecer de la vida política en Grecia y Berloscuni de Italia.

Nuestro Varoufakis está en Galapagar y este Gobierno no es democrático si no tiene claro que tras 50.000 muertos y la peor gestión posible de la pandemia, desempleo en máximos, colas diarias para obtener comida, el déficit disparado, la bolsa hundida (ergo, cero confianza internacional) y la destrucción empresarial a la que nos están llevando sus políticas, siguen creyendo que son los más adecuados para sacarnos de esta situación.

La UE debe tener claro que cuanto más dure el Gobierno de Sánchez más tendrán que pagar los europeos para evitar que España se convierta en un país zombi y permanentemente necesitado de fondos europeos.

¿Merece España que el BCE compre su deuda y le ayude a que se mantengan en el poder?

No, no compren la deuda del Gobierno de Sánchez, un gobierno social-comunista y populista que está llevando España a la ruina y a la confrontación y oblíguenles a pedir la confianza a quien se la tiene que dar, el pueblo español.

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