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Los miembros de la cúpula de la Policía Nacional no pasarían el examen de ortografía de los opositores a la Escala Básica

Carlos Berbell
Los miembros de la cúpula de la Policía Nacional no pasarían el examen de ortografía de los opositores a la Escala Básica
El columnista, Carlos Berbell, pone en tela de juicio la prueba de ortografía de la oposición a la Escala Básica de la Policía Nacional. Foto: EP
10/3/2021 06:45
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Actualizado: 10/3/2021 01:43
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Lo he probado, personalmente. Yo, con 37 años de ejercicio del periodismo profesional a mis espaldas, con ocho libros publicados, escribiendo diariamente artículos, crónicas, entrevistas, siendo mi herramienta de trabajo la lengua española, habría suspendido -con toda seguridad- la prueba de ortografía de acceso a la Escala Básica de la Policía Nacional al que se sometieron los 16.754 opositores en los exámenes que tuvieron lugar el pasado 6 de marzo en 16 ciudades distintas.

Y me atrevo a afirmar, desde aquí, a que si sometiéramos a este mismo examen al director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras; al director adjunto operativo (DAO), José Ángel González Jiménez; al comisario general de Policía Judicial, Rafael Pérez Pérez; al de Seguridad Ciudadana, Juan Carlos Castro Estévez; al de Policía Científica, Pedro Luis Mélida Llédo; o al propio Cirilo Durán Reguero, responsable de la División de Formación, con toda seguridad no lo pasaba ni uno de ellos.

Reto a cualquiera de ellos a que se atreva a hacerlo en las mismas condiciones y en el mismo tiempo que se dio a los opositores.

Eso sí, después de casi siete horas de exámenes y con la cabeza como un bombo. Como ellos. 

Porque esta prueba fue la última de todas.

Sinceramente no entiendo para qué sirve. Porque no sirve para lo que dice servir.

El enunciado establece: «Este ejercicio tiene por objeto conocer sus conocimientos sobre ortografía. Para la corrección de la prueba se utilizarán las entradas propias que figuran en el Diccionario de la lengua española, obra lexicográfica de referencia de la Real Academia Española. Consta de 100 ítems. Para contestar, deberá utilizar las siguientes alternativas de respuesta: A: Figura en el Diccionario de la lengua española. B: No figura en el Diccionario de la lengua española».

Son 100 preguntas. ¡Y hay que responderlas en 8 minutos! ¡8 minutos! A 4,8 segundos por palabra, como bien indicaba Álvaro Bacigalupi en un «tuit».

Además, advierten: «Los errores penalizan».

¿Quién es el friki que ha elaborado este cuestionario?, me pregunto. Tengo mucho interés en saber su nombre.

¿Es alguien de la Policía Nacional o se lo han encargado a un grupo de guionistas de los concursos «Saber y ganar» o «Pasapalabra»?

Porque esto no se corresponde con el objetivo establecido de conocer los conocimientos sobre ortografía de los aspirantes.

No, ese no es el objetivo.

El objetivo es otro. Lo dice con toda claridad el enunciado: consiste en conocer si el opositor sabe si las palabras en cuestión están en la RAE o no están.

No si están escritas correctamente. 

¿De verdad que es esencial que un policía de la Escala Básica tiene que saber si palabras como «arboricidio», «hermenéutico», «sindemia», «baipás», «kétchup», «procastinar» o «alcayata» figuran en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española?

Reconozco que en mi quehacer diario tengo mis dudas, como todos los periodistas y escritores. No somos perfectos ni infalibles. Y cuando eso sucede me voy a la página web de la RAE o, mejor aún, a la página de Fundeu –que recomiendo encarecidamente–, donde suelo ver casi siempre la luz.

No siempre. Porque las dudas siguen existiendo. La lengua es algo vivo que se va transformando cada día. Cada año se van incorporando nuevas palabras o se van modificando otras en uso. Y por muchos libros que se lean al año –y yo leo bastantes– no tengo la seguridad completa al ciento por ciento de que una palabra concreta esté en el Diccionario de la lengua española, pero sí de que es «de curso legal», que es utilizada de forma común por nosotros, los hispanohablantes. No puedo tenerlas todas en la cabeza. Nadie, salvo los que participan en esos concursos.

Porque esto no es un concurso de televisión encubierto. ¿O sí?

Una de las organizaciones sindicales de la Policía Nacional, el Sindicato Unificado de Policía (SUP), hizo público ayer un comunicado indicando que «A juicio de expertos lingüistas, no sirve para determinar los conocimientos de ortografía de los aspirantes, por lo que, lejos de ser una prueba objetiva de conocimientos, parece responder a un elemento de fácil cribado y selección».

Lejos de ser una prueba objetiva de conocimientos, parece responder a un elemento de fácil cribado y selección, subrayo. 

Es una explicación convincente. Ese es el fin último. Por ello es lógico que muchos de los afectados exijan que se invalide dicha prueba. De todo punto lógico.

No es un examen válido porque no sirve al fin que se busca.

Comparto la opinión del SUP.

Si por el contrario no se produjera una decisión en ese sentido, la de la nulidad, sugiero que, para demostrar que es una prueba lógica, los cinco mandos mencionados se sometan a un examen similar elaborado por el mismo policía de Formación o guionista de «Saber y ganar» o de «Pasapalabra» que  haya fabricado este.

Más que nada para demostrar que no tengo razón. Que estoy equivocado.

Como se suele decir, el ejemplo es el principio de la autoridad. ¿Y qué mejor oportunidad que esta para demostrarlo? La pelota queda en su tejado.

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