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[Opinión] Los abogados del turno de oficio somos como el conejito de Duracell

Según Francisco Javier Lara, decano emérito del Colegio de Abogados de Málaga, la gran profesionalidad y el compromiso de los abogados del turno de oficio, servicio del que forma parte, impiden que el servicio colapse a pesar del maltrato sufrido por parte de la Administración Central y Autonómica. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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Me prometí a mi mismo tomarme un tiempo de desconexión de la Abogacía Institucional, en la que comencé en el ya lejanos 2003.

Pensé a finales de 2020, cuando cedí mi testigo como Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga, que un año de Delegado-Presidente en Torremolinos, cinco de Diputado (tres de ellos del Turno de oficio) y ocho como Decano, era suficiente.

Siempre he pensado y defendido que no está bien perpetuarse o apoltronarse en las Instituciones más y hay que dejar paso a otras personas que continúen con ideas y proyectos nuevos.

Así, que me desvinculé y comencé mi nueva etapa sin responsabilidades institucionales en la abogacía malagueña, andaluza y española.

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Tocaba dedicarse a tiempo completo a mi despacho, a mi querida profesión de abogado, abogado de a pie, abogado de trinchera.

«¡Abogado como Tú!», como decía nuestro eslogan electoral.

Hoy hago un inciso en ese período de desconexión, y es que el Turno de Oficio, o mejor dicho los abogados del turno de oficio, lo merecen, yo incluido.

Recuerdo al lector, que he sido diputado del turno de oficio, presidente de la comisión de Asistencia Jurídica Gratuita tanto del Consejo General de la Abogacía Aspañola (CGAE), como del Consejo Andaluz de Colegios de Abogados (CADECA) y de varias ediciones del Observatorio de Justicia Gratuita que con carácter anual hacía un arduo trabajo para conocer el estado real de la Justicia Gratuita, justiciables, abogados, etc. en nuestro país), así que puedo decir -una vez más- con bastante conocimiento de causa, que el sistema de Justicia Gratuita funciona en España, es uno de los mejores valorados en el mundo, pero ello es gracias solo y exclusivamente a los abogados y abogadas que prestamos nuestros servicios profesionales a las personas más desfavorecidas económicamente.

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Gracias a los abogados de oficio, se pone en plano de igualdad a todos los ciudadanos ante los Tribunales.

Esta es la grandeza del Estado de Derecho.

Los abogados de oficio, trabajamos con el mismo ahínco y la misma profesionalidad cuando actuamos a título particular o defendiendo a alguna persona de oficio.

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Sería inimaginable a estas alturas de siglo, pensar en algún ciudadano que no pueda defender sus derechos ante los Tribunales por
carecer de recursos económicos y para eso, estamos nosotros.

LA ADMINISTRACIÓN MALTRATA A LOS ABOGADOS DE OFICIO

Sin embargo, a pesar del fundamental papel que desempeñamos los abogados de oficio en el Estado de Derecho, la Administración española en general, incluyendo tanto al Territorio Común –aquel al que pertenecen las Comunidades Autónomas en las que no se ha transferido la competencia en Justicia– como a aquellas a las que sí disponen de competencia de Justicia en su territorio-, maltrata históricamente sin piedad ni compasión a los abogados de oficio.

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Así de fácil y sencillo. La Administración central y las autonómicas, maltratan a los abogados de oficio. Siguen pagando mal, tarde y poco.

Nos ponen cada vez más trabas y cargas administrativas.

En cada campaña electoral –sea en el ámbito que sea– todos los partidos –que demuestran desconocer por completo el funcionamiento de la Justicia en General y de la Justicia Gratuita muy en particular–, prometen el oro y el moro, pero sistemáticamente, no cumplen sus promesas.

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Juegan con nosotros, juegan con nuestra dignidad. Dignidad que nosotros, los abogados de oficio dejamos que nos la arrebaten y la Abogacía Institucional (y he formado como dije parte de ella y con altísimas responsabilidades), o no sabe, o no puede, o no quiere, pero por la razón que sea no consigue dignificar nuestra labor.

LA ABOGACÍA INSTITUCIONAL NO CONSIGUE NADA

Y he decir que la Abogacía Institucional en términos generales y con muchas excepciones, trabaja y trabaja duro, pero no consigue nada en esta materia.

Cuando nos sentamos con los políticos de turno en las distintas comisiones mixtas en las Consejerías de Justicia o en el Ministerio de Justicia, nos sentamos con personas qué en muchas ocasiones, demuestran saber mucho de política, de vivir de ella, de no haber hecho otra cosa en su vida echando los dientes en las juventudes del partido que sea, sin formarse y sin llegar a conocer en qué consiste el área que le han encomendado.

Eso sí, las grandes mesas, las medidas de seguridad, el personal a su cargo, los coches oficiales, les engorda su ego para “hacer el favor” a los representantes de la abogacía institucional de recibirles, en ocasiones tratarlos desde creyéndose estar en un estatus superior por ostentar un carguito público, pero demostrando tanto su ignorancia como su falta de ganas, empatía (ahora que se usa tanto este término) y de competencia para solucionar los problemas, como su incapacidad –por no tener capacidad– para tomar decisiones porque siempre
“decide el de arriba”, escudándose en esto y en que no hay dinero, para seguir pagando poco, tarde y mal.

Y claro, la abogacía institucional que también tiene su ego y sale de su círculo de relaciones habitual para ser recibido y fotografiado en bonitos edificios públicos, con autoridades, etc., aún sabiendo que lo que se ha dicho en la mesa de la reunión de poco servirá, se justifica con el famoso “se han comprometido a estudiarlo”, pero claro, a este paso de van a doctorar con tanto estudio, porque llevan décadas estudiando las propuestas y reivindicaciones justas, honestas y necesarias de la abogacía institucional en nombre de los abogados de oficio.

LOS ABOGADOS NOS PAGAMOS A NOSOTROS MISMOS

Al final, poco se consigue por la abogacía institucional y trata de calmar los ánimos de los “abogados de a pie” cuando se alteran y hacen demasiado ruido –sobre todo ahora en las redes sociales–, con medidas injustas e incluso deshonrosas, como adelantar los pagos.

Esto es, los abogados nos pagamos a nosotros mismos, dando tregua a la Administración que es quien debe pagar.

¿Te imaginas a los médicos pagándose a ellos mismos, si la Administración se retrasase en el pago de su trabajo? ¿A que no?

Los hechos demuestran que solo se ha obtenido éxito con los políticos cuando la Abogacía Institucional, ha puesto pies en pared, se ha plantado y ha reivindicado con contundencia.

Se me viene a la memoria mi discurso de toma de posesión en el lejísimo 2012. Leía literalmente una petición de ayuda del Decano de Icamálaga, don José Antonio Peláez (q.e.p.d.) al entonces presidente el Consejo General de la Abogacía Española, don Eugenio Gay, diciendo que los abogados malagueños llevaban un año de retraso en el cobro del turno de oficio.

SOS que lanzaba en el acto de inauguración de la preciosa sede colegial sita en el Paseo de la Farola de nuestra ciudad hacía 25 años.

Y yo, en mi toma de posesión, 25 años después, decía que seguíamos con un año de retraso en el cobro.

Después de una dura, durísima y agria defensa en todos los órdenes de los abogados de oficio, concentraciones, demandas, reclamaciones,
impugnaciones, requerimientos notariales que fueron publicados en prensa (imprescindible la ayuda de los periodistas a los que jamás estaré lo suficientemente agradecido), etc., la Junta de Andalucía, por vez primera en la historia, se puso al día y así se mantuvo.

Por suerte o por desgracia, los resultados solo se pudieron lograr o quizás solo supimos obtenerlos así.

Pero claro, no todos los representantes de la Abogacía Institucional están dispuestos a enfrentarse si resulta necesario con los políticos -en este caso por el ego- y mucho menos con los jueces y fiscales –por temores a represalias– y esto a mi personalmente me avergüenza.

SIGO INVESTIGADO JUDICIALMENTE POR DEFENDER A LOS ABOGADOS DE GUARDIA

Quien suscribe estas líneas, a la fecha de hacerlo, sigue siendo investigado por el Juzgado de Instrucción número 6 de Málaga por defender a los abogados en funciones de guardia durante la pandemia.

En modo alguno se permitió que en aquellos días que morían más de 1.000 personas diarias, los abogados bajasen a calabozos sin protección, sin desinfección y sin garantía alguna de seguridad.

No se hizo y se protegió a los abogados de guardia.

Me siento orgulloso de la decisión y de la postura adoptada por la Junta de Gobierno que tuve el orgullo de presidir, aunque eso me llevase al banquillo.

Un dislate jurídico sin duda, basado en el papel de demostrar quien es más fuerte, quien tiene la sartén por el mango en este país, pero si el precio a pagar era o es sentarme en el banquillo para garantizar la salud de mis compañeros, lo hago con todo gusto y honor.

Y del mismo modo actuaba, cuando había que enfrentarse a los políticos y dar la imagen de duro, antipático y ser un Decano distinto a los demás, y es que a eso me comprometí como mis compañeros cuando me presenté a las elecciones.

Pasan los días, los meses, los años, arrancamos las hojas de los calendarios y solo cambia la agenda que usemos en papel o digital.

No se producen cambios, bueno sí, algunos a peor como el regreso al retraso en el pago, que se soslaya con el adelanto con nuestro dinero para pagarnos a nosotros mismos, no solo en mi ciudad, sino en otras muchas.

¿Por qué no cambia esto?

No sé Vd., yo sí lo sé.

La Administración, sabe de nuestros egos, de nuestras limitaciones, de nuestras pocas ganas de enfrentamientos con quien ejerce cualquier tipo de poder, con nuestro estúpido y engreído pensamiento –yo diría excusa– de que somos abogados, serios, responsables y no es propio de nosotros enfrentarnos al poder en nuestras reivindicaciones, y sobre todo de la enorme responsabilidad y compromiso de los abogados de oficio, que no van a dejar a ninguna persona indefensa, aunque cobre indigna y tardíamente.

Así que los abogados de oficio, tragando, aguantándonos, y confiando en que sus respectivos Colegio y Consejos consigan algo, cada hora de las 24 que tiene cada día de los 365 que tiene el año, sumiso, leal, orgulloso por lo que hace, seguimos asistiendo a los detenidos, menores, mayores, víctimas de violencia de género, migrantes que llegan en patera, como el conejito de Duracell, sin desfallecer, con la cabeza alta y con nuestra máxima profesionalidad.

Esa dignidad, jamás nos la van a quitar.

Este servicio público, jamás podrá estar prestado por nadie, en la forma, compromiso y buen hacer como lo hacemos nosotros.