El jurado popular declara culpable a Javier R., el hombre que mató a su exmujer y a su exsuegra a puñaladas
Javier R., de espaldas, en primer término, junto a su abogado defensor durante el juicio que se celebró en el marco de la Audiencia Provincial de Álalva.

El jurado popular declara culpable a Javier R., el hombre que mató a su exmujer y a su exsuegra a puñaladas

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10/3/2022 06:47
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Actualizado: 10/3/2022 01:17
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El jurado popular declaró ayer por la tarde culpable de doble asesinato, con las agravantes de alevosía, ensañamiento y género, a Javier R., acusado de matar a puñaladas a su exmujer y a su exsuegra el 20 de abril de 2018 en el barrio Lakua-Arriaga de Vitoria, Álava.

La exmujer del acusado, María José, que tenía 43 años, recibió 33 cuchilladas y la madre de ésta, Florentina, de 69 años, un total de 38 puñaladas.

Según informaron letrados de las acusaciones a Europa Press, el tribunal popular de la Audiencia Provincial de Álava ha considerado que en este crimen se dan las agravantes de alevosía, ensañamiento y género en ambos asesinatos y el agravante de parentesco en el asesinato de María José.

En el caso de ésta última, se considera además un ensañamiento físico, que es psíquico en el caso de Florentina, su madre.

A la vista de esta decisión del jurado, que ha apreciado que el acusado no tenía afectadas sus facultades mentales, la Fiscalía se ha ratificado en su petición de 50 años (25 por cada asesinato), petición a la que se han sumado las acusaciones ejercidas por la familia y la asociación Clara Campoamor.

Ahora le corresponde a la presidenta del tribunal la elaboración de la sentencia y la imposición de la pena.

Los miembros del jurado consideran probado que el condenado atacó a las mujeres por sorpresa, éstas no tuvieron posibilidad de defenderse y que causó de manera consciente daño físico a María José y psíquico a Florentina.

El cuerpo de María José presentaba 33 heridas, algunas de ellas de defensa en brazos y manos, tanto para protegerse de la agresión como para evitarla.

Por ello, el forense que declaró en el juicio destacó que el ataque no fue por sorpresa, ya que le dio tiempo de darse cuenta del ataque.

HEMORRAGIA AGUDA

La víctima presentaba heridas en el cuello, tórax y abdomen y la causa inmediata de la muerte fue una de las heridas que llegó a la cavidad torácica, que le produjo una hemorragia aguda interna, un colapso pulmonar, aunque perdió mucha sangre con las heridas del cuello.

Por su parte, la madre y segunda víctima mortal presentaba 38 lesiones «incisas y punzantes», la mayoría en las extremidades superiores, en manos, brazos, tórax y cuello y en su cuerpo se apreciaban signos de defensa.

Una de las heridas del tórax, a pesar de ser pequeña, profundizó mucho y llegó al lóbulo superior pulmonar izquierdo, herida que indica que la víctima podría haber quedado tumbada o inclinada hacia atrás.

No obstante, la herida mortal fue la que recibió en el cuello, que le rompió el hueso de la laringe, lo que le provocó una insuficiencia respiratoria aguda, causa de la muerte.

Durante el juicio, los forenses afirmaron que Javier R. podría haber usado varios cuchillos en la agresión, ya que en el lugar la Ertzaintza encontró cinco armas blancas y el elevado número de heridas, más de 30 en cada uno de los casos, podría apuntar a que las atacó con dos cuchillos, uno en cada mano.

PERDÓN

En la última sesión del juicio celebrada este pasado martes en la Audiencia Provincial de Álava, Javier R. utilizó su derecho a la última palabra para pedir perdón.

«Me culpo, me arrepiento. Pido perdón a las familias, especialmente a mis hijos», declaró ante el jurado popular.

En su última intervención, la fiscal afirmó que las mató porque no quería permitir que su expareja fuera «libre e independiente», y creía «increíble» pensar –como alegaba la defensa– que solo presentaba trastorno psicológico en el momento del ataque, y que antes y después se encontraba «tranquilo».

«Mató porque quiso matar», afirmó Javier R.

La Fiscalía pidió para el acusado 50 años de cárcel (25 años por la muerte de cada una de las víctimas), –petición que ha mantenido–, como autor de dos delitos de asesinato con alevosía, con los agravantes de parentesco y razones de género.

Reclamó que se le quite la patria potestad sobre los dos hijos que tuvo con su exmujer y los indemnice a ellos, así como a los familiares directos de las víctimas con 1.220.000 euros.

Además, incluía la circunstancia de ensañamiento, ya que cree demostrado que el acusado decidió matarlas cuando estaban «desvalidas».

Por su parte, la acusación particular solicitaba 55 años de cárcel para Javier R. y la Asociación Clara Campoamor, personada como acusación popular, 60 años de prisión.

A la vista del veredicto del jurado, han cambiado su petición y se han sumado a la de la Fiscalía, de 25 años por cada muerte.

NO ACEPTABA LA SEPARACIÓN

Las declaraciones de los familiares más cercanos durante la vista oral indicaron que el acusado «no aceptaba la separación, manipuló a sus hijos para saber qué hacía su madre, luego llevó a cabo llamadas de atención como decir que quería suicidarse, y mostrar su disconformidad económica por el pago de la pensión que pasaba a sus hijos tras la separación porque la consideraba demasiado alta».

También la fiscal subrayó que las amigas de María José afirmaron que se sentía acosada y presionada, y que él no aceptaba que ella «quisiera ser libre»; al igual que los amigos del acusado que le recriminaron su «insistencia» hacia María José.

«El acusado no quería permitir que su expareja fuera libre e independiente», añadió.

Respecto a Florentina, defendió que también hubo motivos de género, ya que «la familia era matriarcal, ella era apoyo emocional y logístico para toda la familia, proveedora de cuidados». Tras recordar que al principio Florentina apoyó al acusado para que la familia siguiera casada, explicó que luego entendió los motivos de su hija para separarse y la apoyó, motivo por el que el acusado se enfadó.

Asimismo, manifestó que al encontrar a Florentina con su hija en el domicilio, «se tornó en un plan perfecto» porque «acababa con la matriarca, la que apoyaba a la familia».

ATAQUE SORPRESIVO

Tras subrayar que no hay duda de que las mató a ambas, defendió que lo hizo con alevosía tanto sorpresiva porque se presentó en el domicilio sin aviso, sin llamar, «preparado para matar» porque portaba cuchillo; como por desvalimiento, ya que el apuñalamiento final tuvo lugar cuando no podían defenderse.

La abogada de la acusación particular, por su parte, defendió la existencia de alevosía afirmando que «fue tal la brutalidad y explosividad del ataque, que ninguna de ellas pudo llamar a la policía» e indicó que hubo ensañamiento porque el acusado «agravó el sufrimiento de ambas», que estaban conscientes y vivas en el momento en el que asesta las heridas mortales y alternaba la agresión a una y otra, en un ejercicio de «sadismo gratuito e innecesario que llevó a cabo con el único motivo de incrementar su sufrimiento» para que «las dos mueran sabiendo que ha matado a una y otra».

La abogada indicó que María José se separó del acusado porque creía que era un lastre para su vida, «un lastre que la arrastró hasta la tumba».

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