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A Richi, in memoriam: Vuela, vuela alto

A Richi, in memoriam: Vuela, vuela alto
El magistrado Ricardo Rodríguez es el autor de este obituario de su hijo, Ricardo –en la foto–, fallecido la madrugada del 23 de mayo pasado. La misa funeral se celebrará hoy, a las 20 horas, en la Basílica Hispanoamericana, en la calle Edgar Neville, 23, de Madrid.
13/6/2022 06:48
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Actualizado: 12/6/2022 22:02
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Vuela, vuela alto. Ya te has ido. Tu corta vida, aquí, en la tierra no ha sido un camino de rosas. Sí, has tenido momentos muy, pero muy buenos…, y muchos de ellos los hemos disfrutado juntos.

No he podido ser más feliz. Hemos reído, hemos cantado, viajado. Siempre contentos, felices. Me acuerdo mucho de nuestros viajes, el último en Navidades, a Alicante… No parabas de hablar, de cantar, de ponerme canciones (horribles, por cierto…, je je je). Y de tu sonrisa. Tu gran sonrisa que todo lo inundada, llenaba.

Qué contento ibas, con que ilusión. Y qué bien lo pasamos. Hasta me bañé en el mar. Nadé hasta la punta del dique, en un agua hermosa, limpia, transparente, azul turquesa come me gusta, pero helada.

Pero ya no estás, te has ido. La sensación de vacío, de soledad, de tristeza, de pena es inenarrable, insufrible.

El desgarro interior que tengo es insoportable. Y me va a durar siempre, todos los días de mi vida, ahora vacía.

Sí, ya lo sé, el tiempo no cura pero ayuda a sobrellevarlo. O eso dicen y espero.

Es antinatural que un padre entierre a su hijo. Mi único hijo. 23 añitos. Estabas empezando a vivir. Y tu proyecto de vida se ha truncado, súbitamente.

Me llamaron para darme la noticia cuando estaba en Terrassa, de inspección. Media hora antes me habían llamado para decirme que, a mi hermano, tu tío, que tanto querías y con el que disfrutaste tantos y largos veranos en Coroso, la playa de Ribeira, le iban a cortar una pierna (gracias a Dios, por ahora la ha salvado y seguramente no la perderá, eso sí, con una larga recuperación).

Había sufrido un accidente, un atropello por una moto en un paso de cebra hacía pocos días. Después me llamaron para decirme que habías fallecido. Dios, ¡que dolor! ¿Por qué aprietas tanto?

NO PODÍA SUFRIR MÁS

No podía asimilarlo. No podía respirar, me faltaba el aire, gritaba, no me salían las palabras. Me ahogaba en lágrimas, en sollozos, en llanto. No podía sufrir más.

Todos recordamos a Michael Corleone, en el Padrino Tercera Parte, cuando una de las balas que iban dirigidas hacia él impacta en el pecho de su hija, Mary, y, tras un “papá” agonizante, se desmorona.

Lanza un grito mudo, porque ningún sonido es capaz de expresar tanto dolor; un alarido silencioso que nos deja a todos de piedra, que atenaza los músculos.

Recuerdo que esa escena me impactó. Y yo, en ese instante, en Terrassa, me sentía igual.

Era imposible expresar con sonidos, con llantos tanto, tantísimo dolor.

Mis compañeros de inspección la suspendieron; pidieron un taxi y fuimos al hotel. Me cambiaron el billete de tren. Me hicieron la maleta. Me acompañaron a la estación. Los mejores compañeros que he tenido nunca.

Y nunca les podré agradecer lo que hicieron por mí.

Eternamente agradecido.

Siempre he dicho que lo mejor del Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial eran los compañeros. El mejor equipo humano que he conocido a lo largo de mi ya larga trayectoria profesional.

A todos y cada uno de ellos mi más sincero agradecimiento. Eternos amigos para siempre. Todos y cada uno de ellos, sin excepción. Gracias a todos por estar ahí, por esa sonrisa diaria. Por preocuparos por mí. Por ayudarme tanto y tanto.

NO SABÍA QUE SE PODÍA LLORAR TANTO

Lloro, lloro mucho, no puedo más. A veces intento parar, pero soy una fuente, un río.

No sabía que se podía llorar tanto. Es bueno, o eso dicen.

Que vacíe todo lo que tengo dentro, que no me trague nada. Y no tengáis duda que lo hago y, quizás, en demasía, pero no lo puedo evitar. Ni quiero.

Hace un par de meses tenía una familia. Ahora estoy solo, completamente solo. Pienso en los que sufren por haber perdido a sus seres queridos en una guerra, en un atentado, en un accidente de coche.

¡Cómo te cambia la vida, en un segundo, en un instante, una simple llamada telefónica!

Qué dolor tan desgarrador.

Tengo muchos amigos. Amigos de verdad. Que te dan cariño, que están a tu lado, que nunca, nunca molestan, que no dicen nada, pero sabes que siempre que están ahí. Te cuidan, te miman, te acompañan.

Procuran que no esté solo, que esté entretenido y, a decir verdad, lo consiguen. La mayoría de las veces.

Lo insufrible es llegar a casa, una casa vacía. Salgo a la terraza y, a oscuras, fumo un pitillo tras otro. Me recreo en mis recuerdos, en mis sentimientos, en ti.

Y lloro y lloro.

Me desgarro por dentro.

Dicen que cuando te vas a morir lo sabes, te das cuenta y tu vida transcurre ante ti en segundos.

NUNCA ME PERDONARÉ NO HABER ESTADO CONTIGO

No lo pude comprobar. No estaba contigo, no te pude coger la mano.

Y nunca, nunca me lo perdonaré. Sí, sé que era imprevisible, desconocido, impredecible. Pero me hubiera gustado mucho, muchísimo. Daría mi vida por haber estado a tu lado en esos momentos. Cogerte la mano. Hacerte una caricia en tu linda carita. Mirarte a los ojos y darte un beso. Achucharte, como te gustaba. Y cerrarte los ojos.

Pero no estaba, ¡Dios!, ¡no estaba!.

Richi, corazón, vida mía, te quiero, te quiero mucho.

Sé que donde estés me estarás mirando, animándome, que siga adelante, que disfrute la vida, que viaje, que disfrute de los buenos amigos que tengo, que haga lo que no pude hacer los últimos años.

Pero me hubiera gustado mucho, Richi, mucho hacerlo contigo.

Coger el coche este verano, como habíamos planeado, e irnos sin rumbo por Europa.

La Costa Azul, Italia, Croacia y, mi ilusión, la cuna de nuestra civilización, Grecia. Y perdernos por sus maravillosas islas con ese azul tan puro, tan puro que parece que estás en el cielo.

Cielo donde, seguramente, estarás tú. Y seguro que me estarás diciendo que lo haga, que no deje de hacerlo. Por los dos.

Me has dejado solo, mi niño. Pero te prometo que lo haré por ti.

Vuela Richi, vuela alto.

Estoy desgarrado pero feliz, feliz porque ya no padecerás. Ya no sufrirás nunca.

Eres libre.

Me queda tu sonrisa, tu alegría, tu cariño, tu amor.

Siempre, siempre, siempre estarás en mi corazón.

Eres lo más bonito que me ha pasado en la vida.

Vuela, mi niño, vuela.

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